Reforma protestante

CONTINUACION DEL CONFLICTO.

Causas de la guerra de los treinta años (1618-48) - Estallido de la guerra - Resultados de la guerra - Otros conflictos - Compendio final.


Nada podría ilustrar mejor la condición secularizada del cristianismo en el siglo XVI que el hecho de que los esfuerzos por reformar el sistema católico romano trajeron dos siglos de las más sangrientas luchas que los hombres habían conocido. Los antecedentes del uso de la fuerza militar para suprimir la disensión religiosa eran muchos y muy antiguos. No había apoyo para ello en las enseñanzas del Nuevo Testamento ni en el ejemplo de los cristianos primitivos. La adopción del cristianismo por Constantino en 312, sin embargo, introdujo el uso de métodos políticos y de armas para la supresión de la disensión religiosa. Sólo en este terreno la supuesta regla benéfica de Constantino probó ser un golpe más mortal para el verdadero cristianismo que las más severas persecuciones de sus predecesores en el trono romano.

En cualquier parte donde podía gobernar a los dirigentes seculares, la creciente Iglesia Católica Romana seguía el ejemplo de Constantino de suprimir la disensión con la espada. Durante el período medieval es probable que la espada secular hiciera más por el crecimiento del poder romano que todos los misioneros de Roma juntos. Las cruzadas representaban en gran manera el detestable espíritu de la coerción militar en nombre de la religión. La caza de herejes y la pena de muerte en la hoguera ocuparon la atención de la mayor parte de los obispos ortodoxos del sistema católico romano hasta 1243, cuando la maquinaria especial de la Inquisición fue preparada por el papado para localizar y suprimir por la fuerza la disensión religiosa.

Las guerras husitas del siglo XV dieron un vislumbre de los horrores que vendrían el siguiente siglo. Julio II (1503-13), el papa guerrero que alardeaba de sus hazañas con la espada, es una figura típica en una época en que la fuerza hacía el derecho, hasta en religión. En el siglo XVI los intentos por reformar la Iglesia Romana produjeron guerras represivas en cuatro países: Suiza (contra Zwinglio), Alemania (contra Lutero), Francia (contra los hugonotes), y los Países Bajos (contra el calvinismo), mientras que la Guerra de los Treinta años del siglo XVII hizo estragos en la mayor parte del continente.


CAUSAS DE LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS (1618-48).

La primera fase del movimiento de reforma se terminó en 1555 cuando la Paz de Augsburgo acabó la lucha entre los católicos romanos y los luteranos (ahora llamados protestantes). El resultado inmediato fue una victoria para el luteranismo. El imperio secular reconocía ahora el derecho legal del luteranismo de existir y extenderse. Esto estaba en marcado contraste con el cuadro de dos décadas antes, cuando el movimiento luterano, con su dirigente oficialmente juzgado como hereje y proscrito, siguió existiendo sólo porque el emperador Carlos V estaba muy ocupado peleando con Francia, con el papa y con los turcos, para suprimirlo. Pese a las vehementes protestas del papa, el luteranismo pudo propagar su fe osadamente. Parecía que el uso de la espada como medio de fijar jurisdicción religiosa había llegado a su fin.

Contemplando hacia atrás este período desde el presente punto de ventaja, sin embargo, puede verse que todos los factores señalaban otra guerra. En general, los siguientes asuntos produjeron el estallido de una nueva guerra entre católicos romanos y protestantes.

La Desunión Luterana.—
Aunque el luteranismo estaba amenazado de extensión en las guerras esmalcáldicas que empezaron en 1546, los teólogos luteranos estaban peleando vigorosamente entre ellos en el terreno doctrinal. No es de sorprender que las controversias doctrinales ocurrieran entre los seguidores de Lutero. El rompimiento con la Iglesia Romana llevó a Lutero a acometer por nuevas direcciones de pensamiento. Algunas veces su naturaleza impetuosa lo impulsaba a hacer énfasis en ciertos aspectos de la teología hasta el extremo; otras veces se expresaba en términos que parecían contradecir lo que había dicho antes. Difícilmente tenía él tiempo de meditar en un plan de teología completo y consistente, sino que se veía forzado a producirlo poco a poco en varios escritos. Además, conforme se desarrollaba y maduraba en sus ideas reformadoras, con frecuencia cambiaba sus conceptos expresados hacía unos cuantos años o hasta unos meses antes.

Además, los diversos fondos y las ideas de sus prominentes seguidores, algunas veces no representaban en realidad a Lutero. Felipe Melanchton, por ejemplo, después de la muerte de Lutero en 1546, introdujo nuevos elementos y actitudes al movimiento, que representaban una divergencia de la posición general de Lutero. Como resultado, una violenta controversia interna hizo tambalear el luteranismo en el siglo XVI después de la muerte de Lutero, con varios príncipes seculares apoyando a este o a aquel teólogo en sus conceptos doctrinales. Estos príncipes luteranos no estaban en contra del uso de la fuerza para suprimir lo que ellos creían eran doctrinas luteranas equivocadas. No es de sorprender que los romanistas se animaran.

El Resurgimiento Católico Romano.—
Mientras tanto, la Iglesia Católica Romana estaba ocupada también. Unificada y fortalecida con los reajustes internos del siglo XVI, la Iglesia Romana recuperó terreno y seguidores constantemente. La Sociedad de Jesús proporcionó soldados preparados y celosos que se infiltraron en tierras y escuelas protestantes con efectos subversivos. Además, los príncipes católicos pronto empezaron a perseguir a los protestantes en sus terrenos. Esto fue particularmente cierto en Bavaria, Austria, Bohemia, y Hungría. No sólo fue detenida la defección de príncipes y clérigos católicos romanos al protestantismo, sino que la Iglesia Romana logró extensas e importantes victorias.

El Desafío del Calvinismo.—
La Paz de Augsburgo (1555) había concedido al luteranismo el reconocimiento de religión legal, pero no dio reconocimiento a los seguidores de Juan Calvino, que se estaban volviendo numerosos y poderosos. El calvinismo se convirtió en rival no solamente del catolicismo sino también del luteranismo. Mientras los católicos romanos estaban robusteciendo sus fuerzas en los últimos años del siglo XVI, el luteranismo se envolvió en una amarga lucha con la Iglesia Reformada (el calvinismo). En muchos casos el calvinismo suplantó parcialmente al movimiento luterano, como en Polonia, Hungría, Bohemia y el Palatinado. Tal vez una explicación de por qué el calvinismo hiciera tan amplias incursiones era que el luteranismo había retenido mucho del sistema romano medieval. En tanto que el calvinismo era fuertemente antirromano, no tenía un Melanchton que procurara áreas de compromiso con el sistema católico romano. Además, Calvino rechazaba toda la tradición e insistía en un comienzo fresco desde las enseñanzas directas de las Escrituras. En adición, el sistema calvinista era más íntimamente consistente en sus enseñanzas y sus métodos. Su énfasis en la predestinación de Dios en la experiencia humana ponía hierro en las almas de los hombres al combatir el sistema romano.

Violaciones del Tratado de Augsburgo.—
El papa nunca había estado de acuerdo con el Tratado de Augsburgo de 1555. Muy naturalmente sus seguidores no fueron escrupulosos de ninguna manera para observar el derecho legal de los luteranos. Tampoco tenía el papado toda la culpa. Los luteranos también eran culpables. La unión de la iglesia y el estado, practicada a través de los siglos por la Iglesia Católica Romana y adoptada por el luteranismo, el zwinglianismo, el calvinismo, y el anglicanismo, convirtió en tan imperativo para ellos el uso de las armas militares y políticas para el adelanto de cualquier movimiento que fuera parte del interés nacional. Bajo esta filosofía, las diferencias religiosas eran consideradas como amenazas políticas y militares. Las violaciones flagrantes del Tratado de Augsburgo eran excusadas con base en el interés nacional, y llevaban inevitablemente a la guerra.

Rivalidad Política.—
Cuando finalmente vino la guerra, presentó una escena confusa. Con frecuencia los intereses políticos tenían prioridad sobre las creencias religiosas. La Francia católica y la España católica no podían pelear del mismo lado por su rivalidad política. Los príncipes protestantes consideraban primero los factores políticos antes de tomar las armas y escoger partido. Consecuentemente, aunque la lucha era básicamente entre católicos romanos y protestantes, la Guerra de los Treinta Años produjo extrañas alianzas y motivos dudosos.


ESTALLIDO DE LA GUERRA.

La ocasión inmediata para la guerra ocurrió en Bohemia. El emperador Matías (1612-19) prohibió a los protestantes construir ciertos templos, pese a su voto inicial de que toleraría a los numerosos protestantes súbditos de Bohemia. Para empeorar la situación, el dispéptico Matías arregló que su primo Fernando, un católico romano militante, lo sucediera como rey de Bohemia. La reforma protestante se encendió en violencia en Praga, en mayo de 1618, y la guerra se hizo cierta cuando los protestantes bohemios rechazaron a Fernando como su rey el año siguiente, y eligieron en su lugar a un protestante.

La guerra que siguió tuvo cuatro fases distintas.

La Lucha en Alemania (1618-23).—
La política católica romana de preparación continua rindió frutos inmediatos. Para 1620 los protestantes bohemios fueron hechos añicos. Todas las escuelas e iglesias protestantes fueron cerradas en Bohemia, Moravia, y Austria. Sus pastores fueron desterrados. Los romanistas no fueron generosos en la victoria, y tomaron medidas inmediatas para recatolizar las tierras conquistadas. El gobierno calvinista del Palatinado fue dominado en 1623, y se ordenó a los protestantes conformarse o irse. Esta victoria tuvo significado porque el príncipe del Palatinado era uno de los siete electores del emperador, y con la victoria católica en el Palatinado, el papa gobernaba la mayoría de los electores, garantizando emperadores subordinados a la Iglesia Católica Romana.

La Fase Europea (1623-29).—
Profundamente alarmados por la rigurosa represión del protestantismo por los católicos en las tierras recientemente ganadas, los príncipes protestantes del norte de Alemania se prepararon para el conflicto, y buscaron ayuda de Dinamarca, Inglaterra, y Holanda, estados nominalmente protestantes. Los católicos romanos, sin embargo, derrotaron a los nuevos enemigos. El Edicto de Restitución de marzo de 1629, continuó los severos términos de los victoriosos católicos romanos. Todos los protestantes debían ser desterrados de las tierras católicas, y parecía que todas las victorias de la Reforma Protestante serían borradas bajo el programa romano.

Gustavo Adolfo (1629-32).—
En esta obscura hora para los protestantes, dos nuevos acontecimientos cambiaron el cuadro. El primero fue la pelea entre los diversos dirigentes católicos, seculares y eclesiásticos, por la división de los botines. El segundo fue la intervención de Gustavo Adolfo, el sagaz y brillante sueco. En 1630 él empezó su invasión de Europa. Al principio los otros protestantes le dieron poca atención, pero en dos años ya había derrotado todos los ejércitos católicos romanos y era el amo del continente. En su momento de victoria en Lützen en 1632, sin embargo, murió en la batalla.

Peleas indecisivas (1632-48).—
Los siguientes dieciséis años trajeron terribles matanzas y gran destrucción de propiedades, pero ningún lado podía conseguir la victoria. Alemania, en particular, sirvió como campo de batalla y sufrió grandemente. A pesar de la oposición oral del papa Inocente X, los agotados ejércitos de cada lado consintieron en terminar la guerra.


RESULTADOS DE LA GUERRA.

La Paz de Westfalia de 1648 es una señal en la historia religiosa. Cerró la última de las guerras generales por causa de la religión y usualmente es considerada como el principio de la era moderna. Mediante los términos del tratado, luteranos, calvinistas y católicos romanos eran reconocidos con iguales derechos civiles y religiosos. El año 1624 fue designado como el año normal; es decir, que cada estado o territorio volvería a su estado religioso de esa fecha.

Puede haber poca duda de que Francia ganó la guerra. La larga batalla entre esa nación y la línea de los Hapsburgo se resolvió por fin. Los estados alemanes no habrían de recuperarse de la devastación de la tierra en más de una generación, y muchos de sus mejores dirigentes fueron matados. El emperador continuó existiendo de nombre solamente. El papa protestó por el cese de hostilidades, y, de hecho, muy poco tomó en cuenta los términos de Westfalia. El continuó activamente sus esfuerzos de recatoliquizar mediante la subversión y la diplomacia. Generalmente hablando, el sur de Europa continuó siendo católico romano, y el norte, protestante. Los estados alemanes y Suiza incluían a ambos grupos. Es una ironía que los protestantes de Bohemia y Austria, que habían empezado la gran batalla treinta años antes, no recibieron ningún alivio en los términos finales. Esta guerra agotadora aparentemente convenció a la Iglesia Católica Romana de que el protestantismo no podía ser derrotado con armas.


OTROS CONFLICTOS.

El Arminianismo en los Países Bajos.—
El sistema teológico de Juan Calvino exaltaba la predestinación de Dios. Había objeciones generales para este sistema, porque se pensaba que incluía el fatalismo humano y comprometía el carácter de Dios. Jacobo Arminio (1560-1609) fue el dirigente del grupo que se opuso a la doctrina de Calvino. El negaba una elección incondicional, defendía una expiación universal para todos los creyentes, pensaba que el hombre puede cooperar con Dios para obtener la regeneración, insistía en que la gracia de Dios no era irresistible, y creía que los hombres podían caer de la gracia. Estos conceptos fueron condenados en el Sínodo de Dort en 1618, y los disidentes fueron tratados vigorosamente.

Inglaterra y Escocia.—
Durante este período se desarrolló la violenta batalla entre Inglaterra y Escocia por el restablecimiento religioso. Aunque esa historia ya se ha relatado en relación con la reforma inglesa se refiere aquí para completar el cuadro de la confusa y violenta situación durante la primera mitad del siglo XVII.


COMPENDIO FINAL.

La Paz de Augsburgo (1555).— No terminó el conflicto entre católicos romanos y protestantes. La rivalidad continuó por medio siglo. En 1618 estalló la guerra en Bohemia y se extendió por el continente. La Paz de Westfalia de 1648 marca el fin del más grande conflicto en el continente, entre católicos romanos y protestantes. Se acordó un reconocimiento legal a los dos movimientos de reforma más extendidos: el luteranismo y el calvinismo. Los motivos políticos empezaron a ser más preponderantes que las diferencias religiosas, aunque las persecuciones religiosas no eran de ninguna manera cosa del pasado.


Compendio de la Historia Cristiana
Robert A. Baker

 

 

 

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