Armando
Mejía G.

En la frontera

Marcos 10:21; Lucas 18:22

El sufrimiento por las inclemencias nos ha hecho abandonar la tierra donde hemos nacido. La miseria es amplia en muchos países del mundo, pero hay una élite en la opulencia que goza de todas las riquezas de una región. La falta de pan, vestimentas, vivienda, medicinas y educación causa las guerras entre pobres y ricos y se aumenta la miseria en persecuciones políticas y mortandad.

Pero Dios, bendito él sea, a través de los tiempos ha establecido regiones de abundancia, paz y progreso que han servido de amortiguación y oasis a los miserables y perseguidos. Dice la Escritura: “Y hubo hambre en todos los países, mas en la tierra de Egipto había pan (Génesis 41:54). Egipto al principio fue benevolente a José y al pueblo de Israel. Las fértiles regiones de Canaán antes de Egipto fueron benevolentes a Abrahán, Isaac y Jacob. Las inmensas tierras estadounidenses han sido benebolentes a mucha gente del mundo entero que sufre en la miseria y la persecución política.

En el hambre y la persecución hay un desequilibrio mental. El desequilibrio es ya un desorden psíquico. El que gana un dólar para comprar pan, usa su dólar para comprar aguardiente y así toma todos los vicios en una sociedad. Payín fue un familiar y compañero mío. En el alcoholismo, Payín constantemente cruzaba todas las fronteras, desde El Salvador hasta Nuevo Laredo. Varias veces llegaba Payín a Matamoros, a Laredo y a Juárez. En su embriaguez, de lejos miraba Brownsville, Laredo y El Paso. A la distancia observaba las naves aéreas que vertiginosamente volaban, y contemplaba los elicópteros que la frontera vigilaban. De lejos miraba Payín las ciudades norteamericanas pero nunca en el delirium tremens pudo cruzar el Río Bravo. Posiblemente en peor miseria que en El Salvador murió solo, triste y abandonado.

Damos distintos nombres a la ciudad que vamos buscando: a) Por un lado le llamamos la “Ciudad de las Luces”, y es posible porque la gloria de Dios la ilumina y desaparecen las clases sociales. Apocalípsis 21:23 dice: “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera”. Le llamanos la “Ciudad del Sol” como Tomás Campanella (1568-1639) que pensaba en una ciudad cosmopolita justa bajo el sol y en la tierra. Le llamamos la “Ciudad Eterna”. Eterna porque en ella no hay pecado y donde no hay pecado no hay muerte. Le decimos la “Ciudad de Dios” y para ella vamos haciendo estaciones, y no sería justo que nos quedaramos en los límites de la población santa. ¿Qué usted haría por entrar al centro de la ciudad del Dios eterno?


I. VENDEN TODO LO QUE POSEEN PARA PAGAR A QUIEN LES INTRODUZCA A LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA.


a) Venden sus casitas que les ha costado trabajo construirla o es la única herencia que de sus padres obtuvieron. Se deshacen de su vaquita, de sus marranos y de sus gallinas.
b) La esposa y los hijos los deja en casa de familiares que pronto se separan porque no pudieron vivir juntos.
c) Nostálgico sale con lágrimas en los ojos porque deja lo más querido. Dice que va para Los Estados Unidos.
d) En el camino les roban, les pegan y si son mujeres las violan donde la ley del malhechor es la que rige. Sufren tantas fechorías en aquellos caminos de montañas y desiertos para llegar a Matamoros, a Laredo, a Juárez y a Tijuana. Y allí se quedaron para vivir de la caridad pública añorando aquello que en casa tenían. No vale la pena tanto sufrimiento para llegar a la frontera. El triunfo sería entrar a Estados Unidos y tesoneramente trabajar para prosperar.

Estamos en una nación en la cual las inmensas mayorías han llegado de Europa, de África, de América Latina, de Asia y de Australia. Realmente los únicos verdaderos dueños de éstas regiones son los navajos, los hopis, los comanches, los apaches, los dakotas y demás autóctonos del territorio.


II. ¿QUÉ DEBEMOS HACER PARA ENTRAR A LA TIERRA PROMETIDA?
 

Si al frente de los que han hecho algo ponemos a Moisés, Moisés nos aventajaría en casos y formas para conquistar aquella tierra que tanto anhelaban, pues Dios, Dios se las había señalado; y no lo consiguió.

En el viaje a conquistar la tierra de promisión Moisés tiene tanta popoluaridad y poder que celebra la pascua en Egipto, y tiene capacidad de concentrar a las grandes masas humanas para marchar en unidad. ¿Cómo pudo concentrar a tanta gente de fe y creyentes en él? Guiados por Moisés salen en una primavera cuando la vegetación florece, son abundantes las aguas en los riachuelos y las aves de los cielos alegremente cantan. Guiados por Moisés cruzan el Mar Rojo y aquellas multitudes celebran la libertad que por muchos años habían deseado. En tiempo de Moisés viene la lluvia de pan que llamamos maná y vienen cansadas de volar sobre el mar las codornices, a caer en el campamento. Moisés se entrevista con Dios y recibe las dos tablas de la ley. Moisés da golpes en las peñas, salen aguas de ellas y bebe el pueblo y el ganado para apaciguar la sed que les mataba. Pero en la escena de las aguas para el pueblo, el gran dirigente cometió un pequeño error, y por eso él oyó estas palabras: “Por cuanto pecasteis contra mí –le dice Dios- en medio de los hijos de Israel en las aguas de Meriba de Cades, en el desierto de Zin; porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel. Verás, por tanto, delante de ti la tierra; mas no entrarás allá, a la tierra que doy a los hijos de Israel (Deuteronomio 32:51,52). Dios dijo a Moisés: “hablad a la peña a vista de ellos” (la congregación) y Moisés (y Moisés) fue y habló a la congregación y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? (Números 20:10). Se presume que ése fuel el pecado. Fue un estallido en la arrogancia, un arrebato en el temperamento. Salmos 106:32 y 33 dice: “También le irritaron en las aguas de Meriba ; y le fue mal a Moisés por causa de ellos, porque hicieron rebelar su espíritu, y habló precipitadamente con sus labios”. Llega aquel caudillo a las fronteras. Sube al monte Nebo, a la cumbre de Pisga, que está frente a Jericó; y le mostró Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan. Y le dijo: Esta es la tierra que juré a Abrahán, a Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá. Y murió allí Moisés (Deuteronomio 34:4,5). Aquella Canaán fue tierra tan corriente como las tierras estadounidenses, con la excepción que había viñedos, higuerales, colmenares y abundante ganado, y por ello era llamada, tierra en la cual fluye leche y miel. Citando el nuevo Testamento, Hebreos 11:13 y 16 dice: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; perque les ha preparado una ciudad. ¿No les inquieta que Moisés después de hacer tanto no haya heredado la tierra de Canaán por un pequeño deliz? 40 años de sufrimiento con el pueblo y únicamente llegó a la frontera.


III. HAY OTRO QUE NO HIZO MISERICORDIA EN VIDA (Lucas 16:19-26).


De aquí alcanzo a ver la vida palaciega de la ciudad de Abrahán y Lázaro en su seno. Con Abrahán en la ciudad eterna, se engalana con luces navideñas en todo tiempo. Ondean las banderas de libertad en aquel día sin tarde y sin noches. La música son seres extraterrestres que cantan sublimes melodías que alaban al Dios de Israel. Allá no hay personas feas ni hay personas pobres, no hay analfabetas ni letrados y las razas desaparecen. De aquella frontera el rico vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno (Lucas 16:23).

Lo lamentable del cuadro es que el sufrimiento del rico está con una frontera más temible que el Río Bravo donde posiblemente murió Payín y que la cumbre de Pisga donde murió Moisés. Es un cañón muy profundo, un abismo sin fin y sufre el rico de sed. Al parecer el rico fue puesto al lado de aquellos que gozándose en esta tierra con los borrachos, golpeaba a sus consiervos y fue castigado duramente y puesta su parte con los hipócritas. Allá es donde estaba el lloro y el crujir de dientes (Mateo 24:51). El rico, es la auténtica escena de Apocalipsis 14:10 donde dice: “Él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del cordero”. Hemos visto en vibrante fiesta a Lázaro a un lado; y en sufrimiento indecible al rico licencioso que dice: “Padre Abrahán, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama (Lucas 16:24).

Abraham no ha llegado a la ciudad eterna para dar alivio. El único que da alivio es Dios. El rico, la petición la hizo después de muerto. Contesta Abraham: hay una gran sima, un gran cañón, una gran profundidad entre nosotros y vosotros. No puedo.

Por más que el santo pueblo quiera hacer por salvar a un ser humano, nosotros no podemos hacer nada. La decisión de salvarse la toma el pecador. Obedeciendo a Jesús y haciendo misericordia con los que sufren. Llegó el rico a la frontera para ver a Abraham y a Lázaro.


IV. NO ESTÁIS LEJOS DEL REINO DE DIOS JOVEN RICO Y PRINCIPAL (Mateo 19:16-30; Marcos 10:17-22; Lucas 18:18-22.


La escena que nos presenta este hombre nos describe que él era un rico que gozaba de solvencia económica pero no estaba contento con la abundancia que poseía. Le había llegado la fortuna, posiblemente del trabajo y sudor de los obreros que dejan sus vidas en los campos agrícolas. Los ricos acumulan los cereales que le hacen falta a la pobretería, y en quesos de distintas marcas acaparan la leche que carecen los niños en el mundo. Se viste de ropas flamantes, mientras que los que levantan la cosecha se visten de las tiendas de segunda o se ponen andrajos y harapos. El rico se hace de castillos en la ciudad y de mansiones con playa privadas en las riberas de los mares, lagos y ríos; y ve que jornaleros y artesanos viven en las calles y casas de cartón. En su opulencia el rico no había encontrado felicidad.

¿Qué pasa con ese joven rico que va corriendo al encuentro, al encuentro con Jesús? Gozaba de la flor de la juventud cuando las oportunidades de perderse en la hojarasca del mundo son abundantes. Él está salvo de la pobreza, salvo de enfermedades y salvo de amos y señores que le exasperen, y busca a Jesús en busca de la salvación. Después de ser rico y joven quiere tener vida eterna. ¿Y dónde está aquella persona que no quiere la salvación del alma? Buscó primeramente el joven rico el reino de los cielos, pero nada le sería añadido porque él lo tenía todo en la vida.

Ese protagonista de la escena era un reverente principal de las sinagogas porque lo primero que hizo fue arrodillarse ante el Señor. Los principales de las sinagogas tenían que conocer bastante bien la ley de Moisés y a eso se debe que conocía y había guardado los diez mandamientos. ¿Qué le parece un rico infeliz, joven inquieto molesto y religioso principal descontento buscando a Jesús? Al fin, así como estaba, puesto de rodillas y humillado en medio de la gente hace la pregunta: ¿Qué bien haré para tener vida eterna? ¿Qué haré para heredar la vida eterna? (Mateo19:16; Marcos10:17; Lucas 18:18).

Los mandamientos sabes. Es una afirmación, pero yo respondo ¿cómo no los voy a saber si soy principal de la sinagoga? Sé que no hay que adulterar, porque los adúlteros no herederán el reino de Dios. Sé que no hay que matar porque la vida la da Dios y él es el que la quita. Sé que no hay que hurtar; si soy rico es porque heredé de mis padres las riquezas. Sé que no hay que decir falso testimonio porque los falsos testigos condenan al justo y salvan al criminal. Sé que hay que evitar el fraude porque el defraude es un robo con disfraz y sutil. Termina el principal diciendo: Honro a padre y a madre. Entonces Jesús mirándole le amó, y le dijo: Una cosa te hace falta rico. Una cosa. Una cosa te hace falta joven. Una cosa te hace falta principal para obtener la vida eterna. Anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoros en el cielo. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas poseciones, era muy rico (Marcos 10:21,22). A los ojos de aquella sociedad en que vivía el rico, joven y principal era muy bueno; pero ¡ay hermanos! a él no le importaban los pobres. No le importaba su prójimo. Por una cosa no entró a la ciudad eterna. ¿Llegó el rico, joven y principal a la frontera o no llegó?


V. EL FARSEO ESCRIBA SABIO QUE ADMITE
LA UNION DE LA VIDA EN EL AMOR.


Por la secuencia de argumentos entre distintos grupos sociales se deduce que éste fariseo había estado presente en las disputas anteriores. Comienzan a poner en tela de juicio la autoridad de Jesús. Principales sacerdotes, escribas y ancianos le preguntan: ¿Con qué autoridad y quién te dio autoridad para hacer estas cosas? Les voy a responder, pero primero contesten ustedes: El bautismo de Juan: ¿era del cielo o de los hombres? Aquel grupo de la alta sociedad contesta: “No sabemos”. Aquel grupo queda afuera de combate (Marcos 11:33). A continuación ellos le envían algunos de los fariseos y de los herodianos para que le sorprendan en alguna palabra y le preguntan: ¿Es lícito dar tributo a Cesar, o no? ¿Daremos, o no daremos? Él les pidió una moneda y le dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Los fariseos y herodianos responden: De César. Jesús les dijo: Dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios (Marcos 12:17). En vez de argumentar, los fariseos y herodianos quedaron maravillados con la respuesta. Los fariseos y herodianos quedan incapacitados delante del Señor. En tercera escena siguen los saduceos y comienzan la narrativa. “Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia; el segundo y el tercero de la misma manera. Y así los siete, y no dejando descendencia; y después de todos murió la mujer. En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer? Jesús les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? Porque cuando resuciten de los muertos, no se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos. Así que vosotros saduceos mucho erráis (Marcos 12:18-27) y de ese modo, pues, son combatientes que quedan desarmados.

Aquellas contiendas es la que el fariseo había observado. ¿A quién no le gustan los debates? Los debates políticos y religiosos hacen grandes aclaraciones sociales. Se acerca el fariseo y le pregunta al Señor: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? ¿cuál es el primer mandamiento de todos? “El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos (Marcos 12:28-31). El escriba entonces dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho. Viendo Jesús que el escriba fariseo había respondido sabiamente, le dijo: Nos estás lejos del reino de Dios (Marcos 12:34). Digo que en los debates se hacen aclaraciones sociales, porque al rico se le dijo: Una cosa te falta para heredar la vida eterna: vende lo que tiene, y dalos a los pobres y tendrás tesoros en el cielo. A este fariseo se le dice: No estáis lejos del reino de Dios. El reino de Dios es una institución donde los ricos (los ricos) venden todo lo que tienen y lo dan a los pobres para que haya igualdad y exista un reino rico en vez de un hombre con mucha poseciones. Cuando el amor es entrañable para Dios y para nuestros semejantes no duele compartir y eso es lo que el pueblo santo hizo al principio de la iglesia. Dice Hechos 2:44,45: “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno”. Eso es, estimables hermanos míos el amor a nuestros prójimos como a uno mismo, y a eso se debe que a uno se le dice: Una cosa te hace falta: Vende lo que tienes y dalo a los pobres. Los pobres no son mendigos ni son borrachines del callejón que van a despilfarrar lo que se les dé, sino que van a invertirlo en la educación, en la agricultura, en la artesanía, en la productividad. No estáis lejos del reino de Dios. Del reino rico en la tierra y rico en los cielos porque allá están nuestros tesoros. Una cosa te hace falta y no estás lejos del reino de Dios. Has llegado a la frontera.


VI. UN REY QUE LLEGA LA FRONTERA (Hechos 26:26-28).


Agripa es de la genealogía de Herodes. Herodes juega un papel de importancia entre la religión judaica y el cristianismo, y todos los reyes herodianos conocían la ley y los profetas. No se niega que tenían talentos sobresalientes, pero fue una familia indeseable en las dos religiones. Por eso el rey Agripa conocía las predicciones de la ley y los profetas porque era un judío de distinción. Imagínense ustedes un rey repartiendo sus tesoros y bienes a los pobres, y los pobres educandose en todo, invirtiendo en la agricultura, en la artesanía y en la industria. ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano. Agripa llegó cerca. En cuanto a persuación llegó a las fronteras pero de allí con evasivas volvió al mismo viejo lugar de corrupción y vicios (Hechos 26:27,28).


¿QUIÉN DE TODA LA AUDIENCIA DE INMIGRANTES VENDERÍA
TODO LO QUE POSEE POR CRISTO JESÚS?


Jesucristo se entregó todo él por darnos salvación. Dejó sus sublimes mansiones, su altar galáctico estrellado, su música de seres extraterrestres. Dejó a su propio padre; por venir a darnos salvación. ¿No ven ustedes que los inmigrantes centro y sudamericanos venden todo lo que tienen para pagar quién les introduzca en Los Estados Unidos? ¿Qué hace, por la salvación de su alma? El ilustre Moisés hizo tantas cosas por vivir en la tierra prometida, y un segundo de explosión de su carácter, fue suficiente para que se quedara en la frontera. ¿Espera ver gozar a los fieles de lejos con Abrahán, y sufrir usted el tormento eterno como el rico sin misericordia? Quizá, bueno sea, que haga misericordia con usted mismo, y pida perdón de lo que haya hecho y el Señor le perdonará. El joven rico principal, mucho había hecho por la eternidad, pero no le fue suficiente. Se requirió coligarse con los pobres y seguir de cerca a Jesús. El otro no estaba lejos del reino, pero no había entrado a la patria donde no hay diferencias sociales. Agripa dijo, por poco me persuades a ser cristiano. Pero eso poco, le hizo falta. Con modestia absoluta he de decirles que tengo especial cariño a los denominacionales del presente, porque ellos han llegado a la frontera del reino; y muchos ahí piensan morir como Payín que murió en Matamoros, Laredo o Juárez añorando entrar a Estados Unidos. ¿Piensa morir usted fuera del reino de Dios? Librado usted de las tinieblas, usted es traladado al reino de su amado Hijo. Deje usted la frontera, entre usted a la ciudad de Dios que hoy llamamos: Iglesia de Cristo.


Armando Mejía G.
megonar1@hotmail.com
 



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