Reforma protestante

LA PLENITUD DEL TIEMPO.

Factores políticos que colaboraron para la reforma - Factores económicos y sociales que contribuyeron a la reforma - Factores intelectuales que contribuyeron a la reforma - Factores religiosos que contribuyeron a la reforma - Lutero, el hombre - Compendio final.


La palabra “reforma” que describe la revolución del siglo XVI, es, en un sentido, un nombre inapropiado. Los eventos principales no se centran en una reforma sino en un cisma. Ciertamente los que participaron en la organización de nuevos cuerpos eclesiásticos consideraban a sus movimientos como el verdadero cristianismo entrando o dirigiéndose a su canal primitivo. En ese sentido hubo una reforma del cristianismo, no de la Curia Romana, porque la Curia se negó a ser reformada.

En los últimos meses de 1517 un monje llamado Martín Lutero, irritado por la reciente venta de indulgencias en un pueblo alemán cercano, hizo público anuncio en la puerta de la iglesia de Wittenberg que él deseaba debatir lo que la Iglesia Católica realmente pensaba acerca de las indulgencias. En esta manera más que ordinaria empezó la reforma luterana. ¿Qué fue lo que produjo comparativo éxito a los esfuerzos de Lutero cuando tantos esfuerzos previos habían fallado? ¿Estuvo en el monje, en su ambiente, en las circunstancias de su vida, en su herencia de generaciones anteriores? Estuvo en todo eso.


FACTORES POLITICOS QUE COLABORARON PARA LA REFORMA.

Prácticamente todos los cuerpos políticos de Europa contribuyeron en alguna manera al progreso del movimiento de la Reforma. En la mayoría de los casos no fue hecho a propósito. El gobierno más fuerte en Europa durante este período era España. La península se había unificado políticamente por el matrimonio en 1469 de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla y por la subsecuente conquista de áreas contiguas. El nieto de esta pareja, Carlos I, se convirtió en rey en 1516 y en 1519 fue elegido Santo Emperador Romano de la nación alemana. La última sucesión lo tituló Carlos V, y así es mejor conocido. El heredó una nación fuertemente católica, hecha así por la obra del Cardenal Jiménez, principal consejero de la reina Isabel. Jiménez había instituido una reforma de la Iglesia Católica en España que abolió los abusos papales y mucho del gobierno papal; consecuentemente, ni Carlos ni su pueblo simpatizaron con los movimientos continentales de reforma. El emperador Carlos V fue el principal enemigo de la reforma luterana y era más poderoso y aparentemente estaba más interesado en suprimirla que los papas. Electo emperador cuando sólo tenía diecinueve años, su juventud no fue notable por su frivolidad sino por un celo por restaurar la preeminencia de la antigua fe católica que sus antepasados habían seguido.

El principal rival de España durante el período de reforma era Francia. Esta nación había conseguido un fuerte gobierno central mediante la sucesión de hábiles reyes. La rivalidad entre España y Francia se encendió antes de la irrupción de l.a Reforma. Tanto el rey Fernando de España como Carlos VIII de Francia tenían pretensiones sobre el reino de Nápoles en el sur de Italia. En 1495 Carlos VIII fue coronado rey de Nápoles después de dirigir al ejército francés por el centro de Italia y derrotar al pretendiente aragonés. El rey Fernando de España decidió defender su pretensión de Nápoles y en 1504 echó fuera de Nápoles a Luis XII (1498-1515), sucesor de Carlos VIII, y ocho años después lo echó completamente fuera de Italia. Esto marcó el principio de una serie de guerras entre Francia y España, que en un sentido salvó la reforma luterana. El principal oponente de Lutero, el emperador Carlos V de España se ocupó tanto combatiendo a Francia y a los turcos que no pudo dedicarse a sofocar la revolución religiosa hasta que no tuvo suficiente fuerza política para ofrecer oposición formidable. El rey de Francia durante la mayor parte de la reforma fue Francisco I (1515) que no favoreció el movimiento de reforma tanto, pero que la ayudó considerablemente con sus contiendas políticas y militares con España.

La tercera de las monarquías centralizadas de este período fue Inglaterra. Una lucha militar por la sucesión real entre los nobles casi la eliminó como un factor político, permitiendo al nuevo rey, Enrique VII (1485-1509), gobernar con mano libre. Su hijo, Enrique VIII (1509-47), fue el soberano durante la parte principal del movimiento continental. Enrique VIII fue un acérrimo oponente de la reforma luterana durante su primera etapa. El inició un cisma con la Iglesia Romana en 1534 que era principalmente externa y gubernamental. El no se separó de la mayor parte de las doctrinas de Roma.

El cuarto poder político de Europa durante el movimiento de reforma era el Imperio. Se recordará que el Imperio Occidental fue restaurado bajo Carlomagno en el año 800 y de nuevo bajo Otto el Grande en 962. Después de la mitad del siglo XIII el imperio empezó a decaer otra vez. Una lucha literaria por el derecho a conceder la dignidad imperial (el papa contra los electores alemanes) produjo el Defensor Pacis de Marcelo de Padua. El sistema elector ganó. Aunque había controversia en pequeños estados alemanes, siete fuertes soberanos (tres eclesiásticos y cuatro seculares) habían nombrado al emperador desde 1356. Los electores eclesiásticos eran los arzobispos de Mainz, Trier y Colonia; los electores seculares eran el rey de Bohemia, el elector de Sajonia, el elector de Brandenburgo, y el conde palatino del Rin.

Por generaciones el emperador había sido escogido de la familia de los Hapsburgo. En los primeros años de la reforma el emperador era Maximiliano I (1493-1519). Felipe, el hijo de Maximiliano, se casó con Juana, la hija de Fernando e Isabel de España. Mediante los esfuerzos de Maximiliano, sus dos nietos, Carlos y Fernando, gobernaron prácticamente toda la Europa central y España, exceptuando solamente a Francia. Carlos llegó a ser rey de España mediante la sucesión de su madre, y de su padre heredó los países bajos y grandes porciones del norte y este de Europa. Fernando se casó con Ana de Bohemia, con lo cual los Hapsburgo consiguieron gobernar sobre Bohemia y Hungría. En un intenso manejo de intereses políticos, los papas y el rey de Francia, mediante sus esfuerzos por socavar el poder de los Hapsburgo, encabezados por el emperador Carlos V, se convirtieron en enemigos de su propia causa religiosa. Debe señalarse que la verdadera autoridad sobre esta vaga confederación de estados alemanes era muy limitada. Los fuertes príncipes dentro del Imperio gobernaban sus propios estados como completos soberanos, muchas veces evadiendo los deseos del emperador mediante sagacidad política. Tal situación le permitió al elector de Sajonia, por ejemplo, proteger a Lutero del enojo tanto de los papas como del emperador.

Otro poder político y militar que tuvo una parte importante al afectar el progreso de la reforma occidental fue el grupo conocido como los turcos. Después de la captura de Constantinopla en 1453, los turcos se dirigieron al norte y al occidente por los Balcanes, en un manifiesto propósito de invadir toda Europa. Durante la reforma el deseo del emperador de triturar el luteranismo fue afectado grandemente por la amenaza turca. Difícilmente podía él permitirse iniciar una guerra civil cuando los turcos parecían estar a punto de irrumpir en Europa central.

Italia tuvo poca significación política durante la reforma. Rusia se estaba convirtiendo rápidamente en un fuerte poder político, pero no tuvo participación en la reforma occidental. El cristianismo de Oriente había empezado la obra en Rusia, y después Rusia formó su propia iglesia nacional, vagamente en comunión con Constantinopla. El mundo oriental, desde Palestina hasta los Balcanes había sido invadido por los mahometanos en el período medieval, y ni influía en la reforma occidental ni era afectado por ella. Aunque no estaban directamente relacionados con el movimiento, los estados de Transilvania en el sureste del imperio y Polonia en el noreste, se vieron envueltos indirectamente, puesto que estas áreas, estando fuera de los límites del imperio, eran refugio para los caudillos disidentes.


FACTORES ECONOMICOS Y SOCIALES QUE CONTRIBUYERON A LA REFORMA.

Las nuevas normas económicas y sociales fueron muy influyentes en el fomento del movimiento de reforma. Los estados alemanes entraron en un período de transición económica y social en los siglos XIV y XV. La clase mercantil o capitalista había surgido por la industria y comercio en el área del Mediterráneo. Los descubrimientos geográficos del período abrieron un nuevo mundo económico. El descubrimiento portugués de una nueva ruta a la India y el desarrollo de las colonias proporcionó nueva oportunidad para la inversión lucrativa del capital.

Además, el descubrimiento y desarrollo de recursos minerales alemanes amenazó con suplantar los intereses agrarios, aumentando los problemas económicos y sociales. Con el retiro de muchos campesinos de las labores agrícolas, y con el aumento de la producción mineral, resultó la consecuencia económica natural de la inflación de precios de los alimentos. Peor aún: el fracaso de la cosecha en Alemania ocurrió por casi trece años sucesivos, empezando por el año 1490, y trayendo hambre y mala nutrición por todas partes. Había descontento universal. Por la necesidad de trabajo más duro por parte de los campesinos que todavía trabajaban la tierra, por el resentimiento de las clases media y alta por el alza repentina de los precios de los alimentos que nadie podía explicar ni gobernar, y por la devaluación de salarios concomitante a la inflación económica, la actitud social y económica era antagónica. Las revueltas de campesinos se volvieron comunes, particularmente después del intento de suplantar las antiguas costumbres legales alemanas por principios de derecho romano. No es de sorprender que la desordenada avaricia de la Iglesia Romana al demandar anatas, diezmos, indulgencias, etcétera, fuera considerada como tiranía.


FACTORES INTELECTUALES QUE CONTRIBUYERON A LA REFORMA.

Una razón del fracaso de los movimientos anteriores de reforma fue la escasez general de inteligencia. El temor y la superstición eran obstáculos demasiado grandes para que los venciera cualquier movimiento antipapal. El renacimiento intelectual que siguió a las cruzadas le dio un gran impulso a la ilustración popular. El desarrollo de la imprenta a mediados del siglo XV hizo posible reproducir el mensaje hablado para miles de audiencias. La reforma de Lutero no hubiera sido tan efectiva si no hubiera habido información e interés general mediante el uso de panfletos y libros. Además, el movimiento conocido como “humanismo”, aunque no siempre religioso en su énfasis, produjo ilustración y liderazgo que contribuyeron grandemente a la reforma de Lutero.

Finalmente, la actitud del hombre común hacia el papado había pasado por una profunda transformación. Es muy dudoso que Lutero o cualquiera otro se hubiera atrevido a dar los pasos que pudieran separarlo de la Iglesia Católica Romana si hubiera creído que tal cisma le resultaría en la pérdida de la salvación. Ajeno al realismo filosófico y a las pretensiones de la Iglesia Romana, se había desarrollado un concepto general de que la salvación podía obtenerse aparte del sistema romano.

Es cierto que algunos seguidores de Lutero lo abandonaron cuando él deliberadamente se apartó de la Iglesia Católica; sin embargo, el mero hecho de que las multitudes alemanas lo siguieran en un movimiento cismático, participando con él de la anatematización de la iglesia, habla de un nuevo punto de vista. Los sucesos principales que inculcaron tal concepto sólo pueden suponerse, pero es probable que el recuerdo del cisma papal haya sacudido la fe implícita de muchos en un cuerpo de Cristo visible y no quebrantado. El desafío de la excomunión papal por los gobiernos seculares reveló el sentir del pueblo y fortaleció la idea de que la salvación no descansa solamente en el sistema romano; la presencia por siglos de fuertes movimientos de disidentes como los valdenses y los Hermanos Bohemios rebajó las pretensiones romanas; y el constante conflicto entre la iglesia y el estado, de cada uno de los cuales se pensaba como una institución divina, trajo confusión y duda respecto a las pretensiones de la iglesia. Cualesquiera que hayan sido las razones, es evidente que millones estaban deseosos de dejar el cuerpo que reclamaba ser la única fuente de salvación. Estaban convencidos de que la salvación puede encontrarse en cualquier otra parte.


FACTORES RELIGIOSOS QUE CONTRIBUYERON A LA REFORMA.

Casi inseparables de los factores intelectuales descritos eran los elementos religiosos que movieron a las multitudes hacia la reforma. Algunos de los movimientos disidentes han sido descritos en el capítulo anterior. Es imposible medir la influencia ejercida por estos grupos, pero debe haber sido muy grande.Sea que se juzgue por los escasos registros disponibles, o por un intento de explicar el repentino apoyo general a las reformas de Lutero y otros, debe ser claro que o un gran fenómeno histórico ocurrió sin suficientes antecedentes o que las masas de gente estaban ampliamente preparadas para un rompimiento con la iglesia dominante antes de que Lutero y otros las llamaran. Los factores negativos indudablemente contribuyeron, tales como el extremadamente bajo tono de la religión y la moralidad en los papas inmediatamente anteriores a la reforma y los indescriptibles abusos del sistema católico romano completo tal como puede resumirse en la venta de seudoindulgencias. Es difícil de creer que sólo estos den cuenta de la gran revolución del siglo XVI.


LUTERO, EL HOMBRE.

Sin todos los factores que han sido mencionados, ni un Lutero hubiera podido realizar lo que él hizo. Hubiera corrido la misma suerte que le aconteció a Juan Huss un siglo antes. Sin embargo, se necesitaba un Lutero para realizar o unificar todos los factores que han sido mencionados. En un sentido real, Lutero combinó todos los motivos para la reforma que han sido mostrados previamente. Algunos querían una reforma con base en su devoción a la Biblia; Lutero era su hombre, porque era un sobresaliente erudito de la Biblia que trataba de amoldar su reforma alrededor de la Biblia. El patriotismo había sido un motivo de reforma; y la reforma de Lutero reunía todo el amor que un alemán podría tener por su raza y explotarlo hasta lo máximo. Muchos místicos deseaban una reforma que hiciera hincapié en la capacidad de acercarse a Dios sin sacerdotes humanos ni instituciones; Lutero leyó y publicó su literatura y habló en un lenguaje que ellos entendían. El humanismo clamaba por una reforma con base en un nuevo enfoque intelectual; Lutero simpatizaba con su punto de vista general.

Más allá de estos elementos unificadores en la vida de Lutero, él simbolizaba al campesino alemán que había sido agraviado por la tiranía papal por medio milenio. Las demandas de mucho tiempo encontraron en él un campeón que podía hablar el lenguaje de la gente. Su experiencia personal al moverse lentamente paso a paso de la protesta a la disputa, a la condenación y al cisma, probablemente constituyó el modelo de la experiencia del alemán término medio que lo siguió. Ellos lo entendían porque eran muy parecidos a él. Sin la misma clase de hombre que era Lutero, la reforma en los estados alemanes hubiera sido estorbada o tal vez imposibilitada en ese tiempo. Factores personales e históricos algo similares impulsaron a Zwinglio y a Calvino en sus áreas particulares. El tiempo estaba listo para la reforma.


COMPENDIO FINAL.

La plenitud del tiempo había llegado. La reforma estaba en las mentes de muchos y en los labios de unos pocos. Se necesitaba un iniciador para principiar con éxito una revolución contra el sistema católico romano. Lutero fue ese iniciador. Zwinglio y Calvino no estaban muy atrás.



Compendio de la Historia Cristiana
Robert A. Baker