Reforma protestante

 

CLAMOR POR UNA REFORMA.



Italia - El imperio - Francia - Inglaterra - Bohemia - Los países bajos (Netherlands) - Misticismo - Clamores populares de reforma - Compendio final.


La extensa “cautividad babilónica” de la iglesia y el desastroso cisma papal de cerca de cuarenta años simbolizó dramáticamente la necesidad de una reforma papal. Muchos reconocían que estos trágicos eventos eran síntomas del problema, no su causa. Ciertamente los abusos económicos, políticos y morales del papado no aliviaron la situación, pero el problema básico no era el abuso del sistema sino el sistema mismo. El clamor por una reforma no se refería sencillamente al problema inmediato, sino desafiaba las ideas defendidas por los papas por siglos. Algunas peticiones de reforma tenían una base distintivamente bíblica. Los dogmas doctrinales y eclesiásticos edificados por la Iglesia Romana en un largo período, fueron comparados con las Escrituras y criticados desde ese punto de vista. Los motivos patrióticos empujaban a algunos a demandar una reforma.

El naciente nacionalismo del último período medieval produjo conflictos de lealtad en los corazones de los hombres de todas partes. No pocas de las protestas contra el dominio romano surgieron del resentimiento contra el control francés del papado durante la “cautividad babilónica”. Las miserables condiciones económicas y sociales, y los turcos asentados en la frontera misma del imperio en los Balcanes, llevaba a muchos a pensar que Dios estaba castigando al mundo por causa de las fechorías del papado. Finalmente, los hombres espirituales de todos los países estaban sinceramente apesadumbrados al ver el bajo nivel al que había llegado el cristianismo. El misticismo y la disensión aumentaban conforme los hombres procuraban encontrar comunión con Dios fuera del sistema eclesiástico prevaleciente.

Uno de los grandes antecedentes de la reforma fue el movimiento conocido como el Renacimiento. La palpitación de la nueva vida intelectual y el descubrimiento de nuevos mundos prepararon profundamente el camino para la Reforma. El movimiento resultante conocido como “humanismo” produjo el nuevo enfoque de los ojos de los hombres, y su nueva visión percibió muchas de las supersticiones que caracterizaban el sistema católico romano medieval. Algunos escritores han empequeñecido el panorama del Renacimiento, insistiendo en que la cultura occidental no requería renacer. Sin embargo, el mismo sistema teológico de la Iglesia Católica Romana fue en parte responsable de la lenta recuperación de las invasiones bárbaras y de las Edades Obscuras que siguieron. Puesto que la teología medieval descansaba en la vasta maraña de proposiciones establecidas mediante el uso del razonamiento deductivo, se sigue que las fuentes de la doctrina católica romana eran completamente terminantes y tradicionales. Había muy poca molienda nueva para el molino, pero una constante remolienda de lo viejo. Por esta razón, la verdad y el progreso eran realmente estorbadas por los sistemas escolásticos de la teología católica romana. Sin embargo, el Renacimiento vino.

Los eruditos árabes que siguieron la invasión mahometana de España en el siglo VIII ayudaron a atisbar las puertas del conocimiento en el occidente. La cultura clásica y el estudio de la antigüedad se puso de moda. Las Cruzadas contribuyeron a introducir un nuevo mundo. La caída de Constantinopla (1453) le dio impulso al movimiento cuando los eruditos griegos huyeron al occidente en busca de refugio. La suma de otros factores —la nostalgia italiana por la antigua gloria de Roma, la aparición de genios en las formas artísticas y literarias, el desarrollo económico, los descubrimientos geográficos, las invenciones revolucionarias— produjeron lo que ha sido llamado “el Renacimiento” (Renaissance) de Occidente. Este despertar alcanzó al cristianismo en muchos puntos. El movimiento conocido como “humanismo”, que se discutirá en las siguientes páginas, se extendió directamente de estos elementos. El humanismo fue muy influyente en la preparación del camino para la Reforma.

La excelencia de las antiguas formas literarias produjo desdén para los escritos escolásticos. La renovación del interés en los antepasados también produjo el estudio de los textos griegos y hebreos resarciendo las Escrituras Cristianas, así como la lectura cuidadosa de los antiguos escritos cristianos. Los ojos de los hombres, tanto tiempo enfocados en los cielos, empezaron a volverse hacia el mundo circundante y bajo ellos. Los mismos fundamentos de la autoridad católica romana fueron socavados por las nuevas formas de pensamiento. Los siglos inmediatamente anteriores al dieciséis retumbaron con las peticiones de una reforma. Tal vez el mejor cuadro de este clamor de reforma puede conseguirse discutiéndolo desde el punto de vista geográfico.


ITALIA.

Las más fuertes protestas de Italia contra el sistema papal se basaban en la renovación intelectual y en el humanismo resultante. Humanismo era el nombre arbitrariamente dado a la renovación clásica y literaria que empezó en Italia alrededor del siglo XIV. Era en gran manera patriótica tanto como cultural. Se esperaba que la gloriosa historia de los días pasados, desplegada ante los ojos y mentes de la presente generación, produjera la inspiración para conseguir una nueva unificación de Italia y asegurar otra vez la supremacía romana en la esfera secular. Una parte no pequeña de este anhelo se debía al cambio de la silla papal de Roma a Aviñón, Francia.

Los humanistas coleccionaron manuscritos de los escritores clásicos de la antigüedad, aprendieron a criticar los textos antiguos mediante el estudio interno, se gozaron en la imitación del estilo literario y las costumbres sociales de los antiguos, y contemplaron el mundo en que vivían desde un rico fondo histórico y literario. Se organizaron sociedades para estudiar el idioma griego, para leer a Platón y a Cicerón, y para reunir bibliotecas de los autores antiguos. El movimiento se extendió rápidamente de Italia al norte de Europa mediante vínculos religiosos, intelectuales, sociales, y hasta económicos. El desarrollo de la imprenta contribuyó a extender el evangelio del humanismo, de la misma manera que medio siglo después reproduciría los escritos de los reformadores cristianos para trasmitirlos a todas partes del mundo.

Debe notarse, sin embargo, que el énfasis del humanismo tomó un giro diferente en el norte de Europa. En Italia el interés era primordialmente cultural y patriótico, resultando en desdén para las ideas y prácticas religiosas. En muchos casos engendró al cinismo actual. El humanismo del norte, por su parte, canalizó su interés literario y cultural hacia las antigüedades religiosas. El estudio del hebreo y el griego procuraba la mejor interpretación de las Escrituras; la recuperación del mejor texto de las Escrituras alentó el examen crítico de los manuscritos antiguos; mientras que los interesados en investigaciones históricas volvieron a publicar los escritos cristianos antiguos con interpretaciones críticas. Es decir, el énfasis del norte procuraba descubrir los orígenes antiguos de la fe cristiana y restaurar la pureza primitiva del movimiento.

En cuanto a la reforma concernía, entonces, la influencia del humanismo en Italia y en las regiones del norte realizó diferentes servicios. En Italia su contribución fue principalmente negativa; en el resto de Europa fue más bien positiva. Los factores negativos del humanismo en Italia que alentaron el espíritu reformador fueron dos. Primero, el humanismo produjo un desdén general por el cristianismo y exaltó los antiguos vicios tanto como las virtudes. Hasta el papado estaba sometido a juicio después de su regreso de Aviñón. En 1447 un erudito humanista sin reservas fue elegido papa y tomó el nombre de Nicolás V (1447-55). Los asuntos religiosos se hicieron secundarios; las bibliotecas, los poemas, y los clásicos, se convirtieron en los asuntos más importantes del oficio. Pío 11(1458-64) fue un notable versificador antes de su elección como papa.

El humanismo también alentó la aplicación a los documentos cristianos de los métodos críticos usados en los manuscritos clásicos antiguos. Bajo Nicolás V, Lorenzo Valla, un joven erudito humanista, fue traído a la corte papal para ayudar en la traducción de los clásicos griegos. Dentro y fuera del servicio papal él escribió mucho acerca del cristianismo desde el punto de vista humanista. Su estudio del texto griego del Nuevo Testamento fue de gran valor para los reformadores medio siglo después. El se burlaba del movimiento monástico y trataba rudamente la traducción Vulgata, que es la versión latina inspirada para los católicos romanos. Una de sus hazañas más espectaculares fue su convincente prueba de la naturaleza espúrea de la Donación de Constantino por medio de la aplicación de la crítica interna.

Un producto de este avivamiento patriótico italiano fue el celebrado poeta Dante. Exiliado a Ravenna en el norte de Italia en el siglo XIV, Dante anhelaba la restauración de la gloria de la antigua Roma. Su obra titulada Sobre la Monarquía discute las relaciones adecuadas entre el papado y el imperio. Dios le ha dado a cada uno una espada, decía Dante, y ninguno debe gobernar al otro. El papado no debe gobernar al imperio ni entrometerse en asuntos seculares. Aunque su idea no era nueva, su aplicación haría retroceder al papado a una etapa anterior de desarrollo. El hecho de que hubiera sido sugerido por un católico ortodoxo cabal, en oposición a. las pretensiones papales de varios siglos precedentes, junto con el hecho de que Dante usaba exégesis bíblica para controvertir las interpretaciones papales, hizo las ideas de Dante muy significativas.


EL IMPERIO.

La reunión libre de estados alemanes conocida como el Imperio sumó su protesta. El humanismo tenía cierto papel como fondo de las demandas de reforma. La obra de hombres como Rodolfo Agrícola, maestro de griego en la Universidad de Heidelberg, de Sebastián Brant de Basel, de Juan Reuchlin, y de otros, fue principalmente negativa. Sus escritos ayudaron a socavar el sistema romano, tanto entre el populacho como entre los pensadores. Los versos satíricos y la investigación docta se dieron la mano para protestar. Algunos humanistas como Ulrico von Hutten, Franz von Sickingen, y Pirkheimer de Nuremberg apoyaron activamente el movimiento de reforma cuando llegó. Felipe Melanchton, sobrino de Reuchlin y él mismo un completo humanista, se convirtió en la mano derecha de Lutero.

La situación política proporcionó la principal protesta contra el poder papal, sin embargo. En 1314 el duque Luis de Baviera se convirtió en emperador después de su victoria militar sobre un candidato rival. Luis se vio enredado en una disputa con el papa Juan XXII en Avignon, sobre el derecho del papa a sancionar la elección de cada emperador. Entre otras cosas, el control francés del papado hizo muy desagradable para Luis someterse. En 1324 el papa excomulgó a Luis. Dos eruditos, Marsiglio de Padua y Juan de Janduno, colaboraron para preparar uno de los más inusitados tratados de su tiempo. Era conocido como el Defensor Pacis (Defensor de la Paz).

Este documento declaraba que el pueblo es la autoridad final en todas las cosas, sean seculares o eclesiásticas. De esta manera, en asuntos eclesiásticos todo el cuerpo de cristianos, siguiendo los principios del Nuevo Testamento, constituye el poder más alto. Este notable documento socavó la teoría papal de gobierno. Probándolo con el Nuevo Testamento, negaba que el papa tuviera poder superior sobre ningún obispo, y hacía hincapié en que no había evidencia escrituraria de que Pedro hubiera estado nunca en Roma. Todo el poder espiritual descansa en el cuerpo de cristianos creyentes, no en sacerdotes, obispos o papas. Además, en un gobierno cristiano, reflejando el carácter y la voluntad del pueblo, el gobernador civil tiene el derecho de gobernar los asuntos eclesiásticos, incluyendo la convocatoria de concilios ecuménicos y el nombramiento de obispos. La autoridad final reside en un concilio eclesiástico general del pueblo, no solamente de obispos.

Otra poderosa voz que apoyó al emperador Luis fue la de Guillermo de Occam, el gran teólogo inglés, que se refugió con el emperador. Occam también insistía en que la verdadera iglesia no residía en los obispos sino en los creyentes. El negaba la infalibilidad del papa y exaltaba la Biblia. El papado nunca debía intervenir en asuntos seculares y debía subordinarse a un concilio general de todos los cristianos.


FRANCIA.

El humanismo francés hizo una contribución distinta en la protesta contra el papado sin reforma. El movimiento fue tardío en sus principios en Francia, pero rápidamente ganó fuerza. Mediante él las clases altas en particular recibieron considerable ilustración en cuanto a los abusos del sistema romano. Jacques Lefevre Etaples (1455-1536) llegó a ser un completo erudito bíblico y precedió a Lutero en su defensa de la salvación por la fe sola, sin sacramentos, y en su énfasis sobre la autoridad de las Escrituras.

La Universidad de París proporcionó el llamado central primitivo para la reforma. Guillermo de Occam había enseñado allí y expresado sus puntos de vista. Juan Gerson (1363-1429) y el canciller de Notre Dame, Pierre d’Ailly (1350-1420), herederos de la actitud y la perspectiva de Occam, encabezaron un grupo de hombres doctos de la universidad que deseaban sinceramente reformar al papado en la cabeza y en los miembros. Este grupo triunfó finalmente al terminar el cisma papal mediante el uso de concilios generales.


INGLATERRA.

El resentimiento contra las pretensiones papales tenía hondas raíces en Inglaterra. Guillermo Rufus, sucesor de Guillermo el Conquistador, notificó al papa que él no estaba dispuesto a doblar su rodilla puesto que sus predecesores no lo habían hecho. La humillación de Inglaterra por Inocente III en 1215 produjo reacción contra el absolutismo papal. Uno de los grandes clérigos reformadores de Inglaterra fue Roberto Grosseteste, que llegó a ser obispo de Lincoln en 1235. Además de reformar su propia diócesis, Grosseteste se dirigió al papa Inocente IV alrededor del año 1250 en relación a las corrupciones de la Curia Romana y de la Iglesia Romana en general; ocho años más tarde Grosseteste se negó a aceptar el nombramiento que Inocente hizo de un pariente para la diócesis de Lincoln. En la lucha entre Bonifacio VIII y el Rey Eduardo I en 1299, el Parlamento Inglés defendió a su rey y desafió al papa. La “cautividad babilónica”, que puso el papado bajo el dominio francés, ocurrió al mismo tiempo que Francia e Inglaterra estaban envueltas en guerra. El rey Eduardo III (1327-77) consiguió la aprobación de dos golpes legislativos contra el papado. En 1350 fue promulgado el Estatuto contra los Estipuladores, que estatuía para los ingleses elecciones libres de arzobispos y obispos—un intento de eliminar la influencia extranjera al llenar los puestos eclesiásticos altos. Dos años después se promulgó el Estatuto de Premunire, que consideraba traición que cualquier súbdito inglés aceptara la jurisdicción de cortes papales fuera de Inglaterra o que acudiera en apelación de casos a ellas.

Juan Wycliffe y los Lolardos.—
Uno de los oponentes sobresalientes del papado en los últimos años de su vida fue el patriota y predicador Juan Wycliffe (1320-84). Antes de 1376 Wycliffe reprimió sus ataques contra el papado, pero las vergonzosas condiciones que rodearon los últimos años del papado de Avignon y el principio del cisma papal en 1378 descargaron sus violentas protestas. Wycliffe exigió que ambos papas fueran depuestos. En sus conferencias en Oxford él adelantó la idea de que cualquier príncipe secular o eclesiástico que no fuera fiel a su tarea, perdiera su derecho a tener el puesto. Si un obispo o hasta el mismo papa mostraran ser indignos, los gobernantes civiles, como agentes de la voluntad de Dios, tenían el derecho de despojarlo de sus propiedades temporales. Probablemente alentado por la protección que le dieron poderosos patriotas ingleses, Wycliffe escuetamente continuó sus críticas contra el papado. Con el uso de la Biblia, que él ayudó a traducir al inglés cerca del 1382, como autoridad final, atacó vigorosamente el sistema sacramental católico romano, particularmente la doctrina de la transubstanciación. También declaró que el Nuevo Testamento no hacía distinción entre el obispo y el presbítero (sacerdote) y que, consecuentemente, el obispo romano había usurpado injustamente un poder que no era suyo. Los conceptos de Wycliffe estaban muy adornados con su patriotismo: él objetaba la extorsión papal a los fondos ingleses, el nombramiento hecho por el papa de extranjeros para prebendas inglesas, y el fomento papal de monjes mendicantes en Inglaterra que, él decía, robaban a los pobres.

Para dar instrucción escrituraria, Wycliffe organizó un grupo conocido como los “sacerdotes pobres” que vagaban de dos en dos (siguiendo los requerimientos escriturarios), predicando y enseñando. Estos eran recibidos gozosamente por la gente. Wycliffe fue condenado en 1377 por el papa, pero fue protegido hasta su muerte en 1384, por influencia política. Los lolardos, como eran llamados estos sacerdotes pobres, continuaron creciendo en número e influencia hasta 1399. En 1395 ellos dirigieron una atrevida nota al Parlamento denunciando el romanismo. Sin embargo, el ascenso del rey Enrique IV (1399-1413), un ardiente papista, fue la señal de la persecución. Veintenas de lolardos fueron quemados en la estaca y sus iglesias suprimidas. Los seguidores de los lolardos se volvieron secretos después de 1431 e indudablemente proveyeron un terreno fértil para el movimiento de reforma que vino como un siglo después.

El humanismo inglés.—
El humanismo inglés también tuvo participación en el aumento del sentimiento antipapal. Juan Colet (1467-1519), decano de la catedral de San Pablo en Londres, era un humanista sobresaliente. Con Guillermo Grocyn y Tomás Linacre formó un núcleo para la escuela de pensamiento que menospreciaba los métodos escolásticos y la teología. Colet, un caudillo competente y profundamente espiritual, era especialmente diestro en la interpretación bíblica. Su elocuente voz constantemente llamaba a la reforma. El influyó grandemente en Erasmo, el sobresaliente humanista continental, entre 1498 y 1514.


BOHEMIA.

El clamor de reforma en Bohemia era en parte religioso y en parte patriótico. Bohemia estaba bajo el dominio alemán. Su cristianismo había sido recibido originalmente de la Iglesia Griega, pero la gran invasión Magyar del siglo XIII había obligado a la nación a una alianza alemana, y a través de los alemanes el tipo romano de cristianismo había sido introducido. La Universidad de Praga era el centro de oposición patriótica y religiosa. Un número de elocuentes predicadores y maestros abogaban por rigurosas reformas religiosas. Entre estos estaban Conrado de Waldhausen, que abiertamente denunció a los monjes romanos y al clero; Milicz de Kremsier; Matías de Janow, un maestro y escritor notablemente hábil; y Tomás de Stitny, un predicador muy popular. Dos eventos dieron gran impulso al movimiento de reforma. Uno fue el matrimonio de Ana de Bohemia con el rey Ricardo II de Inglaterra en 1382; el otro fue el intercambio de eruditos y de correspondencia entre las universidades de Praga y Oxford, como resultado de nexos más íntimos entre las dos naciones por causa del matrimonio. El intercambio de eruditos y la correspondencia entre las universidades familiarizó a Bohemia con los escritos de Juan Wycliffe.

El hombre que heredó estos factores y encabezó el movimiento de reforma en Bohemia fue Juan Huss (1369-1415). Huss era nativo de Bohemia, educado en la Universidad de Praga. Cuidadoso estudiante de las escrituras y de Wvcliffe, ocupaba algunos de los puestos más altos en la Universidad de Praga. Por su lucha contra los alemanes en la universidad, pudo conseguir del rey un cambio en la constitución de la escuela en enero de 1409, que dio a los nativos checos una posición ventajosa sobre la mayoría alemana. Como consecuencia, los maestros y estudiantes alemanes se retiraron.

Huss se volvió cada vez más arrojado en sus ataques contra las usurpaciones extranjera y papal. En 1410 fue excomulgado y sus enseñanzas fueron condenadas. Huss publicó entonces su tratado Concerniente a la Iglesia, en el que repetía los conceptos de Wycliffe, a veces copiando página tras página de los escritos de Wycliffe. Su predicación era dirigida contra los abusos papales y demandaba una reforma. Fue requerido para el Concilio de Constanza en 1415 para discutir sus conceptos, y se le prometió su seguridad si asistía. El obispo romano violó su promesa, sin embargo, haciendo hincapié en que la iglesia no necesita cumplir su palabra con herejes. Huss fue condenado por el concilio y quemado en la estaca en 1415. Un seguidor, Jerónimo de Praga, sufrió la misma suerte meses después.

La quema de Huss y de Jerónimo originó que Bohemia abriera la revuelta. Las guerras husitas, tanto políticas como religiosas en naturaleza, duraron sólo hasta cerca de 1435, pero la influencia del partido estricto, los taboritas, llevó a la formación de los Hermanos Bohemios.


LOS PAISES BAJOS (NETHERLANDS).

Probablemente el más grande humanista del continente fue Desiderio Erasmo de Rotterdam (1465-1536). Hijo de un sacerdote y dotado en muchos sentidos, su vida fue profundamente afectada por la muerte de sus padres cuando él tenía sólo trece años. Por breve tiempo asistió a la escuela de los Hermanos de la Vida Común en Deventer pero fue cambiado a una escuela monástica cuando sus tutores dilapidaron el dinero que se le había dejado a él. Después de una espléndida instrucción en París y Colonia, tomó su lugar como el humanista sobresaliente de su día, ganándose la vida al dedicar sus obras a los patrones que lo apoyaban. Tenía pocas inclinaciones a romper con el sistema romano, pero sus escritos están llenos de mofa de los abusos y supersticiones que prevalecían en la iglesia papal. Su publicación en 1516 de una edición crítica del texto griego del Nuevo Testamento fue de doble valor: el texto mismo era muy útil para la reforma docta, y el prefacio indicaba la necesidad de reforma. Su esperanza de reforma estaba en el proceso de educación e infiltración. Si sencillamente los hombres conocieran el evangelio del cristianismo primitivo, los males y abusos prevalecientes serían corregidos.


MISTICISMO.

Un número de grupos no confinados específicamente a una región geográfica dieron gran ímpetu al movimiento de reforma. Los místicos fueron unos de los más importantes. El misticismo consideraba al hombre como poseedor de una afinidad interior con Dios que no requería maquinaria eclesiástica para establecer contacto. La presencia de Dios podía sentirse en el corazón y el alma sin referencia a los sacramentos. Puede observarse que esta actitud podía pasar por alto completamente toda la maquinaria de la Iglesia Romana, porque si uno podía tener una visión de Dios intuitiva e inmediata, sería innecesario usar los servicios del sacerdote y de la iglesia. La mayoría de los místicos, sin embargo, no se oponían activamente a los ejercicios espirituales externos de la Iglesia Romana. Estaban dispuestos a utilizarlos como auxiliares para reforzar su propia conciencia de la cercanía de Dios. Ellos tenían un verdadero interés en la corrupción y los cismas de la institución visible.

Los principales dirigentes de este grupo fueron Meister Eckhart (1260-1327) en Alemania, y Juan Ruysbroeck (1293-1381) y Gerardo Groote (1340-84) en los Países Bajos. La teología de Eckhart era sencilla: los hombres debieran permitirle a Dios llenarlos hasta que estén realmente embebidos de Dios y sean semejantes a Dios. La modificación de esta idea central en armonía ortodoxa con el sistema sacramental de la Iglesia Romana explica las diferencias en el pensamiento de los sucesores de Eckhart, tales como Juan Tauler (1290-1361) y Enrique Suso (muerto en 1366). La influencia de estos hombres fue mucho más allá de simplemente producir místicos adicionales. En conceptos fundamentales su pensamiento modificó el formalismo y sacramentalismo crasos de muchos teólogos del continente. Un escritor anónimo produjo una obra que Martín Lutero, el gran reformador alemán, publicó posteriormente y a la que apreciaba grandemente y llamaba “teología alemana”, por estar en contra de la teología escolástica de la Iglesia Romana. Este escrito estaba profundamente influido por el misticismo alemán y por la teología escrituraria.

El sistema de Roysbroeck en los Países Bajos exaltaba el estudio del Nuevo Testamento y fue muy influyente en la preparación del camino para el movimiento de reforma que estalló después. Gerardo Groote, un laico místico de los Países Bajos, encabezó la formación de la organización llamada los Hermanos de la Vida Común, cuyo propósito era seguir los conceptos píos y místicos de Roysbroeck y hacerlos accesibles a otros. Ellos establecieron varias escuelas en los Países Bajos y en Alemania. Erasmo asistió a una de esas escuelas por un tiempo, y Lutero mismo también. A Tomás de Kempis se le atribuye haber escrito una guía devocional que todavía es valiosa: Imitación de Cristo.

Muchos de los místicos se encontraban en los monasterios. Meister Eckhart era monje dominico. Indudablemente que las largas horas de reflexión y contemplación proporcionaban amplia oportunidad para desarrollar tendencias místicas o, de hecho, para la aparición de ideas extremas de ceremonialismo. La tendencia era alcanzar cualquier extremo: obtener un apasionado amor por el sacramentalismo excesivo o un vínculo genuino con Dios aparte de las exterioridades. Un gran partido de los franciscanos rompió con la mayoría en un esfuerzo por seguir más de cerca la sencilla ética de su fundador. Su sencillez mística y escrituraria detestaba el cristianismo fastuoso y cismático del papado. Se unieron tan celosamente en el clamor de reforma que fueron condenados como herejes y muchos fueron martirizados.


CLAMORES POPULARES DE REFORMA.

El cisma papal, extendiéndose como lo hizo a todas las diócesis y originando serias dudas en la mente de todo católico romano respecto a cuál papa (y cuál obispo) era el verdadero, fomentó en cada parte un deseo popular de reforma. El motivo inmediato era conseguir la unidad del papado. Puesto que los papas rivales se anatematizaron uno a otro y a sus partidarios, lo que realmente negaba la eficacia de cualquier sacramento y acto oficial del falso papa y de sus seguidores, y puesto que nadie sabía cuál era el papa correcto, la mayor confusión y temor general reinaban entre las masas. Las organizaciones de laicos florecieron, y las órdenes de mujeres aparecieron con el énfasis en la necesidad de reforma.


COMPENDIO FINAL.

El deseo de reformar la Iglesia Romana surgió por varios motivos. El estudio de la Biblia, el despertar intelectual, el patriotismo, las condiciones económicas y sociales, consideraciones militares, y el hambre religiosa, se combinaron para procurar la reforma. Se podían oír voces de prácticamente todos los principales países. El siguiente capítulo discutirá el esfuerzo por traer la reforma, primeramente por medio de los concilios. Cuando menos esto remedió el cisma papal, aunque no se hizo ningún proceso respecto a reformar al papado mismo.


Compendio de la Historia Cristiana
Robert A. Baker