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Todo cuanto hay de verdadero en la vida, de noble ante el que involuntariamente yerra, de justo en los tratos, de amable en las maneras, de honorable en los actos; todo cuanto sea virtud o cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta (Filipenses 4:8).
En medio de males que por naturaleza nos rodean, tal como el virus gripal, las bacterias causantes de diferentes enfermedades, la contaminación ambiental con hollín y otras materias de humos industriales (smog) de grandes urbes; en medio de males que por causa del hombre se realizan como hechos de envidia, la calumnia, los chismes, los hurtos y los asesinatos; el hombre por herencia en la sobrevivencia tiene la tendencia de buscarle un mejor sentido a la vida y perfeccionar su existencia en la tierra aboliendo aquello que le es perjudicial. A un vivir orgánicamente sin infecciones, sin enfermedades, higiénico, y bien alimentado hemos llamado: Salud. A un vivir del alma sin practicar vicios, al abolir toda especie de maldad de las pasiones de la carne y ejercitar el bien, hemos llamado: Virtud. De modo que salud y virtud son fuerzas; la salud es una potencia en el cuerpo; la virtud es un poder en el alma. La salud física está en manos de médicos y sus medicamentos; las virtudes del alma está en manos de evangelistas y moralistas, entre los cuales mientras vivamos estamos nosotros los integrantes del pueblo santo; y, ¡cuánto yo diera porque hombres y mujeres tuvieran todas las virtudes en sus vidas, como los enfermos del cuerpo tienen medicinas que les curan! Luego al decir todas las virtudes, ilustrativamente les digo de doce que he llegado a descubrir las que distribuyo seguidamente, exhibiéndolas como quien en la feria despliega un producto que quiere vender. Si entre los ágiles lectores alguien descubre otras después de las doce, que le sirvan de complemento en su síntesis.
Sin haber sido educados en escuelas de alto nivel conocemos las gráficas naturales del tiempo, las hipotéticas demarcaciones orientadoras de la tierra y las reglas matemáticas. Se dice: primavera, verano, otoño e invierno; el norte, el sur, el oriente y el occidente; en Matemáticas: la suma, la multiplicación, la resta y la división; y cuatro en cada grupo es el resultado de la suma. De la misma manera, coexisten cuatro virtudes fundamentales, las cuales después de Dios, si se practican, hacen a los hombres sumamente buenos y felices.
De las cuatro virtudes, encabeza con diadema de perlas la PRUDENCIA, la que también es conocida como sabiduría. En la multitud de cosas la prudencia nos hace distinguir lo bueno de la malo, y si se distingue claramente una cosa de la otra, se decide, o hacer el bien o hacer el mal, mas ha de saberse que quien aborrece la prudencia ama la muerte e ilustro. El hombre inconscientemente, falto de sabiduría, a cambio de vasos de jugo y leche, usualmente ofrece a sus amigos copas y más copas, botellas y más botellas de cerveza y aguardiente, aunque sus hijos y esposa vivan en estados espantosos de miseria, y aunque mañana él mismo de tanto beber sufra de delirium tremens, sea encarcelado y hasta pierda su vida en la riña al calor de la copas. Dije: "Quien aborrece la prudencia ama la muerte". La prudencia es la regla recta de la acción. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. Antes de Platón, quien por Sócrates escribe de la prudencia, Salomón, hijo del pueblo santo había escrito ampliamente de ella en el libro de Proverbios. Aunque sin elevarme tanto y sin profundizar mucho, ya les presenté la primer virtud, y ella tiene el poder de llevarles al inicio del camino que llevan los hombres buenos y felices. Fui imprudente si hoy, mil cosas sufro; por mi hablar, aunque verdad: ¡transparente! Si hiciera el juego al ponderante: ¡Excelente! Hermano, en mi hablar, clarividencia uso.
En la línea de lo que vengo enarbolando, el segundo lugar corresponde a la JUSTICIA que desfila ante nuestros ojos ciega, con corona y espada, seguida de fuerzas policiales y de honorables jueces. La justicia, amigos, es como un cielo estrellado que suelta pocos justos y muchos justificados. "No hay justo, ni aun uno", pero justificados legal o ilegalmente hay muchos. ¿Quién, en verdad, va a justificarse para ser justo? El juez de justicia lo determinará.
Esa virtud nos instruye a reconocer los derechos de cada uno de nuestros semejantes y respetarlos. La justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y el bien común. La voluntad de Dios hace a cada una de las personas con sus características físicas y con sus dotes intelectuales. A una la creó con admirable belleza física pero poco genial, a la otra la hizo sumamente inteligente pero de apariencia según la opinión del hombre, no muy encantadora, mas una y la otra contribuyen en el bienestar de la familia humana, y una y la otra conociendo la justicia deberían honrarse. Allí muere la codicia, la denigración, los celos, la calumnia y el chisme. Quedan abolidos los fraudes, las medidas falsas, las artimañas comerciales y la competetencia. Usted sin injusticia contra ella y ella sin ilegalidad hacia usted, han dado un paso más en el camino que hace a hombres cultos y alegres. "No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justica juzgarás a tu prójimo" (Levíticos 19:15).
En la lucha destruyendo lo malo para edificar el bien, la FORTALEZA viene a ocupar este lugar tercero, y persiste en acciones prudentes y justas ante los obstáculos que nos aparecen en la vida. Fortaleza en Castellano, se presta para inferir a ese cuerpo que levanta objetos o a la mente o espíritu que nos mueve a hacer buenas obras. Más bien yo me inclino a interpretar la fortaleza a la fuerza del alma, porque el alma usa su cuerpo humano como su instrumento, e indudablemente eso con poder de usar (alma), dialécticamente es superior a eso que es usado (el cuerpo). La mente ordena al cuerpo: "levanta el objeto" y la fortaleza de mi cuerpo levanta la cosa. El corazón, alma y mente aman, pero si no tienen pies, manos y boca como siervos que físicamente lo demuestren, no pueden hacer el bien que quieren. Si su corazón, alma y mente quieren servir; también sus pies, manos y boca servirán, y a esa fuerza bien podríamos llamar: voluntad. La fortaleza es la virtud moral, que asegura en las dificultades, la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. Decía un salmista anónimo: "Mi fortaleza y mi cántico es Jehová, y él me ha sido por salvación (Salmos 118:14).
De los cuatro poderes (Virtudes Cardinales) únicamente nos va quedando la TEMPLANZA. Templanza es la armonía de todas las partes del alma en concordia con el razonamiento. Al entrar en razonamiento nos sorprenden los ciclos de la vida; al tiempo que surgen irresistibles apetitos, pasiones salvajes de la carne, ganas descontroladas en la soledad, hambres sin freno en la sociedad; e ahí el agua fría, la templanza y oración para eliminar esas agresiones a nuestro ser. El seductor tiene el poderoso caballero señor don dinero y la boca viciada nuestra exige una cerveza o un trago de aguardiente; la música suena con sus címbalos y tambores al son de guitarrones y la carne le pide baile; la mujer encantadora camina sensualmente coqueteando, y los impúdicos labios se deshacen por decirle algo. Si ante el trago bacanal, el lascivo baile y la seductora mujer, la carne y los labios se abstienen de lo que el apetito desordenado les pide, ustedes entonces han aplicado la templanza y han vencido. En las pasiones y el desorden se enriquece el empresario licorero, y se esfuma, amigo, su pequeño salario. La templanza es la virtud que modera la atracción de los placeres y busca el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los institntos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar para seguir las pasiones de su corazón. Entre el discipulado de Cristo, dominio propio o templanza es fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:23 y 2 Pedro 1:6).
Debido a tres magistrados gobernando Roma, de uno de ellos se decía: "TriumVIR", es decir parte del "TriumVIRum" o Triunvirato. Cuando los años comenzaban con marzo, Roma era gobernada por diez hombres. De ahí es que se desprende septemVIR, OctoVIR, novemVIR y dicemVIR, palabras que mentalmente las podemos construir. En resúmen obtenemos a "VIR" por "hombre" más la magistratura: "hombre con poderes". De esa raíz nos ha llegado la palabra VIRtud que tiene poderes en formas diversas en nuestra circunferencia cerebral. El siguiente grupo de virtudes corresponde a las teologales.
Las virtudes teologales se refieren directamente a Dios. Dispone a los séres humanos a vivir en relación con el Supremo Bien. Las virtudes teologales fundan, animan y caracterizan el obrar moral de las personas. Informan y vivifican todas las virtudes. Son infundidas por Dios en el alma para hacer hombres capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna que todo humano quisiera.
FE. No creo estar equivocado al asegurar que en la subconciencia del pueblo existe el sentimiento que por delante, a los lados, por detrás y sobre toda persona hay un algo que hace maravillas al que comunmente hemos llamado Dios. Por fe en Dios el sér humano ha actuado en grande; por esa percepción los pueblos siguen doblando sus rodillas en señal de humillación y siguen cantanto hosannas en señal de victoria. Genera pues, la fe, una energía, y aunque de la fe copiosamente se ha dicho y escrito, con este breve segmento queda demostrado, cómo ella es una virtud teologal. El justo por la fe vivirá (Romanos 1:17). Teniendo fe positivamente, ésta indudablemente echa sus ramas porque la fe sin obras es muerta (Gálatas 5:6).
ESPERANZA. Si la fe es la convicción de la existencia de un Dios que no se ve; la esperanza es la certeza de lo que se espera de lo que no se ve; la seguridad de un cambio en nuestra vida o de un galardón, y esa esperanza propulsa a otros hechos. El agricultor que siembra un grano de maíz, tiene la esperanza de cosechar una mazorca; el que siembra una mazorca, tiene la esperanza de cosechar muchas libras de granos. La esperanza es certeza, seguridad de obtener lo deseado por lo que uno hace, y nadie puede afirmar que hace algo sin esperar. "La esperanza no llena pero mantiene". Ya que esta virtud nos liga con la Fuerza Creativa procedo a hablarles de Abraham: "Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia" (Romanos 4:18). ¡Tantas cosas que esperamos bajo el cielo y en él!
CARIDAD. A la vista del eterno Señor, caridad es amor festivo o amor es caridad alegre como una manifestación de amor fraternal popular en la iglesia del primer siglo (Judas 12). En algunos pasajes del Nuevo Testamento en Latín donde aflora el amor mantienen: "caritaten y caritas" por amor y caridad, como predominante se exhibe en 1 Corintios 13:1-13 que concluye manifestando las tres virtudes teologales: Fe, esperanza y amor. Es una caridad que festeja a Dios porque se le rinde alabanza y es un amor alegre que alegra a nuestros semejantes porque suple sus necesidades. Los organismos seglares han empleado caridad al levantar institución tras institución de limosna con sus nombres que limosna infieren. Inspirado en esos estudios y ejemplos me persuado que caridad es socorrer con amor al desdichado.
De la vista de una alma no se escapan los grandes sufrimientos de otros entre sus semejantes. Los sistemas de gobierno de otros tiempos y de hoy han creado una sociedad abismalmente desigual con reinos y glorias unos, y otros en abyecta condición. Un huerfanito hambriento, desfigurado de nacimiento durmiendo a la interperie en predios públicos. Una mujer impotente ante la pobreza yendo con el pregón: ¡una limosnita por el amor a Dios! Siendo el hijo de Dios extremadamente sensible ante los infortunios, éste es movido a dar auxilio al que de hambre y frío llora o al que de sed y calor agoniza. ¡Caridad! Por la caridad se distinguen los altruistas y filántropos. Éstos son los inventores que de un día para otro se enriquecen con su invento o son los que se hallaron minas de oro en la sociedad y no quisieron crear un monopolio. ¿Cómo sabemos que los reinos y gloria no eran de Satanás si los reinos y gloria ofreció a Jesucristo? (Mateo 4:8,9).
De aquí en adelante doy mis razonaminetos en las virtudes cualificativas del indivíduo en particular. Éstas virtudes describen el carácter individual y el lector u oyente podrá identificarse con ellas; aunque verdad es: más vale lo que otros opinen de nosotros que ponderarnos nosotros mismos. Antes de entrar en detalle les recuerdo que he razonado de cuatro virtudes cardinales y de tres virtudes teologales, y ahora escribo de cinco virtudes cualificativas y si alguno encontrare otras, puede añadirlas como complemento de la lección. Ahora permítame seguir.
MISERICORDIA. Esencialmente la misericordia es un atributo del Creador y ampliamente escribiría de ella si no hubiera escogido al hombre como poseedor de esas virtudes. Al poner las virtudes bajo la lupa las encontramos como dádivas instintivas, innatas en las criaturas capaces de razonar. Dios es padre y rico en misericordia, y siendo hijo el linaje humano, hereda esos sentimientos nobles en su vida (1 Corintios 1:3; Efesios 2:4), mas en la educación las virtudes hay que levantarlas porque el hombre no puede actuar bien sin saber lo que está haciendo. La fuente de toda virtud es el conocimiento de ella aunque instintivamente la haya sentido.
Ha quedado comprobado que algunos sufrimientos y miserias son por culpa del ser humano mismo, y los sufrimientos y miserias es su merecido. Compadecerse, tener piedad de ellos, perdonarles, y sobre el perdón ayudarles a superarse, son obra motivadas por un poder: La misericordia, y de ella quizá haya una gran necesidad en los cerebros y corazones del mundo. "Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso (Lucas 6:36).
PACIENCIA. Esta virtud por Dios ha sido transferida a seres humanos de toda raza. Han sido hombres que los hechos groseros de otros nos les provocó a protestar ni a venganzas. Sin ilustres gobernantes de paciencia en el mundo, ésta Tierra hubiera pasado ya por las llamas nucleares y Dios no ha permitido el derrame de los arsenales atómicos que el hombre tiene. Y si los tiene, ¡hombre! ¿para qué los quiere? Dios es paciente con los hombres (2 Pedro 3:9) y ellos pacientes con sus homólogos. Cristo mismo bajó de glorias inmarcesibles y pasó por el vientre de una mujer donde esperó con paciencia hasta el día de su nacimiento. Después con paciencia esperó crecer hasta el día de su bautismo. Crecido, fue rechazado con violencia, fue a la cruz y no abrió su boca en señal de queja o protesta. Esa es paciencia. Paciencia es el poder de sufrir con fortaleza, sin murmuraciones y con resistencia los males como el afán, el dolor, la pobreza, los insultos, opresiones, etc. y es la virtud que quizá el hombre nunca llega a alcanzar en su plenitud. Ten paciencia sobre todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo: la paciencia tiene más poder que la fuerza, es amarga pero sus frutos dulces.
¿Cuántos males llegan en la vida? ¿Cómo se pueden soportar tantos males sin quejarse ni murmurar? Vamos en la vida entre abrojos y espinos viendo a otros que marchan en anchas alamedas de éxito. Nos azotan enfermedades y llueven los cobros, la pobreza, el desempleo, los hombres malos; y todo, hay que aguantarlo. La redención y la felicidad inmarcesible quizá lejos de nosotros está, pero la esperamos seguros que llegará. Soportar todo sin renegar se puede, se puede si uno se llena de paciencia.
HUMILDAD. Reconocer nuestra insignificancia, incapacidad de perfección, ignorante ante la ciencia, pobres ante la riqueza, feos ante la belleza. Libres del orgullo y arrogancia, libres del desafío soberbio extravagante y de vanagloria. En todas las cosas que un indivíduo trata de hacer, hay unas que las hace mal porque el hacer y la imperfección son hermanas. Admitir con nobleza los defectos, errores y delitos es humildad, y éstos bienhechores hay muchos diseminados en la Tierra.
La humildad a la que se refiere la Biblia es señal de fuerza espiritual y por esa fuerza hay momentos que uno decide ceder sus derechos a otro. El himilde es aquella persona sencilla que no se siente amenazada por nadie y que no tiene que andar luchando contra las personas por sus derechos. La humildad bíblica es lo opuesto a la soberbia, a la arrogancia, a la vanagloria, a la extravagancia y todas éstas son fruto del orgullo. La persona orgullosa cree que siempre tiene la razón y los demás equivocados. ¿Cómo podemos desalojar del corazón al orgullo y alojar la humildad? "Humillaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo (1 Pedro 5:6) ¡Qué paradoja! ¿Exaltados, después de humillados?
MODESTIA. Persisto en la universalización de las ideas. Desde que Adán y Eva abrieron sus ojos para verse desnudos, recíprocamente en dos, habían visto la Humanidad entera en desnudez, y Dios para cubrir la inmoralidad procedió a hacerles túnicas para vestirles (Génesis 3:21). Si túnicas (la vestimenta que Dios dio) emplearan en todas las culturas del orbe, ciertamente las palabras decoro, pudor y modestia no hubieran salido a luz en los diccionarios del mundo.
No es modesta la ropa que revela o enfatiza ciertas partes del cuerpo o induce a la mirada lasciva del hombre (Mateo 5:28). Le falta vergüenza a la mujer vestida para atraerse el interés sexual o lascivo (Galatas 5:19). Por tanto la ropa no debe ser muy corta, ni muy apretada ni transparente. Para juzgar bien la falda, la mujer debe sentarse en la silla frente a un espejo y mirarse como los demás quiere que la miren. La cristiana no debe ser una ridícula ni una "enseñalotodo" por seguir las modas del mundo. No debe vestir para incitar las miradas. La exhibición de una parte del cuerpo en la mujer, es señal de debilidad y miedo, porque demuestra que no puede atraer a un hombre, si no fuera por su atracción física. Los eruditos en el idioma Griego dicen que "sufrosunes" es "modestia" y significa sobrio, sano y dominio propio. Al vestir la mujer debe mostrar, pues, que no está ebria, loca y que puede restringir su vestuario.
En la metamorfosis del lenguaje, modestia ha llegado a significar, el evitar pensar orgullosamente de uno mismo. El primer paso de modestia que conduce a la sabiduría consiste en saber que hemos nacido mortalmente ignorantes, y si no queremos ser tenidos por necios o pedantes según el juicio de los demás, hemos de desechar la insensatez de ser sabios en nuestra propia opinión.
CASTIDAD. Legítimamente en el pasado, algunos abolieron en sus vidas todos los apetitos sexuales para dedicar sus vidas completamente al servicio de Dios y a las almas. Otros, entre en la población global nacieron sin ésos fenómenos que torturan la carne, y murieron sin experimentar ni tan si quiera un acto concupiscente o sexual. Éstos vinieron al mundo con la virtud de la castidad y por naturaleza son dominados, pues ni pasiones sensuales tienen. Los fieles al Señor se abstienen de esas relaciones por la virtud de la templanza, por separación matrimonial o por viuedez y no porque no sientan la agresión de la lujuria. A ese estado de abstención llaman pureza, razón por la cual se dice: que las ancianas sean castas y mujeres de conducta casta y repetuosa (Tito 2:5; 1 Pedro 3:2).
Las dos últimas virtudes, la modestia y la castidad por el Espíritu Santo han sido dedicadas al sexo débil.
Un vistazo a Exodo 18:21 advierte que varones de virtud gobernarían al pueblo de Israel como sucedió en años posteriores al desierto. En cumplimiento del consejo de Jestro a Moisés se escribe el poema a la mujer virtuosa que a simple vista se nota que ella no es un personaje común, sino una representación colectiva, y no pudo ser otra, sino la iglesia del Señor Jesucristo (Proverbios 31:10-31). Los macedonios quienes nos han servido de ilustración en el ofrendar, tenían enclavada la iglesia de los filipenses a quienes se les dice que piensen en cosas que tienen virtud (Filipenses 4:8). Luego aparece el apóstol Pedro afirmando que Cristo Jesús tuvo virtudes y que, a la fe que en él tenemos hay que añadirle esa potencia (1 Pedro 2:9; 2 Pedro 1:5). En lo mínimo hemos de agregar a nuestra fe: Sabiduría, justicia, fortaleza, templanza, esperanza, caridad, misericordia, paciencia, humildad, modestia y castidad.
Armando Mejía G. megonar1@hotmail.com
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