Reforma protestante

 

LA REFORMA ANGLICANA.

Raíces de la reforma - La ocasión de la reforma - La siguiente reforma bajo los Tudor (1534-1603) - Aparición de los puritanos - El desarrollo del separatismo - Bautistas ingleses - La reforma bajo los Estuardo - Compendio final.


El último de los grandes movimientos de reforma ocurrió en Inglaterra. Esta grande isla fuera de la costa de la Europa continental propiamente dicho, recibió el cristianismo en un período muy temprano, tal vez de labios de los soldados que habían sido encadenados al apóstol Pablo en Roma, y que, después de su conversión al cristianismo, habían sido estacionados en la isla. Los romanos habían invadido por primera vez las Islas Británicas el año 55 a. de J.C., bajo Julio César. Después del retiro de las tropas romanas en el siglo V por las invasiones tribales que amenazaban Roma, las islas fueron invadidas por los anglos, los sajones y los yutes. Siete estados principales se desarrollaron (la heptarquía), hasta que se unieron bajo Egberto en 827 en un solo reino, tierra de anglos o Inglaterra.

Mientras tanto, la Iglesia Católica Romana había enviado a Agustín el monje como misionero en 596 a. de J.C., y por 664 el cristianismo de tipo. romano se había hecho dominante. Después de un período de lucha en la que rigieron reyes ingleses y daneses intermitentemente, la isla fue invadida en 1066 por Guillermo I de Normandía, quien obtuvo el reinado al derrotar al rey Haroldo en la batalla de Hastings. Guillermo estableció la norma de actitud que Inglaterra tendría en lo general hacia la supremacía papal. En una carta al papa Gregorio VII se negó a rendir lealtad al papa, aunque consintió en enviar donativos financieros. Cuidadosamente, él limitó la influencia de Roma sobre la iglesia inglesa, casi al punto de negar la autoridad eclesiástica del papa. Entre Guillermo (m. 1087) y Enrique VII (m. 1509), los reyes ingleses obedecieron y desafiaron a los papas alternadamente. Durante la Guerra de los Cien Años, cuando los papas estaban viviendo en Francia y bajo la influencia del enemigo de Inglaterra, el rey Eduardo III y el parlamento aprobaron los estatutos de “provisores” y “paremunire” en 1351 y 1353, respectivamente, limitando la influencia papal en Inglaterra. En el mismo siglo Juan Wycliffe y sus lolardos se opusieron activamente al papado romano. En 1450 estalló la Guerra de las Rosas, una guerra civil entre los nobles para determinar quién sería sucesor del trono. El vencedor en 1485 fue Enrique Tudor, quien obtuvo considerable poder real por causa de los fuertes nobles que habían sido matados en la guerra civil y por haberse casado con la heredera de la Casa de York, su principal rival. El se convirtió en Enrique VII y en cabeza de la línea inglesa que dio dirección a la reforma en esa tierra.


RAICES DE LA REFORMA.

La reforma en Inglaterra no fue causada por el divorcio de Enrique VIII como algunos sugieren. Eso proporcionó la ocasión, pero como ya se mencionó en el párrafo anterior, por siglos Inglaterra había tirado de las cuerdas que la ataban a la silla papal. El principio de la reforma en Inglaterra no puede describirse como proveniente de la convicción doctrinal. El fermento de las enseñanzas de Wycliffe y los lolardos y los ataques indirectos de los humanistas a Roma, ayudaron a la preparación de la gente para un catolicismo no romano. El fuerte espíritu nacionalista que envolvía a Inglaterra desarrolló una parte importante para impedir la fuerte oposición a los cambios eclesiásticos que Enrique VIII introdujo.


LA OCASION DE LA REFORMA.

El principal impulsor de la revuelta inglesa contra el control papal fue el mismo soberano, Enrique VIII. A pesar de la inclinación tardía a cambiar de esposas, hubo otros factores, además de los coquetos ojos de Ana Bolena, que lo impulsaron a un rompimiento con la silla papal. El problema empezó cuando el padre de Enrique arregló el matrimonio entre Arturo (el hermano mayor de Enrique VIII) y Catalina, la hija menor de Fernando e Isabel de España. Tal unión fortalecería el dominio de la línea Tudor sobre el trono inglés, y se pensaba que era necesaria. La boda se efectuó el 14 de noviembre de 1501, pero Arturo murió el 2 de abril de 1502. Puesto que todavía se deseaba una unión entre las dos naciones, se arregló que el joven Enrique se casara con Catalina. El papa Julio II, bajo presión de Inglaterra y España, concedió una dispensa con serias dudas, y la boda se celebró el 11 de junio de 1509. Debe decirse que la misma Catalina declaró posteriormente en solemne juramento que ella de hecho nunca había sido la esposa de Arturo.

Aparentemente Enrique VIII nunca se apartó del sentimiento de que el matrimonio era un pecado, puesto que la ley canónica prohibía a uno casarse con la viuda de su hermano. El único vástago que sobrevivió al matrimonio fue María, nacida en 1516; cuatro niños antes del nacimiento de ella, y varios después, o nacieron muertos o murieron en la primera infancia. Esto significaba que Enrique no tenía heredero varón. Puesto que la línea Tudor acababa de ganar el trono y puesto que Inglaterra podría resentirse con una soberana, se temía que la ausencia de un heredero varón trajera una revolución. Enrique decidió hacer que el papa declarara nulo el matrimonio con Catalina, para así permitirle otro matrimonio, en un esfuerzo por conseguir un heredero varón. El papa posponía complacer a Enrique, dado que el sobrino de Catalina era el Emperador Carlos V de España, que se negaba a permitir que el papa hiciera tal cosa. Cuando en 1529 el representante papal dio clara evidencia de la negativa papal, Enrique propuso deliberadamente separar a Inglaterra del gobierno eclesiástico romano. Mediante falsa acusación y coerción, Enrique consiguió la legislación .del Parlamento en 1534, que separaba a Inglaterra del gobierno papal y declaraba a Enrique la cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra. Mientras tanto, en enero de 1533, Enrique se había casado con Ana Bolena, y tan pronto como Tomás Cranmer fue consagrado como arzobispo de Canterbury, el matrimonio con Catalina fue declarado nulo.

Además de Ana Bolena, entre 1533 y su muerte en 1547, Enrique se casó con Jane Seymour (1536), Ana de Cleves (1540), Catalina Howard (1540), y Catalina Parr (1543). Los principales sucesos durante los últimos años de la reforma de Enrique fueron: la confiscación de la propiedad monástica; la publicación de la Biblia de Tyndale, y después, mediante la influencia de Tomas Cranmer y Tomás Cromwell, la amplia circulación de una traducción inglesa de la Biblia basada en las obras de Tyndale y Miles Coverdale; la preparación de Diez Artículos por Enrique que tenían el propósito de apartar a la gente de las supersticiones romanas; y la publicación de Seis Artículos, que identificaban la Iglesia de Inglaterra como enteramente Católica Romana en doctrina, aunque en todas las cosas (excepto la ordenación) bajo la dirección del soberano de Inglaterra. Tal era la condición de la reforma cuando Enrique murió el 28 de enero de 1547.


LA SIGUIENTE REFORMA BAJO LOS TUDOR (1534-1603).

Debe recordarse que Enrique VII empezó la línea Tudor en Inglaterra. Los hijos de su hijo (Enrique VIII) completaron esa línea. Ellos fueron Eduardo VI (el hijo de Enrique con Jane Seymour), que reinó de 1547 a 1553; María Tudor (hija de Enrique con Catalina), que reinó de 1553 a 1558; e Isabel (hija de Enrique con Ana Bolena), que reinó desde 1558 hasta 1603. El principio de la reforma bajo Enrique VIII ya se ha bosquejado antes.

La Reforma Bajo Eduardo VI (1547-53).—
Enrique VIII aparentemente preveía más reforma eclesiástica, porque el Concilio de Regencia que había provisto con su testamento para el rey Eduardo VI de nueve años, estaba compuesto de hombres conocidos por sus conceptos reformadores. El nuevo Duque de Somerset fue hecho Lord Protector y se inclinó cautelosamente hacia una reforma continua. El clero estaba instruido para predicar contra las usurpaciones de los obispos romanos, y la revisión mostraba una deplorable ignorancia religiosa entre el clero establecido, que hacía imposible que pudieran cumplir con un efectivo ministerio de predicación. Los Seis Artículos de Enrique VIII fueron revocados, junto con la mayoría de las otras leyes heréticas. Se permitió el matrimonio de los clérigos, y se aseguró el gobierno real sobre la iglesia en Inglaterra. En 1549 se preparó e hizo circular el primer libro de oraciones del Rey Eduardo VI, junto con una Acta de Uniformidad que prescribía su uso, que reflejaban la doctrina y el ritual católico romano. Después de la substitución de Somerset por el Duque de Northumberland (aunque sin el título oficial de Protector), se hizo una revisión del libro de oraciones (1552) que reflejaba el pensamiento protestante. El siguiente mes se preparó un credo conocido como los Cuarenta y Dos Artículos, que era todavía más protestante que el libro de oraciones. El 6 de julio de 1553 murió Eduardo, y a pesar de las maquinaciones de Northumberland, María, la hija mayor de Enrique VIII lo sucedió en el trono como reina de Inglaterra.

Reforma Bajo María (1553-58).—
María subió al trono determinada a tomar venganza sobre los que habían declarado nulo el matrimonio de su madre con Enrique, —hacer volver a Inglaterra al seno de la Iglesia Católica Romana—, y a descargar el juicio de Dios sobre los herejes que amaban a Inglaterra más que a Roma. En 1553 el cardenal Pole fue enviado por el papa como delegado ante Inglaterra, y bajo su dirección todo vestigio de reforma eclesiástica puesta en movimiento por Enrique VIII y Eduardo VI fue borrado de los libros de derecho. El 30 de noviembre de 1554 Inglaterra fue restaurada a la Iglesia Católica Romana. El sufrimiento y la muerte ya habían empezado. Pocos meses después los obispos Ridley y Latimer fueron quemados por herejes, y muy poco después el Arzobispo Tomás Cranmer sufrió la misma suerte. Los historiadores opinan que la quema de esos tres dirigentes, junto con aproximadamente otros trescientos durante los cinco años de reinado de María, hicieron de Inglaterra una nación protestante. En julio de 1554, María se casó con Felipe II de España, que pronto sería rey de España, pero ella murió sin heredero.

Reforma Bajo Isabel (1558-1603).—
Isabel, hija de Enrique con Ana Bolena, fue la última de la línea Tudor. Es de sorprender que hubiera vivido hasta conseguir el trono. La razón para compadecerse de ella fue puramente política. Felipe de España reconocía que si algo le pasaba a Isabel, entonces María, reina de los escoceses, y esposa de Francisco II de Francia, sería la sucesora de la corona inglesa. Esto hubiera significado que Inglaterra, Escocia y Francia se hubieran unido bajo una corona, una preponderancia de poder continental que Felipe temía mucho. Su padre, el emperador, pensaba que Isabel sería asesinada a pesar de la posible sucesión, y demasiado tarde para llevarlo a cabo, Felipe llegó a la misma conclusión. Era una conclusión inevitable que Isabel sería antiromana, puesto que el papa había declarado que su madre no era legítimamente la esposa de Enrique VIII. Ella había sido educada bajo el obispo Hooper, que era fuertemente calvinista en sus ideas doctrinales.

Isabel se movió lentamente al principio, pero en 1559, con considerable oposición, el Parlamento aprobó la legislación que reconocía a Isabel como suprema gobernadora de la iglesia, y aun con mayor poder eclesiástico que el que su padre había conocido. Ella obró cuidadosamente para acabar de demoler toda la estructura que en favor de Roma, María había erigido. En 1559, mediante un Acta de Uniformidad, Isabel ordenó nuevamente el uso del segundo libro de oraciones de Eduardo VI, con unas pocas enmiendas.

Menos de doscientos de los novecientos clérigos católicos romanos se negaron a dar su voto de fidelidad a Isabel, pero todos los obispos de María estaban incluidos en la minoría. El cardenal Pole habla muerto muy poco después de María, así que para tener una sucesión que no fuese romana, Isabel consiguió cuatro obispos que habían sido consagrados bajo Enrique VIII y Eduardo VI, para que impusieran las manos sobre Mateo Parker y lo consagraran como Arzobispo de Canterbury. La iglesia de Inglaterra argumenta que la continuación de la sucesión fue válida bajo la ley eclesiástica, mientras que el papa ha decidido oficialmente que esta sucesión es nula. En 1563 los Cuarenta y Dos Artículos de Eduardo fueron revisados y publicados como los Treinta y Nueve Artículos (aunque los veintinueve artículos fueron suprimidos hasta 1571 por razones políticas), y estos artículos se han convertido en la declaración doctrinal oficial. Muestran tendencia al calvinismo.

En 1570 Isabel fue excomulgada y depuesta por la Iglesia Romana, que declaró su reino una meta adecuada para cruzadas de los fieles. En 1587, María, reina de los escoceses, fue ejecutada por una pretendida complicidad en una conspiración para derrocar a Isabel. Como resultado de estos sucesos, Felipe II, ahora soberano de España, reunió una flota de barcos, y el 12 de julio de 1588 la Armada Española se hizo a la mar para capturar Inglaterra. Fue derrotada por la superioridad de los marinos y el equipo de la marina inglesa, aunque las tormentas ayudaron después a destruir muchos de los barcos invasores.

A la muerte de Isabel en 1603, Inglaterra tenía un fuerte gobierno protestante. Esto no significaba, sin embargo, que se permitía la disensión, porque la disensión religiosa no era diferente de la rebelión civil en un ambiente en que la iglesia y el estado estaban unidos en un solo soberano.


APARICION DE LOS PURITANOS.

Por el rápido oscilar de las ideas religiosas reales, no es de sorprender que el pueblo no cambiara rápidamente sus convicciones religiosas para concordar. Esto era particularmente cierto en el caso de los que habían estado expuestos a los movimientos continentales de reforma, donde las convicciones eran mucho más profundas e influyentes que en la isla de Inglaterra.

Ya para 1550 los obispos Hooper y Ridley (ambos quemados después por María Tudor) revelaron su repugnancia por las supersticiones papales y las prácticas no escriturarias. La dirección inversa de las demandas religiosas reales bajo el gobierno católico de María Tudor (1553-58) hizo huir a veintenas de dirigentes protestantes en busca de seguridad al continente. Muchos de ellos entraron en contacto con el sistema de Calvino en Suiza. Por esta doctrina se convencieron de que la adoración debe contener sólo esos elementos que fueron distintivamente enunciados en las Escrituras. Tal principio socavaba las numerosas prácticas católicas romanas que descansaban sencillamente en la tradición, y en muchos casos hacía caso omiso de las cosas que los luteranos habían retenido, porque Lutero había decidido seguir con las prácticas y galas tradicionales en la adoración a menos que fueran prohibidas expresamente en las Escrituras. Así, cuando un soberano protestante subió al trono inglés en 1558, muchos de los exiliados regresaron a su propio país para favorecer un protestantismo más radical que la medianera reforma inglesa.

Ellos demandaban la eliminación de los elementos papales en el culto, tales como la adoración de la hostia, al arrodillarse en la Cena, la retención del sacerdote en vez del ministro, y otras de las adherencias que la tradición había añadido a las enseñanzas escriturarias. Para 1564 estos reformadores eran conocidos como Puritanos en el vocabulario popular, por su deseo de purificar la reforma inglesa. Fueron alentados por varios de los arzobispos de Canterbury, que eran puritanos de hecho, aunque no de nombre. Uno de los maestros de Cambridge, Tomás Cartwright, habló sin ambages declarando que el sistema de Calvino era de origen y autoridad divinos, y aunque fue echado de su puesto por el arzobispo Whitgift, fue muy influyente después por el año 1572, al convertir a los hombres a los conceptos puritanos y al unirlos en esta norma.

Desde este tiempo hasta que muchos de ellos se unieron en el movimiento wesleyano del siglo XVIII, los puritanos tuvieron una parte muy importante en la vida religiosa inglesa. Ellos, junto con los separatistas y los bautistas, son introducidos aquí porque se hará referencia a ellos en el predominio del primer rey Estuardo, que empezó en 1603.


EL DESARROLLO DEL SEPARATISMO.

Era inevitable que algunos no estuvieran satisfechos con los esfuerzos por sencillamente purificar la iglesia establecida. Al otro lado del canal, en el Continente, los luteranos se habían separado de la Iglesia Romana, y por el tratado de Augsburgo de 1555, había sido reconocida oficialmente su separación. Los radicales, los zwinglianos, los calvinistas, y muchos otros en el continente, habían rechazado las pretensiones de autoridad de la Iglesia Romana, y habían apelado a las Escrituras como su única guía. Ya las Escrituras estaban disponibles en el idioma inglés. En 1525-26 Guillermo Tyndale, desde su exilio en el Continente, había hecho una traducción inglesa del Nuevo Testamento y la había metido de contrabando a Inglaterra. Apresado y matado en 1535 por la Iglesia Católica Romana por causa de su traducción, sus últimas palabras fueron de oración a Dios para que abriera los ojos del rey de Inglaterra.

La oración fue contestada el siguiente año. Enrique ya había roto con la Iglesia Romana y permitido a Miles Coverdale que tradujera toda la Biblia al idioma inglés. La Biblia de Matthew fue publicada en 1537 y la Gran Biblia en 1539. Propiamente, estas últimas tres traducciones inglesas casi reprodujeron la de Tyndale. Tal vez Dios había abierto los ojos del rey para que permitiera la amplia circulación. La lectura de las Escrituras en la lengua inglesa por el pueblo común sembró la semilla de lo que llegó a ser la segunda reforma de Inglaterra.

Ya para 1567, después que el Arzobispo Mateo Parker había demandado conformidad a los símbolos de la iglesia establecida en Inglaterra, las autoridades apresaron a un grupo de separatistas de Londres bajo la dirección de Ricardo Fitz. Eran de tipo congregacional, aunque es difícil estimar cuánto había progresado su organización. Por 1580 un franco ministro puritano, Roberto Browne, adoptó los principios separatistas y con Roberto Harrison fundó una iglesia independiente en Norwich, el siguiente año. Browne huyó de la persecución a los Países Bajos y publicó tres tratados que han permanecido como una exposición de los conceptos básicos de los congregacionalistas, aunque Browne regresó a la iglesia establecida. En 1587 Enrique Barrowe y Juan Greenwood fueron aprisionados por separatismo, y por sus tratados Francisco Johnson, puritano y enemigo del separatismo, fue ganado para sus principios. En 1592 Johnson se convirtió en pastor de una iglesia congregacional organizada en Londres, pero el siguiente año, por causa de la creciente persecución que hizo morir a Barrowe y Greenwood, Johnson fue oblígadc a huir a Amsterdam, donde fue pastor de una congregación.

Pronto vino a Amsterdam una segunda iglesia separatista. Un grupo de separatistas de Gainsborough, Inglaterra, entre cuyos dirigentes estaban Tomás Helwys y Juan Murton y después Juan Smyth, huyeron a Amsterdam por el año 1607 y formaron otra iglesia independiente en esa ciudad. Fuera de este grupo surgió un nuevo tipo de biblicismo, que será discutido poco después bajo el encabezado de Bautistas Ingleses. Una tercera congregación independiente que huyó de Inglaterra por 1607 se estableció en Leyden, después de detenerse primero en Amsterdam. Este grupo había venido de Scrooby Manor, no lejos de Gainsborough, y era guiado por hombres con nombres tan familiares como Guillermo Bradford, Guillermo Brewster y Juan Robinson. De ellos salieron los peregrinos que emigraron a Nueva Inglaterra en 1620.


BAUTISTAS INGLESES.

El pastor de la segunda iglesia separatista de Amsterdam fue Juan Smyth, que había sido discípulo de Francisco Johnson, pastor de la primera iglesia separatista de la misma ciudad. Smyth había sido criado en la Iglesia de Inglaterra bajo Isabel, y en 1600 había sido nombrado predicador en la ciudad de Lincoln. Después dé un serio estudio de las Escrituras decidió en 1606 dejar la iglesia establecida y unirse a los separatistas.

Era una ocasión peligrosa para decidir eso. Jaime I había determinado echar de la tierra a los inconformes. Smyth se unió al grupo de Gainsborough y con ellos huyó a Amsterdam por 1607. Aquí Smyth llegó a la convicción de que las Escrituras debían ser la única guía de fe y práctica y que las Escrituras demandaban el bautismo solamente de los creyentes. Esto, por supuesto, iba más lejos de lo que la otra iglesia independiente de Amsterdam creía, y contribuyó a producir una separación entre las dos iglesias. Por 1609 Smyth se bautizó a sí mismo (por aspersión) y a otros treinta y seis, y formó la primera iglesia inglesa en sostener el bautismo de los creyentes. Smyth y unos cuantos seguidores parecen haber dudado pronto de su autoridad para bautizar, así que solicitaron admisión a la iglesia menonita cercana. Smyth murió antes de ser admitido a su comunión, pero finalmente algunos fueron recibidos.

Por otra parte, Tomás Helwys y Juan Murton, con la minoría, regresaron a Inglaterra para formar la Primera Iglesia Bautista en suelo inglés, por 1611-12. Aquí Helwys publicó su famoso alegato por la libertad de conciencia en un pequeño libro, Una Breve Declaración del Misterio de la Iniquidad. El dirigió la dedicatoria al rey Jaime I, declarando osadamente que el rey era un hombre, no Dios, y que aunque sus súbditos le debían fidelidad política, cada hombre era responsable sólo ante Dios en cosas espirituales. Helwys fue hecho prisionero en Newgate, y probablemente murió allí. Murton llegó a ser pastor y dirigente de esta primera iglesia bautista. Para el tiempo de la muerte de Jaime I en 1625, había seis o siete de estas iglesias bautistas primitivas, y al final del período (1648) como cincuenta iglesias con tal vez de diez a quince mil miembros. Por la influencia de su ambiente en Holanda ellos sostuvieron lo que se conoce como “expiación general”, es decir, la doctrina de que Cristo murió por todos los hombres, no en particular por unos cuantos. Por esta razón han sido conocidos como Bautistas Generales. Al principio eran llamados anabautistas por su rechazamiento del bautismo infantil, pero ellos rechazaron el nombre. Fue el primer grupo inglés en defender la completa libertad religiosa. Después de 1644 fueron llamados bautistas.

Los calvinistas ingleses o bautistas particulares generalmente tienen la fecha de 1638. En 1616 Enrique Jacob organizó en Londres una iglesia separatista o independiente. Varios cismas surgieron bajo los pastores siguientes. En 1638 un grupo se separó por su convicción de que sólo los creyentes deberían ser bautizados. Con otros, estos formaron en 1638 la primera Iglesia Bautista Calvinista de Inglaterra, bajo la dirección pastoral de Juan Spilsbury. Después fueron llamados Bautistas Particulares por su creencia en una expiación limitada—Cristo murió sólo por los elegidos. Al final del período había más de siete Iglesias Bautistas Particulares en Inglaterra. Algunos de sus dirigentes sobresalientes fueron Guillermo Kiffin, Hanserd Knollys y Juan Bunyan.


LA REFORMA BAJO LOS ESTUARDO.

Jaime I (1603-25).— Isabel reinó por mucho tiempo, pero era evidente a su muerte en 1603 que no había vivido lo suficiente para estabilizar el establecimiento religioso que ella había provisto para Inglaterra. La sucesión para la corona de Inglaterra pasó al rey Jaime I de Escocia, tataranieto de Enrique VII de Inglaterra. Tanto los levantiscos católicos romanos como los vocingleros puritanos se animaron ante la perspectiva de la sucesión de un rey escocés como Jaime I de Inglaterra. El era hijo de María, reina de los escoceses, y había mostrado su rencor hacia el presbiterianismo dominante de su tierra nativa. Puesto que se había casado con una católica romana, y dado que su madre había sido ejecutada por Isabel, los católicos razonaban que la causa de ellos estaría muy cerca del corazón del nuevo rey. Los puritanos, por su parte, pensaban que la experiencia de Jaime con los presbiterianos escoceses lo había condicionado en favor de ellos en el nuevo reino. Mientras tanto, los dirigentes de la Iglesia de Inglaterra pensaban que el carácter sumiso de su iglesia a la supremacía real los recomendaría ante el nuevo rey. La Iglesia de Inglaterra ganó la lucha. Los otros contendientes por el favor real fueron menospreciados.

Dos conspiraciones contra la vida del rey fueron atribuidas a los católicos romanos y trajeron como consecuencia una demanda para que los papistas se sometieran. Los puritanos se enfrentaron en 1603 con Jaime, con una petición de purificar el cristianismo inglés de las supersticiones papistas (con la adopción de las doctrinas calvinistas), pero Jaime se negó ásperamente. El siguiente año en la Conferencia de Hampton Court, Jaime rechazó otra vez el calvinismo, pero sí accedió a la petición de adiciones al catecismo y a la revisión de la Biblia inglesa. Del último permiso surgió en 1611 la famosa versión del rey Jaime de la Biblia inglesa. Por 1604 el rey había rechazado todas las peticiones puritanas y había adoptado la política de hostigarlos constantemente. Un ejemplo se ve en la Declaración de Deportes de 1618. Jaime sabía que los puritanos eran muy cuidadosos para guardar el domingo como el día santo de Dios. Como una medida represiva, él ordenó que todos los clérigos anunciaran desde el púlpito el programa de deportes para entretenimiento del pueblo en domingo. Esta fue una severa prueba para cualquier puritano de conciencia.

Carlos I (1625-49).—
A la muerte de Jaime en 1625, lo sucedió en el trono su hijo Carlos, inferior a su padre en capacidad y diplomacia. El era sospechoso a los protestantes cuando fue instalado, puesto que su madre era católica romana y él se había casado con una princesa católica romana. El trató de continuar la política de su padre, pero el resentimiento acumulado durante el reinado de su padre, que recayó sobre él, fue ominoso. La situación no fue suavizada con las tácticas persecutorias del arzobispo Guillermo Laud, que mediante espías, la Cámara Estrella, y la Corte de Alta Comisión, consiguió suprimir toda disensión. La Declaración de Deportes fue otra vez obligada.

Porque resentía sus tácticas rigurosas, Carlos despidió el Parlamento en 1629 y gobernó sin su ayuda hasta 1640. El convocaba a sesiones entonces, sólo por una crisis que él no podía manejar sin la cooperación del mismo pueblo.

La crisis se extendió a Escocia. Los escoceses resintieron la interferencia real con su presbiterianismo. Desde 1603 (cuando Jaime se convirtió en soberano de ambos países) la Iglesia de Inglaterra y la corona habían deseado extender el establecimiento del episcopado a Escocia. Mediante astuta diplomacia, Jaime había podido hacer considerables progresos en esa dirección. En 1637, sin embargo, el arzobispo Laud intentó forzar en Escocia una réplica del establecimiento inglés, incluyendo una revisión drástica de la liturgia. La oposición fue inmediata. La lucha de los escoceses por mantener el presbiterianismo contra la política real se convirtió en rebelión, pero el rey tenía suficiente dinero y hombres para hacer la guerra contra los escoceses. Así, en abril de 1640, Carlos fue obligado a convocar al parlamento para sesionar. Sin embargo, estos hombres ingleses no estaban en disposición de consentir ante la ostentación real de la ley y la equidad inglesas. Cuando el Parlamento demandó reformas religiosas y políticas, Carlos disolvió el cuerpo. Sólo se había reunido por tres semanas, y es conocido como el Parlamento Breve. Entonces Carlos indispuso completamente a su pueblo sosteniendo ilegalmente la asamblea (la asamblea de la dirección de clérigos) después de la disolución del Parlamento. Bajo la dirección del arzobispo Laud se adoptó un número de cánones, que declaraban que el rey tenía poder ilimitado sobre las personas y posesiones de sus súbditos por derecho divino, sin relación a su consentimiento. A los clérigos se les ordenó firmar el juramento de no cambiar el gobierno de la Iglesia Inglesa, y al describir su sumisión el canon terminaba una lista de privilegios de sesión con la palabra “etcétera” (y otros más), que podía ser interpretada casi en cualquier sentido. Esta legislación produjo tales sentimientos que Carlos la suspendió. Mostraba al pueblo lo que podía esperar de su rey.

Mientras tanto, los escoceses habían invadido Inglaterra, y Carlos no había tenido otra alternativa que convocar al Parlamento para conseguir fondos y hombres. En noviembre de 1640 se reunió el Parlamento y rápidamente evidenció que el puritanismo estaba en mayoría. Se empezaron reformas políticas y religiosas. Cuando en enero de 1642 Carlos intentó apresar a varios miembros de la Casa de los Comunes, estalló una guerra civil entre el rey y el Parlamento. Algunas alteraciones drásticas tuvieron lugar. Las formas litúrgicas y episcopales (libro de oraciones) fueron abolidas, y una asamblea (La Asamblea de Westminster), compuesta principalmente de puritanos, fue convocada para aconsejar al Parlamento sobre el credo y gobierno de la nueva Iglesia Inglesa. El Parlamento necesitaba mucha ayuda escocesa en su lucha con Carlos y consintió en trabajar por la uniformidad en doctrina y organización eclesiástica en Inglaterra, Escocia e Irlanda, y oponerse al episcopado. La Asamblea de Westminster, primordialmente puritana, recomendó un tipo presbiteriano de gobierno eclesiástico, que fue establecido en 1646 y que proveyó una liturgia presbiteriana para el culto público en vez del libro de oración. La famosa Confesión de Westminster fue adoptada por Escocia en 1647 y por Inglaterra en 1648.

Mientras tanto, los ejércitos del Parlamento estaban ganando substanciales victorias, haciendo prominente a un nuevo dirigente, Oliverio Cromwell. El nuevo establecimiento presbiteriano y la intolerancia, no fueron más atractivos para Cromwell que la intolerancia episcopal. Cromwell y la mayoría de sus dirigentes eran independientes y no favorecían un gobierno intolerante, fuera presbiteriano o episcopal. En diciembre de 1648. insatisfecho con el Parlamento presbiteriano, el ejército purgó al Parlamento de los miembros que se negaban a cumplir con los deseos del ejército. El rey Carlos, mientras tanto, había sido derrotado en el campo y se había rendido a los escoceses. Sin embargo, él los convenció de que si tomaban su lado, él a su vez favorecería el presbiterianismo en Inglaterra. Los dirigentes escoceses, notando que el ejército de Cromwell estaba opuesto al Parlamento presbiteriano, y con el temor de que Cromwell aboliera las reformas presbiterianas que se habían hecho, consintieron en apoyar a Carlos.

Sin embargo, en agosto de 1648 el ejército escocés, esforzándose por invadir Inglaterra, fue derrotado ruidosamente por Cromwell. Después de la purga del Parlamento, bajo la influencia del ejército, Carlos fue juzgado por traición y decapitado. El período se cierra con la derrota temporal del poder real en Inglaterra; con las reformas de los Tudor, con la obra de los primeros Estuardos, y con la revolución presbiteriana arrollada por el poder militar de Oliverio Cromwell y su ejército de independientes, y con considerable incertidumbre en cuanto al éxito de la lucha eclesiástica y política de la vida de Inglaterra.


COMPENDIO FINAL.

La ocasión de las reformas inglesas fue el capricho de Enrique VIII (1509-47), pero las causas fueron mucho más profundas. En 1534 se estableció la Iglesia de Inglaterra, que mantuvo la doctrina católica romana en muchos aspectos, aunque negando la supremacía del papa. Los regentes de Eduardo VI se inclinaron a la doctrina protestante, pero María hizo volver a la iglesia inglesa al seno de Roma en 1554. Cinco años después Isabel la arrancó permanentemente. Jaime VI de Escocia se convirtió en Jaime I de Inglaterra (1603-25) e instituyó la línea de Estuardos. Su hijo Carlos I (1625-49), fue decapitado por traición al final del período. La década anterior a su muerte fue tormentosa. Tuvo lugar una guerra civil. El episcopado y el presbiterianismo fueron quitados sucesivamente, y aparecieron veintenas de tratados que abogaban por la libertad religiosa y la tolerancia de la disensión. Oliverio Cromwell y el ejército tomaron el control del. gobierno al final del período.


Compendio de la Historia Cristiana
Robert A. Baker