|
Comenzando con los sabios sumerios de Babilonia, Grecia e Israel hasta los educadores del presente, hemos diseminado por el mundo las letras, pero nuestros pueblos segmentados en clases sociales no han querido leer lo bueno, excepto usted quien en sus manos tiene el periódico “El Pueblo De Dios”.
La facultad de leer tiene origen divino porque La primera Causa de todo lo que existe es Fuerza Inteligente que se ha distribuido asentándose en todas las mentes de la humanidad. Un teólogo sin tacha, inmerso en el Espíritu que milagrosamente dirige, divinizando la lectura dice: “Bienaventurado el que lee” (Apocalipsis 1:3). Entonces, pues, el Ser Divino quiere que usted lea.
La (patente) o derechos reservados de las primeras letras, del primer discurso legislativo a Dios pertenecen. ¿No es verdad que cuando en el mundo no existían sistemas educativos la Fuerza Creativa escribió en tablas de piedra? Éxodo 31:18; 32:16). Escritos fueron los cinco libros de la ley bíblica para ser leídos como posteriormente de ese modo aconteció. Los siglos pasaron y se llega el momento que de las entrañas de la nación hebrea nace la iglesia grecizada para globalizarla como para heredar su camino literario y darle una nueva liturgia. Ella entonces, por inferencia debería instituir escuelas parvularias, primarias, secundarias, bachilleratos y facultades de estudios superiores que incluyan todas las técnicas y ciencias que con el tiempo aparecerían como aparecieron, pero hoy en manos profanas.
En letras va la verdad que rompe cadenas de muchas esclavitudes en las cuales cae el hombre; pero el hombre ha preferido los yugos de distintas fuerzas esclavistas y de explotación. En letras va el remedio para la cura de muchos males sociales; pero eso de leer les adormece y les parece mejor seguir con la dolencia encima de la mente y el alma; pero no así usted que lee para edificarse.
Más dulce que toda especie de dulzura es nuestro mensaje; y el pueblo sin leerlo lo presiente insípido y hasta amargo, ardiente como sal y alcohol en la llaga. Llevan nuestras letras un chispeante discurso irrefutable y con ellas vibrarían almas y corazones si las leyeran; y el pueblo indolente duerme al arrullo de cancioncita de cuna. Es nuestra escritura suave como la brisa; y los hombres la bloquean con muros de prejuicio para que no llegue a las masas. Nuestros artículos llevan suaves manjares y deliciosos néctares, y muchos seres humanos no asisten a los banquetes que gratuitamente les ofrecemos. ¡Miedo! ¿Miedo a qué? Miedo a que conozcan la verdad; la verdad mueve conciencias y exige cambios; los hombres y mujeres aunque estén mal no quieren cambiar y prefieren no saber nada para seguir tranquilos aunque en tinieblas. ¡No quieren ser bienaventurados! Las letras son sabiduría y hacen sabiduría. En las lejanías del tiempo un hombre especial escogido por Dios dijo: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”. Doloroso es saber que nuestros conciudadanos desechan el conocimiento libertador, medicinal, dulce, suave y nutritivo. Gracias a usted quien fomenta la lectura del rotativo: “El Pueblo De Dios”.
Armando Mejía G. megonar1@hotmail.com
|