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Efesios 5: 18,19; Col. 3: 12-16
Por ser el humano un ser olvidadizo menester es la repetición de advertencias; ya sea para recordarles, ya sea para dar con nuevos discípulos o por enmiendas o innovaciones interpoladas en la exhortación. Por la persistencia de algo considerado ilícito en las reuniones de adoración en el santuario, uno se ve obligado a usar el mismo medicamento una y otra vez y cada vez mejorado, sin olvidar en ningún momento que el medicamento ha de ir endulzado para bien de los infractores y sin veredictos.
Entre diversas actividades que luminosamente el corazón hace surgir, está el cantar como una actividad de alcance universal sin historia que dicte su comienzo. De ribete he de sumar que la belleza al canto no se apartó de cantantes del pasado. Siendo Arameo, Hebreo y Griego lenguas empleadas para escribir la Biblia, afirmo que Moisés, María, David y Salomón fueron inspirados para darle realce a su cantar; entre los griegos en el melífluo cantar se destacan Hesíodo, Safo, Esquilo, Píndaro, Sófocles, etc. sin dejar de hacer notar que las utópicas musas, música introdujeron a los pueblos. Aunque el cantar desfila entre refinadas y bellas ártes en estos días; es ciertísimo también que personas corrientes individualmente en el curso de la vida, que una y más veces hayan cantado por los impulsos intituivos alborotadores de loas. La persona contemporánea no vive un día sin escuchar el cantar tirado al aire por personas cuyo cantar es un hábito donde ejerce sus deberes o por los distintos medios de comunicación como la radiofonía y la televisión.
La congregación de Dios en sus eras, la de Israel y la Iglesia, poseyó y posee el cantar como parte integral en momentos de alegría individual, en celebraciones del núcleo familiar, en solemnidades de carácter popular, sin dejar de incluir el cantar en oficios divinos en días marcados por las Sagradas Escrituras. El cantar de la iglesia tiene un carácter muy distintivo heredado del estilo litúrgico levítico en el cual se honra al Altísimo y se describen sus poderosos hechos.
Sin deseos de entrar en controversia en el desglose de Efesios 5:18 y 19. Sin intención de dogmatizar su interpretación o de incurrir en actitudes legalistas, y sin querer estirpar la tradiciosa interpretación ampliamente usada, hemos de ver que en el enlace de los dos versículos es claro que la pluma del Espírritu Santo coloca en nuestras mentes unas escenas o unos eventos fuera de los oficios divinos conocidos como servicios de adoración el primer día de la semana. El acoplamiento de las dos estipulaciones alude a momentos de placer en la vida social de los santos, donde en obediencia a otra cláusula de la ley sagrada todo debe hacerse para la gloria de Dios, y, según prohibición e instrucción de los pasajes: sin vino, sin instrumentos mecánicos musicales y hablando (1 Corintios 10:31). Al estipular hablando y cantando quedan excluidos la imitación de sonidos de instrumentos mecánicos musicales, el tarareo, el silbido, los murmullos, el bramido, el rugido, el rechinido, el chirrido, el croar, el graznido, el cacareo, el gorjeo, el relinche, el rebuzno, el bufido, el chillido, el zumbido, el ladrido, el balido, el pujido, el gemido, los quejidos y onomatopeyas, etc., por cuanto nada enseñan, nada describen, nada dicen ante tantos lenguages de elegancia.
En Colosenses 3:12-16 se percibe un acto diferente a los actos descritos en el párrafo anterior. En esas acciones se excluye el mandamiento de: "no os embriaguéis con vino", por lo cual sugiero que es la estipulación apropiada para aplicarla a oficios divinos del santuario donde también el hablar y el cantar para enseñar, exhortar y perdonar son indispensables.
En estos últimos años los agremiados en la iglesia del Señor han visto surgir grupos corales, los que en celebraciones de carácter socio-religioso son las estrellas resplandecientes, el centro de atracción al producir con sus bocas sonidos de instrumentos mecánicos musicales al cantar. Al notar sus mímicas y muecas y al escuchar el tañido de instrumentos mecánicos musicales imaginarios, no pocos se han levantado de sus asientos para abandonar el teatro de acciones en señal de disgusto y protesta aunque hayan dado señal de descorteses. Los que se van piensan que los actores irrespetan el contenido de las citas bíblicas del encabezado de este tratado, o que usan el santuario de Dios para fines de diversión o para ganarse el ruidoso aplauso de la concurrencia. En pocas palabras: Canta el coro para agradar a la iglesia que silencia tiene al frente y no para agradar a Dios.
Reuniones de buena armonía en la convivencia de los cristianos está comprobado que causan avivamiento espiritual y por consiguiente son necesarias y sumamente importantes. ¿Qué se debe hacer para evitar que los grupos corales sean abandonados en señal de repudio? ¿Cómo se puede evitar que a los hermanos que se retiran se les sirva de piedra de tropiezo?
Espero que viajen conmigo por el senderito campestre hasta llegar a la cabaña del pobre labrador.
Entre ramas y aromáticas flores de la selva se escucha el suave silbo del viento que pasa sobre arroyuelo que entre rocas y guijarros lleva un murmullo como cantando a la Flora y a su hija Primavera. Brama la mar en su embate a las rocas del precipicio y ruge la tempestad en cocoteros y en la pujante arboleda. Dos ramas rozan y rechinan al pasar el huracán que les azota cuando el chirrido de insectos en la maleza y la grieta se apaga por respeto al vendaval. Al alejarse la borrasca la noche queda en calma con el croar de ranas y sapos en las fétidas charcas del cercano riachuelo. En la negra noche uno parece ciego enmudecido con las lechuzas que surcando el espacio graznan en búsqueda de víctimas que el hambre les apaguen. Ya llegó la madrugada con alegre quiquiriquí de los gallos, el cacareo de las gallinas y se oyen felices las aves del cielo que gorjean al darle al día la bienvenida.
Llegó el día con el fragor de la vida. Impacta en las lejanías el golpe de un hacha leñera más martillos de artesanos al visitar la aldea; le sigue el ruido de carretas del boyero y de serruchos del carpintero; el chasquido de turbinas y motores encendidos y el estrépito del tren y de naves aéreas que el espacio surcan. Y otra vez, la noche en la cabaña con candelas y candiles.
Luego luego al oler la fragancia del saúco se percibe en el potrero el relinche del caballo en el pastizal. Cuando todo está en silencio va el sonoro rebuzno del burro o el amenazante bufido de bravos toros de la hacienda del latifundista. Al ir al reposo, porque a la noche la hizo Dios para que el humano la duerma, vuela por los aires el chillido de la hambrienta zorra en la colina sin faltar en la oscurana el zumbido de molestos jejenes y zancudos, y, el aullar de lobos en la pradera, es el aviso de una luna llena en el cenit. Ruge la fiera, llama al silencio y sólo ha quedado en torno a la cabaña el ladrar de perros, y de más allá llega el melancólico balar de la vaca y el buey en el matadero. ¡Noche de insomnio!
Dicen que los hombres por nada deben llorar y al evitarlo pujan como gime un niño en el resentimiento. Los quejidos en el dolor de una mujer desarmonizan con el tararear del hombre alegre y las dos almas al dormir roncaron abundantemente. Pero no hay que olvidar en el viaje a la cabaña, que el alma sabia y salva con palabras cantadas adora y alaba al Altísimo y describe sus obras estupendas.
A la imitación de sonidos se le llama: "Onomatopeya", del griego "Onoma" que quiere decir "Nombre" y de "Poiein" que quiere decir "Hacer". Ejemplos: Ñeeee hace la cabra, muuu hace la vaca, miau hace el gato, guan, guan, guan hace el perro, cucurrucucú hace la tortolita y al oír onomatopeyas corre mi corazón y hace: tac,tac,tac mientras que el reloj añade: tic-tac, tic-tac, tic-tac y las campanas siempre dando: dan- dan-dalán, dan-dalán, mientras que el hombre que se impacienta presiona el claxón y pita: pip, pip, piiiiiiiiip. Quiquiriquí, ya amaneció. ¡Cataplum! ¡Pum bumnnn!
Armando Mejía G. megonar1@hotmail.com
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