Armando
Mejía G.

Aplausos

Aplausos es la novísima expresión física del alma con la cual se dice amén cuando se reunen como iglesia. Amén se dirá mañana con estrepitosa silbatina como expresión audible del espíritu cuando se reunan para estimularse al amor y a las buenas obras (1 Corintios 11:18; Hebreos 10:24,25).

La expresión "aplauso" ha llegado al Castellano del idioma Latín medievo. Al decir medievo se incluye el Latín del quinto siglo al siglo décimoquinto después de Cristo; aunque los términos "applaudere y applausus" son observados en la literatura moderna a partir del siglo quince. En lingüística la expresión aplauso se forma de "ad" que es añadir y de "plaudere" que es palmotear. El ser humano instintivamente ha buscado estímulo por las cosas beneficiosas que hace, y el aplauso ha sido el enlace aprobatorio común de un actor y su escena con el espectador en su audiencia. Se lee que antiguamente Pericles entre los griegos usó el término aplaudir, y citan al romano Emperador Nerón instruyendo una multitud de 5.000 aplaudidores profesionales para que le aplaudieran su actuación en el teatro; empero, cierto es que en época tardía William Shakespeare usa la voz en Hamlet al decir: "Te aplaudiera hasta el eco, y te aplaudiría otra vez: gorro frigio, manos y lenguas, aplaudidle hasta las nubes (Hamlet IV, 5-107; V, 3 -53) años 1564 a 1616.

Últimamente Max Lucado ha escrito el breve libro: "El Aplauso del Cielo" y algunos de sus muchos admiradores creen que el señor Lucado ha sido inspirado por el Espíritu Santo para introducir el aplauso como novísima parte de nuestra adoración. Quienes fomentan el aplauso en las solemnes convocaciones creen encontrar apoyo bíblico en Salmos 47:1 donde se entiende que todas las naciones se encierran en el capítulo y donde también dice: "Cantad con inteligencia" (Salmos 47:7). Antes y después del año 2002, don Francisco el conductor del televisivo programa: "Sábado Gigante" en el aplauso ha encontrado una mina de plata. Promueve el aplauso hasta el cansancio y ofrece a sus protagonistas respetables sumas de dinero por su publicidad de astucia comercial; y no hay actor, elenco o farándula en el medio que no busque el aplauso del público porque eso les da la palaciega vida.

En el pasado y en el presente se ha requerido gran respeto al lugar y al seremonialismo de adoración, y el aplauso es una interrupción al espíritu reverente y penitencial del adorador que tiene cultura. Por lo tanto deberíamos evitarlo en nuestras solemnidades.

Lo que primeramente rondó nuestra atmósfera en la adoración fue el surgimiento de coros con astucia de elegancia para atraer almas. Son estos hermanos adoradores con fruto de labios pero con el tarareo, con el onomatopéyico tañido de guitarra, el rimbombante bum bum de tambores o con muecas ensayadas para imitar sonidos de instrumentos musicales. Este pueblo de labios honra al Señor, pero los instrumentos mecánicos musicales están en sus corazones.

Enfocando otros objetivos ajenos al aplauso, se ha escrito abundantemente sobre la adoración. Con las pasiones van las sobreexcitaciones del espíritu, arrebatos que infinidad de veces han puesto al hombre en error, en desgracias y en vergüenzas. Si en lingüistica funcional pudieramos ver y hacer una marcada distinción entre: adoración y alabanza, reverencia y glorificación, veneración y loor; entonces quizá las demostraciones físicas del alma inteligente serían vistas de acuerdo a la intención de estar congregados. Si las palabras no tuvieran un origen y los escritos bíblicos no arrojaran el mejor testimonio en pro de vocablos, entonces los diccionarios modernos, no en pocos casos nos llevarían a la práctica de un sinfin de yerros en la sinonimia de términos tal como los subrayados en este párrafo.

El enlace de actos públicos de carácter eclesiástico ejecutados cuando piadosos cristianos se convocan, nos ha llevado a diagramar una forma de culto que describo seguidamente.

En el aposento alto de Jerusalén se llevó a cabo la institución de la Cena del Señor (Lucas 22:11,12).

Allí mismo en el aposento cantaron el himno, posiblemente las estrofas de los Salmos 113 y 114 (Mateo 26:30; Marcos 14:26).

Para dar realce a la importancia del enlace litúrgico, allí Jesús expuso su bien organizado discurso comprendido en los capítulos de Juan 14, 15 y 16.

Para cerrar con broche de oro la comunión con sus adherentes, en ese día y hora Jesús levanta los ojos al cielo y ora a su Padre (Juan 17:1-26).

Si la ofrenda abunda en muchas acciónes de gracia a Dios, como el Espíritu Santo lo afirma, justo ha sido que se añada a la estructura de adoración, pues para agradar a Dios la presentaron los patriarcas, los judíos después de conquistar la libertad y los cristianos (2 Corintios 9:11,12).

En la adoración sobresale el quebrantamiento de corazón, la aflicción, el sentimiento de haber ofendido a Dios y se hace aquello en gesto de humillación en busca de misericordia. En ese estado y en el santuario, los aplausos y silbatinas serían perturbaciones de mal gusto. Mas la iglesia en sus dominios domésticos y universales como familia, sacerdocio, nación, reino e imperio, en su marcha choca con un denominador que le bifurca en: 1. Reuniones como iglesia cuando se escenefican los cinco actos previamente mostrados (1 Corintios 11:18) y 2. Reuniones no como iglesia que en seguida ilustro.

El hombre siendo sociable por naturaleza y herencia (Génesis 1:26,27), si no está afectado con la austeridad de ascetas o mojigatos siempre encuentra un motivo para agruparse. Aparecen las sesiones de negocio, reuniones didácticas, citas de recreo en el arte y en el deporte, compromisos sociales en bodas y mortuorios, ágapes y retiros etc. Es obvio, por tanto, que los escogidos de Jesucristo más de una vez se congregan no como iglesia. ¿Reunidos no como iglesia, quién puede evitarles que en el alma exploten en hurras y aplausos por un acto épico o cómico? El ascetismo de estoicos, esenios, anacoretas, ermitaños y huraños no ha hallado campo en el dinamismo colectivo de los adheridos a Cristo. Entre estos de invencible fervor inteligente las asambleas reverentes son llamadas: "Servicios de Adoración". Adoración es el vocablo que en la vida sentimental y en la evolución del lenguaje va perdiendo su identidad penitencial.

La triste realidad es que en los escenarios donde se han realizado auténticas adoraciones de personajes, jamás han sido divertidas. Cruento sacrificio y tortura psicológica en la hidalguía del padre de la fe quien sacrificaría al amado único hijo en el suceso de Abrahán e Isac (Génesis 22:5). Sin tener nada pero con mucho trabajo forzado y amenazada a muerte nace la nación de Israel; cansados y abatidos "oyendo que Jehová les había visitado y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron" (Éxodo 4:31). Gemido y temor en la adoración poética de los salmos (Salmos 5:1-7). Nostalgia en las lejanías del desierto en la adoración de los profetas (Isaías 27:13). Lloro y abundancia de lágrimas en la adoración neotestamentaria (Lucas 7:38). Relámpagos y estruendos, seres vivientes sumamente extraños y entrega de coronas en la adoración apocalíptica (Apocalispsis 4:5-10). En las Sagradas Escrituras hay más de 153 insinuantes donde de una manera u otra se descubre temor o dolor antes del acto de adoración. En circunstancias de esa naturaleza, como en la muerte de un hijo amado, bajo el látigo de los tiranos, en medio de querellas familiares, nostalgia en tierra extraña y desgarramiento del alma por el pecado, no hay campo para aplausos y silbatinas. El apoyo lingüistico en este discurso, bueno es aquí desplegarlo para el ojo de gran modestia.

En estudios etimológicos se asegura que el término ADORACIÓN nos ha llegado de la palabra hebrea "shahah," que traducida es: deprimir, inclinación y postración. Ciertísimamente es que cuando la depresión sicológica invade, el cuerpo siendo instrumento del alma fielmente obedece a dictados de ella, como inclinaciones, postraciones, temblor muscular involuntario, gritos despavoridos y agitación de manos en alto; entonces todos los placeres de la carne en verdad desaparecen.

Seguidamente en la evolución del lenguaje, el término adoración es el sentimiento de hacer algo a favor de quien a nivel superior causa esos golpes emocionales para merecer sus favores, siendo el beso la acción que mayormente se traduce adoración en los estudios lexicográficos de la lengua,
aplausos
monarca para besarle. De ese modo el pueblo deprimido bajo la infame tiranía egipcia y la mujer de mal vivir humillada en casa de Simón, se echaron hacia abajo al notar la presencia de fuerzas irresistibles no de este mundo, porque adoración es: deprimir y besar (Éxodo 4:30,31; Lucas 7:38,45,50). Las fantasías de la concupiscencia y el erotismo han hecho del beso la fruta más apetecida.

Las aclamaciones de simpatía como hurras, aplausos, ¡bravos! y silbatinas quizá sean hasta saludables fuera de los recintos de adoración, pero donde hay penitentes presentando sus cuerpos en sacrifficio vivo en culto racional, las hurras, aplausos, ¡bravos! y silbatinas en pro de humanos, enferman e incomodan a gran volúmen de los respetuosos devotos con cultura.

Antes de que existieran aplausos y todas las exhibiciones físicas de las pasiones modernas, existieron alabanzas y elogios a los hacedores de maldad. En el siglo segundo de nuestra era apareció la secta disoluta de los caínitas quienes imaginaban que Dios el Creador era tan malvado a tal grado que sus leyes deberían que ser cumplidas a la inversa y los mayores enemigos de Dios como Caín, Esaú y Coré deberían ser alabados. Por ejemplo, el dominio de Caín sobre Abel era prueba clara de la impotencia de Dios. Judas Iscariote era elogiado porque se oponía a Cristo.

Dicen algunos que en la iglesia del Señor hay arcaísmos, anticuadismos, pasados de moda, estrechez de mente e inclinación al legalismo. Ante un Dios que todo lo embellece, lejos estamos de esos calidificativos que no dejan de ser tolerables injurias. ¿Qué podemos hacer para bloquear esas irreflexivas innovaciones de aplausos y silbatinas en el santuario y santas convocaciones? Lo más que puedo hacer al envejecer es: ESCRIBIR.


Armando Mejía G.
megonar1@hotmail.com
 



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