Armando
Mejía G.

La Iglesia

         El vocablo “iglesia” desde hace mucho tiempo ha invadido un sin número de pueblos del mundo católico y protestante, contagiando así, hasta los de mayor apego a las Escrituras Santas. Usan el término para la corporación del romanismo y para las filiales del protestantismo surgido de los reformadores de la época; pero poco o nada hablan o escriben del verdadero orígen filológico de tan soberana institución entre los griegos.

         “Ekklesía” era la asamblea, literalmente, los “llamados fuera o seleccionados”, disponible a todo hombre ateniense mayor de 18 años de edad. Regularmente sesionaban cuatro veces por mes, de las cuales, una sesión era llamada: “la iglesia soberana”, con una agenda previamente arreglada. Esta sesión podía posponerse para otra ocasión que escogieran. Esa “asamblea” era el cuerpo soberano del estado. Votaba la iglesia en cualquier asunto serio, y seleccionaba a los oficiales más importantes de la misma. La agenda a discutir la hacía el “consejo” que se formaba de 500 miembros, pero la iglesia podría rehusar lo propuesto y pedir al consejo a que hiciera lo que la iglesia pedía. Originalmente se congregaban en la Ágora; con los años adoptaron reunirse en el Pnix.

         Varios años después de transferida la iglesia del pnix a la iglesia del templo jerosolimitano, ha sido refulgente la singularidad de una iglesia en cada ciudad, y la pluralidad doméstica en esos días estuvo oculta, hasta que la apostasía en el ramo hizo su aparición. Sin refutación justa, han sostenido que a la iglesia se añaden los libres del pecado; como a los libres del yugo de las tiranías materiales, se añadían los sabios de Grecia. Se entiende que nuestro lenguaje se ha plagado de un léxico etimológicamente corrupto, y que sin reflexión lo usamos porque todo mundo lo usa. Si la corporación del romanismo, luteranismo, etc. son iglesias, ¿añáde el Señor salvos a ellas? Me atrevo a asegurar que sí, a los niños que no saben ni el bien ni el mal, pero los añadidos no son añadidos a la iglesia, sino a algo de más extensión conocido como “reino”. He ahí, la diferencia de iglesia y reino, si queremos ser cuidadosos al hablar y escribir. ¡Ah, si sólo pudieramos tener una clara definición de lo que es iglesia, reino e imperio! Esos tres organismos se encuentran plenamente distinguibles en los escritos sagrados.


Armando Mejía G.
megonar1@hotmail.com
 



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