Reforma protestante

LA REFORMA LUTERANA.

La vida temprana de Lutero - El movimiento de reforma de Lutero (1517-46) - La guerra esmalcáldica y la paz de Augsburgo (1555) - La extensión del luteranismo - Compendio final.


Después de siglos de preparación empezó el movimiento que resultó en el quebrantamiento del sistema católico romano medieval y en la formación de algunas de las principales ramas del movimiento cristiano que existen hoy día. La primera de esas reformas fue la de Martín Lutero.


LA VIDA TEMPRANA DE LUTERO (1483-1517).

Martín Lutero nació en Eisleben, Sajonia, un pequeño estado alemán, el 10 de noviembre de 1483. No es de sorprender que el que había de romper y penetrar el duro carapacho de la tiranía eclesiástica medieval surgiera de esta área geográfica, porque el pueblo alemán estaba sufriendo mucho por la avaricia papal. Tampoco es de sorprender que surgiera de los campesinos. Esta clase de gente más que ninguna otra sufría lo más fuerte de la opresión y el mal trato tanto de las autoridades seculares como de las religiosas.

Los padres de Lutero eran como la mayoría de los otros campesinos: pobres y religiosos hasta el punto de la ignorancia. Lutero mismo nunca se apartó de algunas de sus ideas primitivas de brujas y duendes. Muy poco tiempo después del nacimiento de Lutero sus padres se mudaron a Mansfeld, una villa cercana, donde su padre se ocupó en la nueva industria minera. Aquí el muchacho asistió a la escuela elemental y después se preparó para la universidad matriculándose en Magdeburgo en la primavera de 1497 y en Eisenach el siguiente año. En 1501 ingresó a la Universidad de Erfurt, donde recibió el título de bachiller en artes y el de maestro en 1505.

Hasta este punto la vida de Lutero no había variado gran cosa de la de cualquier otro joven que se prepara para una carrera profesional en el campo del derecho. No siguió en esta dirección como resultado de una tremenda crisis religiosa. Las tensiones religiosas producidas premeditadamente por el sistema católico medieval, obraron en Lutero, como en cualquier otro hombre típico de su día, una constante inquietud. La Iglesia Romana demandaba obediencia a la institución terrenal como precio de la salvación. Cuando el hombre se volvía indiferente, se exaltaban los dolores del purgatorio hasta producir pavor y sumisión. La riqueza sacramental de la iglesia se ofrecía entonces como un medio de limitar los sufrimientos de la otra vida. Dios era imaginado como completamente inaccesible; Cristo era descrito como un juez temible. Sólo los beneficios vendidos por la Iglesia Católica Romana podían aprovechar al tembloroso pecador. Hasta el católico más obediente debía sufrir las angustias del purgatorio. La mejor oportunidad para escapar a la ira divina era enclaustrarse en los monasterios.

No puede determinarse por cuánto tiempo había estado Lutero reflexionando sobre estas cosas. Para al tiempo que él recibió su segundo título en Erfurt, tenía el abrumador sentimiento de que debía ponerse bien con Dios. Había experimentado varios incidentes atemorizadores que lo habían hecho pensar en las cosas eternas. El clímax vino el 2 de julio de 1505. Mientras Lutero estaba caminando cerca de Stotternheim, se aterrorizó cuando un rayo cayó cerca de él, y juró que si era librado de la muerte se convertiría en monje. Este fue el primer paso de Lutero en un esfuerzo por encontrar la paz con Dios. Contra los deseos de su padre él cumplió su palabra, y quince días después ingresó al monasterio agustino de Erfurt.

Para su desaliento, Lutero no encontró paz duradera en esta entrega. Cuando intentó realizar su primera misa en mayo de 1507, su temor de Dios casi lo postró. Siguiendo los preceptos de la iglesia medieval, buscó alivio mediante las buenas obras. Su reputación por su abnegación se extendió por la región, pero ni así encontró paz. Obedientemente abría cada puerta prescrita por la Iglesia Católica Romana. Procuraba los méritos de los santos; se metía en confesiones casi fantásticas de todo tipo de pecado, fuera de pensamiento, de palabra, o de obra; cumplía regularmente sus deberes religiosos con fervor; hasta caminó hasta Roma, el centro del mundo religioso católico, donde los más grandes pecados de cualquier clase podían ser perdonados con el menor esfuerzo, todo sin ningún provecho. Los méritos de los santos le recordaban su propia necesidad; la confesión sólo le hablaba de pecados no recordados todavía sin perdonar; su obra como sacerdote aumentaba su angustia al acercarse a Dios; y su viaje a Roma lo Puso en contacto con los dirigentes cínicos y codiciosos. A través de todas estas tumultuosas experiencias Lutero se estaba acercando al objeto de su búsqueda.

Lutero no relata exactamente cuándo se aligeró su carga, pero sí indica cómo sucedió. El agente humano fue Juan Von Staupitz, el vicario de los monasterios agustinos, quien aconsejaba a Lutero y le señaló el estudio del Nuevo Testamento. Igualmente importante fue el estudio teológico que encontró en una nueva ocupación que le asignó Staupitz: la de enseñar en la Universidad de Wittenberg. El recibió el título de doctor en teología en octubre de 1512. Sus conferencias durante los siguientes cinco años sobre los Salmos, Romanos y Gálatas, obraron en su corazón lo que todo el sistema sacramental de la Iglesia Romana no pudo lograr. El descubrió el verdadero conocimiento escriturario de que la salvación es un don. Hasta entonces él había procurado merecer la salvación; ahora había aprendido a aceptarla por fe sin merecerla. El se asió del texto “el justo por la fe vivirá”, creyó en él, y encontró la paz que tanto tiempo había buscado.


EL MOVIMIENTO DE REFORMA DE LUTERO (1517-46).

Manifiestamente, tal descubrimiento de Lutero aparte del sistema religioso que lo rodeaba constituía una amenaza de instar a otros a encontrar la paz de la misma manera. Aparentemente Lutero no reconoció al principio la conclusión lógica a la que debía seguramente llegar: desafiar la validez del sistema que no le podía traer paz. Paso a paso su experiencia lo separó de la obediencia en que se había ejercitado antes. Lutero no siempre supo cuándo había dado estos pasos, y tal vez no estaba plenamente consciente del gran paso que había dado hasta que hizo una pausa para mirar en derredor. El primero de estos pasos se centró en su oposición a la doctrina romana de las indulgencias.

La Pregunta de Lutero Acerca de las Indulgencias.—
Debe recordarse que la Iglesia Romana enseñaba que todos los pecados anteriores al bautismo son lavados en ese rito. El sacramento de la penitencia estaba provisto para cuidar de los pecados posteriores al bautismo. Si un hombre pecaba, debía presentarse al sacerdote con contrición en su corazón por el pecado, confesar su pecado al sacerdote, recibir la absolución (en la cual el sacerdote, en nombre de Dios, perdona la culpa eterna de este pecado), y entonces realiza una buena obra o satisfacción para cuidar de la culpa terrenal. Es decir, que cada pecado ofendía en dos direcciones: traía culpa ante Dios y agraviaba a la iglesia terrenal. El sacerdote pronunciaba el perdón de Dios; la herida a la institución terrenal debía ser expiada por oraciones específicas, donativos de dinero, una peregrinación religiosa, o un acto de devoción similar. Descuidar el castigo terrenal, se enseñaba, traía sufrimiento adicional en el purgatorio, después de la muerte.

La manera más popular de pagar esta deuda terrenal en los días de Lutero era mediante la compra de autos de indulgencia de los representantes papales. Estas indulgencias eran declaraciones escritas que anunciaban una remisión específica de castigo del comprador. Eran procuradas por aquellos que deseaban escaparse de largas residencias en el purgatorio después de la muerte, y también por los que tenían seres queridos ya en el purgatorio y deseaban aplicar este crédito a la cuenta del que ya estaba sufriendo.

Ya para 1516 Lutero había debatido la doctrina de las indulgencias. Su propio gobernador, Federico, el elector de Sajonia, tenía una vasta colección de reliquias. Si una persona miraba estas reliquias y hacía una ofrenda adecuada, se le daba un auto de indulgencia concediéndole la remisión de un castigo canónico específico. La genuinidad del cambio espiritual de Lutero se verificó cuando en 1516 él arriesgó su propia subsistencia al debatir la validez de la doctrina de las indulgencias, porque una parte de su propio salario venía de los productos de la venta de indulgencias. En 1517 Lutero había alcanzado el punto de exasperación. El papa León X había vendido el arzobispado de Mainz a Alberto de Brandenburgo. Para permitirle a Alberto pagar el dinero prestado para la compra de este puesto, y también para ganar dinero supuestamente para la construcción de la catedral de San Pedro en Roma, León declaró una venta especial de indulgencias. Para atraer compradores se pervirtió la antigua doctrina católica de indulgencias, y parece que algunos pretendían que podía obtenerse el perdón de los pecados mediante ellas. Tetzel, el monje domínico, recibió la tarea de pregonar estas indulgencias.

La cosa que enfureció a Lutero fue la sugestión de que tanto la culpa contra Dios y el castigo contra la iglesia terrenal podían ser cuidadas por lasindulgencias. Puesto que Federico, el príncipe de Lutero, también estaba ocupado en la venta de indulgencias eclesiásticas al pueblo, a Tetzel se le prohibió entrar al e1ectorado de Sajonia con el propósito de vender esas nuevas indulgencias. Sin embargo, Tetzel llenó de gente las mismas fronteras del electorado de Sajonia para que los que pudieran estar interesados pudieran cruzar y comprar las indulgencias. Entonces, en octubre 31 de 1517, Lutero preparó noventa y cinco tesis para debatir, y de acuerdo con la costumbre de la universidad, las clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg, que en un sentido era la capilla de la universidad. Estas declaraciones (o tesis) invitaban a debatir sobre tres temas generales:

(1) el tráfico de indulgencias, que Lutero reconocía como no escriturario, sin eficacia, y peligroso;

(2) el poder del papa para perdonar la culpa y el castigo no canónico, que Lutero negaba; y

(3) el carácter del tesoro de la iglesia, supuestamente consistente en méritos donados por Cristo y los santos. Lutero negaba que los méritos de Cristo y de los santos constituyeran tal tesoro para ser usado por la iglesia.

La tormenta general que siguió a esta protesta parece haber sido una sorpresa para Lutero. Las imprentas, un nuevo método de guerra intelectual, reprodujeron la protesta de Lutero, y la tradujeron del latín al alemán, para los ojos de toda Alemania. El lenguaje de Lutero era claro y directo, escrito en el vocabulario y espíritu del alemán típico. Desde varios ángulos la protesta reunía el antagonismo popular contra el papado de muchas clases: biblicistas, patriotas, místicos, humanistas. El papa León X no se alarmó al principio por la protesta. Cuando él se dio cuenta específicamente, su primera acción directa fue nombrar un nuevo general de la orden agustina con instrucciones de disciplinar a Lutero. Sin embargo, en una reunión del capítulo de Lutero en abril de 1518 en Heidelberg, Lutero encontró algún apoyo. Desde entonces, él empezó a asumir una actitud más osada. Pronto empezó a debatir la primacía histórica ininterrumpida del papado y después negó completamente el poder del papa sobre el purgatorio.

En julio de 1518, Silvestre Prierias, un oficial dominico de Roma, atacó a Lutero como un hereje. La respuesta de Lutero fue aun más lejos hacia la posición evangélica. El mantenía que tanto el papa como el concilio ecuménico podían equivocarse y que lo habían hecho, y que sólo las Escrituras son una autoridad infalible. A Lutero se le ordenó presentarse en Roma para responder del cargo de herejía, pero por medio de la influencia de su príncipe, Federico, la consulta fue referida al cardenal Cayetano en Augsburgo. Esta entrevista, en octubre de 1518, sacó de Lutero la negación directa de la autoridad de una bula papal porque Lutero afirmaba que la voz de las Escrituras tenía más peso que la voz del papa.

En noviembre Lutero apeló a un concilio general como autoridad terrenal final en el cristianismo para trasmitir sus conceptos. Esto constituyó un acto de hostilidad directo contra la persona del papa, puesto que los papas anteriores por un siglo habían descrito tal apelación como herejía abierta. La precaria situación de Lutero, sin embargo, fue grandemente socorrida por la influencia de Federico. El Santo Emperador Romano murió el 12 de enero de 1519, y Federico era uno de los siete hombres que podían elegir uno nuevo. El papa deseaba ardientemente imponer al que debía ser elegido, y consecuentemente era muy condescendiente con Federico. Esto explica probablemente la reversión de la política antagonista del papa.

Karl Von Miltitz, un alemán, fue enviado a conciliar a Lutero hasta que se hubiera escogido un nuevo emperador. Miltitz sólo le pidió a Lutero refrenarse de debatir la cuestión. Lutero consintió con la condición de que sus oponentes hicieran lo mismo. Sin embargo, el profesor Juan Eck de la Universidad de Ingolstadt no mantuvo esta tregua y atacó a Lutero sin llamarlo por su nombre. Por la influencia de Eck se arregló un debate, que tuvo lugar en Leipzig, a principios de julio de 1519. Aquí Lutero fue llevado a aprobar las doctrinas de Juan Huss, que había sido condenado y quemado por el Concilio de Constanza un siglo antes. En julio 15 de 1520 se emitió una bula de excomunión contra Lutero, mandándole retractarse dentro de sesenta días. Lutero la quemó después públicamente.

Durante el resto del verano y en el otoño, Lutero escribió los principales tratados que describían sus creencias. En agosto se publicó el Discurso a la Nobleza Alemana. En este tratado Lutero instaba a una reforma de la iglesia por el magistrado cristiano. También atacaba las pretensiones del papado de que el poder espiritual está sobre el temporal, que sólo el papa puede interpretar las Escrituras, y que los concilios ecuménicos sólo pueden ser convocados por un papa. Sus proposiciones de reforma quitaban la riqueza material y las posesiones del papa y exaltaban un ministerio espiritual. Lutero también atacó el monasticismo y el celibato. Los abusos y las corrupciones dentro de la iglesia también debían ser corregidas.

En octubre se imprimió el tratado de Lutero Sobre la Cautividad Babilónica de la Iglesia. En este tratado Lutero negaba la eficacia de las indulgencias y osadamente atacaba el sistema sacramental de Roma. El insistía en que tanto el pan como el vino de la Cena debían servirse al pueblo, y trataba de la necesidad de la fe del participante para asegurar su eficacia. En su discusión del bautismo, creó una continua tensión en su sistema teológico al eliminar la necesidad de la expresión personal de la fe como un prerequisito para el bautismo. Es decir, que él demandaba fe personal para la Cena, pero no estipulaba nada para tal fe antes del bautismo. El continuaba con una discusión crítica de la penitencia, la confirmación, el matrimonio, las órdenes y la extrema unción. El eliminaba todos los sacramentos, excepto la Cena y el bautismo, pero encomiaba partes del sacramento de la penitencia. El siguiente mes apareció su tratado sobre La Libertad del Hombre Cristiano. Este escrito exaltaba la libertad y el sacerdocio de cada creyente, fuera laico, sacerdote, obispo o papa.

Estos escritos y otros de un tono similar, haciéndose progresivamente más osados en sus ataques sobre las doctrinas centrales que apoyaban al papado, separaron a Lutero completamente de la Iglesia Romana e hicieron imposible un arreglo. El 17 de abril de 1521, siguiendo un requerimiento del emperador Carlos V, Lutero compareció ante la Dieta del Imperio, que se reunía en Worms. Después de dos audiencias en las que Lutero defendió valientemente sus conceptos, fue secuestrado por sus amigos (tal vez bajo órdenes secretas de Federico) y el 4 de mayo llegó disfrazado a Wartburgo. Mientras tanto, el 26 de mayo en Worms, después que los partidarios de Lutero hubieron regresado a su lugar, las fuerzas papales pudieron conseguir un edicto que proclamaba proscrito a Lutero. Así, a mediados de 1521, Lutero había sido excomulgado por la Iglesia Romana y proscrito por el imperio.

Demora en la supresión del Luteranismo (1521-29).—
Parecía que la causa de la reforma estaba perdida otra vez, y la historia parecía destinada a sumar el nombre de Martín Lutero a la larga lista de víctimas de la intolerancia eclesiástica. Sin embargo, el secuestro de Lutero por sus amigos lo libró del posible daño físico por cerca de un año. Además, el emperador Carlos V se envolvió en guerra con el rey Francisco I de Francia poco después de terminar la Dieta de Worms en 1521. Esta guerra siguió intermitentemente por los siguientes ocho años. Además, las manos del emperador, el principal oponente de Lutero, estaban apartadas de Lutero por la amenaza de los turcos que estaban entrando por los Balcanes con la intención de invadir el imperio. Es bastante interesante que el emperador Carlos se demorara también para suprimir a los luteranos por las maniobras políticas del mismo papa, que estaba temeroso de la cantidad de poder en manos de Carlos.

Durante este tiempo, con la ayuda de Melanchton y de otros, Lutero preparó una gran cantidad de literatura, incluyendo una excelente traducción alemana de las Escrituras. Lutero también reveló el carácter de su movimiento. En 1522, en Zwickau, varios radicales religiosos intentaron llevar a cabo lo que parecían ser las implicaciones de las ideas de Lutero. El sistema sacerdotal católico romano de conducir la Cena fue alterado; al pueblo común se le dieron ambos elementos, el pan y el vino; y la liturgia romana, el canto llano y los altares, fueron eliminados. La ciudad estaba conmocionada. Lutero dejó voluntariamente su refugio en Wartburgo para tomar el mando personal en el ataque a estos radicales. Desde entonces Lutero puede ser descrito como un reformador conservador; es decir, que él retuvo esos elementos de la tradición católica romana que en su juicio no son prohibidos específicamente por las Escrituras. Así, el bautismo infantil, los trajes talares, los cirios, y características católicas romanas parecidas aparecen en el luteranismo.

En 1525, el año del matrimonio de Lutero, sucedió una gran revuelta de campesinos. Por medio siglo había estado aumentando la tensión entre la nobleza y los campesinos que labraban la tierra. El intento de aplicar el derecho romano en lugar de la antigua ley alemana, la caída de los estados feudales con el sufrimiento y confusión resultantes, y la agitación económica concomitante a la aparición del tercer estado —príncipes financieros y comerciales— avivaron las llamas de la insatisfacción y la revuelta entre los campesinos. Además, Tomás Müntzer, un milenario radical, aceleró la explosión de violencia al inyectar una nota religiosa. “Dios no os dejará fracasar; ¡a la matanza!” era su pregón. Incontables miles de campesinos fueron matados sin misericordia en la revuelta de 1525. Lutero perdió su fe en el hombre común y desde entonces consideró a la nobleza como la esperanza del movimiento de reforma.

A causa de la preocupación del emperador, la reunión anual de la dieta alemana prácticamente había dejado en manos de cada príncipe o gobernador la tarea de componer la situación religiosa por su propia mano. Para 1529, sin embargo, la situación había cambiado. Los luteranos enfrentaban una nueva crisis. Al tiempo que el emperador había derrotado ruidosamente al rey Francisco de Francia, había visto a los turcos rechazados por Viena, y había permitido que el papa fuera aprisionado por un tiempo. La dieta se reunió en Espira ese año. Presidía Fernando, hermano del emperador y un tenaz oponente del movimiento de reforma. Bajo su dirección la dieta aprobó un edicto que procuraba la completa aniquilación de la reforma luterana y la recatolización de las áreas luteranas. Una minoría protestó por este proceder, habiendo recibido desde entonces el nombre de “protestantes”. Esta es la primera aparición del nombre en la historia eclesiástica. A los luteranos se les pidió contestar el edicto dentro de un año.

La Crisis (1530).—
Al reunirse la dieta en 1530 en Augsburgo, los luteranos estaban temerosos de los eventos que vendrían. El año anterior Felipe de Hesse, uno de los príncipes luteranos, se había esforzado por conseguir una alianza militar entre los luteranos de alemania y los zwinglianos de Suiza. En la reunión de Marburgo en 1529, sin embargo, Lutero se había negado a tener ninguna clase de conexión con Zwinglio, a pesar de que el único punto de desacuerdo en la teología de los dos se centraba en la interpretación de las palabras de Jesús:

“Este es mi cuerpo.” Lutero, por supuesto, estando proscrito por el imperio, no pudo comparecer en la dieta de Augsburgo. El ayudó a Melanchton en la preparación de la confesión que fue presentada en la dieta. La confesión y la subsecuente defensa fueron rechazadas por la dieta, y a los luteranos se les dio un año para renegar de sus herejías o sentir el filo de la espada. Los príncipes luteranos formaron una alianza militar conocida como la Liga de Esmalcada. Los príncipes católicos también se habían unido para acción militar. Otra vez el emperador Carlos no creyó oportuno atacar a los luteranos. Los turcos estaban amenazando, los luteranos eran bastante fuertes, y el rey Francisco I de Francia estaba listo para pelear otra vez.

Muerte de Lutero.—
La intranquila tregua entre protestantes y católicos todavía estaba en vigor en febrero de 1546, cuando Lutero murió. La muerte de Lutero no fue un gran golpe a su movimiento. Ya otras manos habían tomado la antorcha.


LA GUERRA ESMALCALDICA Y LA PAZ DE AUGSBURGO (1555).

La Guerra Esmalcáldica estalló en 1546 cuando el papa Paulo III declaró una cruzada contra los príncipes protestantes. En un año los protestantes habían sido completamente derrotados. Sin embargo, los celos entre el emperador Carlos y el papa impidieron la inmediata destrucción de los protestantes, y en 1552 después de un período de maniobras políticas, la guerra estalló otra vez y en unos cuantos meses los protestantes recuperaron todo lo que habían perdido.

La paz de Augsburgo admitió el derecho de que existiera la religión luterana dentro del imperio. Cada príncipe debía determinar la religión de su gobierno, y si cualquiera de los súbditos deseaba una fe diferente, se le garantizaba el derecho de emigración sin pérdida del honor o de los bienes. En caso que un prelado católico deseara hacerse luterano, debía renunciar a su puesto eclesiástico para que pudiera ser llenado por Roma. En las ciudades libres donde ambas religiones tenían adherentes, a cada una se le permitiría continuar.


LA EXTENSION DEL LUTERANISMO.

Antes de 1540 la mayor parte del norte de Alemania era oficialmente luterana. En los estados vecinos, tales como Bohemia y Polonia, y en los primeros años de la Reforma en Hungría, el luteranismo era muy fuerte. Dinamarca adoptó la reforma por 1536 por sus gobernantes y por la predicación de Hans Tausen. Suecia adoptó el luteranismo en 1527, por la predicación de Olaf y Lars Petersen, de Lars Andersen y la obra del Rey Gustavo Vasa. Finlandia, un satélite sueco, adoptó el luteranismo principalmente por acción política, habiendo sido el principal predicador Miguel Agrícola.


COMPENDIO FINAL.

Fue entonces Martín Lutero el iniciador de la reforma que rompió el poder del sistema católico romano. El consiguió suficiente influencia política entre los alemanes para mantener su sistema a pesar de la coerción.

No debe olvidarse que durante los últimos años de la vida de Lutero había otros movimientos de reforma también en progreso. Ulrico Zwinglio en Zurich, Juan Calvino en Ginebra, los radicales y anabautistas en varias partes del Continente, y Enrique VIII en Inglaterra, presentan otros casos de reforma. Estos serán considerados en los siguientes capítulos.


Compendio de la Historia Cristiana
Robert A. Baker