Armando
Mejía G.

De La Isla De Gomera

DE LA ISLA DE GOMERA A LA ISLA GUANAHI

     Cuando salía en busca de fortunas para Europa, a espaldas del Almirante genovés hijo de don Domenico Colombo y de doña Susana  Fontanarossa, se eleva la muy accidentada isla volcánica llamada Gomera, integrante del archipiélago de las islas Canarias en las proximidades del occidente norte de África. Frente al navegante Cristóforo Colombo está la infinidad de las aguas jamás surcadas por marinero alguno, donde la vista se pierde en el horizonte y la imaginación se abulta en lo ignoto. De acuerdo a las creencias supersticiosas son aguas de un mar tenebroso, donde en el más allá, de la profundidad de las aguas surge una mano inmensa del demonio y donde vuela el pájaro Roc que arrebata a los navíos para hundirlos en el inmenso abismo. Dicen las leyendas que por esos lugares desconocidos está un país de hombres gigantes y de hombres monstruos, donde las aguas del dicho mar dan vida a los dragones. Son tierras y aguas fabulosas con cielos sin nubes y con el aire atmosférico perfumado. Cristóforo, ignorando los mitos, leyendas y fábulas de viejas, optó por aceptar las premisas aristotélicas basada en los eclipses para suponer que la tierra podría tener forma esférica.

     Aunque la biblioteca colombina de viaje no carecía de Biblia, no hay indicio alguno que el señor Colombo haya especulado sobre términos sacros tal como: a) Cuelga la tierra sobre nada (Job 26:7); b) Rodear la tierra (Job 1:7,; 2:2); c) Circuito del cielo (Job 22:14); d) Círculo sobre las faz del abismo (Proverbios 8:27; e) Círculo de la tierra (Isaías 40:22); f) Rueda de la creación (Santiago 3:6).

     Mas persuadido por la esfericidad de la tierra, posiblemente por haber leído y visto un mapa del matemático y astrónomo Paolo del Pozzo Toscanelli, mapa en el que figura el Océano Atlántico uniendo a Asia con Europa sin América y sin el Océano Pacífico en medio. Persuadido de ese modo, después de una estadía en su viaje en la isla de Gomera para reparar el timón de la Pinta, el 6 de septiembre de 1942, se hace otra vez a la mar cara a lo desconocido, frente a lo misterioso,  con el rostro hacia el peligro.

     Han surcado las aguas mar adentro por 16 días sin preocupaciones bajo un clima benigno. Fue a fines de septiembre cuando la tripulación entró en dudas, y según reportes no confirmados, Colombo, con engatusamientos y amenazas calmó los ánimos para abortar un amotinamiento fatal.

     ¡Y qué fulgurante analogía tripartita se desprende de aquellos momentos de incertidumbre! Cristóforo es un nombre compuesto de dos términos griegos, a saber: Christo igual a Cristo y foro igual a llevar. Dando lustre y belleza a esos dos términos enlazados se obtiene éste significado: “El que lleva a Cristo”. Y no muy lejos de Cristóforo (Cristóbal) va un marinero llamado Pedro, y en La Pinta, otro marinero que se llama Juan. Cristóbal, Pedro y Juan. Cristóbal y Pedro en la noche del 11 al 12 de octubre observaron una luz. Es la luz de los tainos, el faro de un fantástico continente, la luz de la esperanza, la luz de las glorias venideras para España, la luz del Nuevo Mundo. ¿Qué no una luz más potente resplandeció al Pedro y al Juan de la Biblia?

     En la madrugada del 12 de octubre de 1492, 36 días después de haber levantado ancla en Gomera, Juan el marinero de la carabela “La Pinta” lanza el deseado grito: “TIERRA”. Con aquel portentoso grito de Juan Rodrigo de Triana, América había sido descubierta.

     La primer Isla que se ofreció a los ojos de los españoles, fue la llamada por los naturales, Guanahaní a la que Colón tuvo a bien llamar, San Salvador, la que también es conocida como Watling. Guanahaní para los tainos, San Salvador para Cristóbal porque los peligros de la fabuloso mano del Demonio, los del pájaro Roc y los de amotinamiento habían pasado. Lleva el nombre tardío de Watling, porque se dice que Watling fue un jefe de piratas, quien siendo sabático y habiéndose apoderado de la isla, él azotó a la tripulación que no guardaban el sábado de los judaizantes.

     Testifica el navegante Cristóbal que Guanahaní estaba habitada por almas dadas a la agricultura bajo una atmósfera de paz. Sin prédica de profeta, sin doctrina de apóstol y sin versos de poeta, por la naturaleza misma sabían que el que no siembra no cosecha, y el que no trabaja bueno es que no coma. Como al incansable viajero Pablo apóstol, vivían una paz virgen entre ellos y no y no ofrecieron violencia a los que más tarde arruinarían sus vidas, pues intuitivamente obedecían ésta cláusula del Espíritu Santo: “Si es posible, en cuando dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres (Romanos 12:18). Ante el mundo sigue diciendo el almirante: Los tinos aman a sus semejantes, como a ellos mismos. Esa es la primera impresión que se ofreció a los ojos de aquellas tres tripulaciones. Es una vida ampliamente recomendada ampliamente en los escritos de las Sagradas Escrituras, pero poco practicada por los imperialistas expansionistas, mas ya vivida por los pueblos guanahaninos sin conocer Biblia alguna. “El habla de los taínos” –continúa Colón- es el más dulce y más apacible del mundo”. Únicamente cristianos ejemplares de corazones fundidos con la sangre de Jesucristo y templados con el amor de Dios, arrojan con fluidez el habla de los taínos que conocieron los españoles el 12 de octubre de 1492. Prosigue el hombre de Italia: “Los taínos cuando hablan siempre hablan con una sonrisa.

     Las caras propensas al mal humor brillaban por la ausencia, y los rostros de arrogantes malencarados  no hicieron uso de presencia. Hubo semblantes color canela porque el sol les dio su brochazo, y la blancura dental señoreaba entre aquellos labios cándidos. La dulce mirada de los guanahanimos transmitió confianza plena  a los visitantes de Europa sedientos de oro y de grandes latifundios.

     ¡Ay, de los guanahaninos! ¡Ay de los primeros corderitos llevados al matadero! Fueron secuestrados y no hubo quien ofreciera rescate por ellos. Los pacíficos, los que se amaban unos a otros, los de habla dulce y cortés, los de sonrisa cándida; de SAGRADA LIBERTAD pasaron al fatídico exterminio y esclavitud “para la grandísima gloria de Dios y para beneficio de la corona de España”. ¡Qué ironía! ¡Qué blasfemia! Así, con la guía de de seis taínos privilegiados descubren otras islas menores, después descubren Cuba, Haití y República Dominicana.

     En quien circula sangre guaraní, araucana, inca, maya, azteca y taína, en el cristianismo de autenticidad, no hacemos más que decirle al justo Juez: “Perdona a los españoles papistas porque no supieron lo que hicieron”. Líbrales Señor del yugo del papado vaticano que todavía tiraniza sus almas.

     Escribe un indígena pipil, rama de los mayas. Soy de Analquito, departamento de Cuscatlán, El Salvador.


Armando Mejía G.
megonar1@hotmail.com
 



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