Armando
Mejía G.

Lo que esta claro

LO QUE ESTÁ CLARO NO NECESITA ANTEOJOS
Proverbios 15:21

         He querido mandar mis letras para que sean como corrientes de aguas dulces al alma sedienta. Mis letras he hecho de blanca azucar y las he bañado con doradas mieles del colmenar celeste. Ustedes deberían probarlas. Para ustedes van mis signos como un sermón clemente del Dios eterno o como grata música de elegancia descendiendo de las estrellas. Ustedes deberían oír. Son mis frases una agresión de la brisa, es un derrame de rocío. Es un asedio de pétalos de rosas, es un ataque de burbujas. Usted debería sentirlo. Deseando ser de indescriptible afabilidad llevando a ustedes las más finas y delicadas fragancias de la tierra, entré a escribir; pero sucedió que fui inmerso en manantiales de la verdad y con verdad estoy aromatizado.

           ¿Cuántos han habido en el mundo, que con la verdad se han tornado repulsivos, asquerosos puercos en la tertulia o cucarachas detestables en la mesa? Perdóneme amigo (en caso que su conciencia le diga que no soy su hermano), pero hediondo o aromático he llegado para agradarle, y no quisiera en ningún instante incomodarlo. Hablo para usted y los que han de venir después de nuestra muerte.

           Con pruebas indubitables a granel en las Sagradas Escrituras dejé claro  en mi conferencia pasada, que se dijo “congregación” únicamente cuando innumerables multitudes humanas se tuvo en mente. Defiendo, entonces, que el término “congregación” lo han acomodado en nuestro medio para justificar la segmentación de la iglesia en una ciudad, segmentación que no debería existir, y que al usarla de ese modo acomodaticio es un atropello a cualquier diccionario, sea Español o Inglés.  Del Inglés nos ha llegado la desviación.

           Habiendo concebido la iglesia en la sociedad griega, ésta milagrosamente vino a surgir de la matriz de una congregación de esparcidos de Israel (Hechos 2:5-12), dando a entender que la congregación es madre de la iglesia, y no hay campo ni es posible que la iglesia dé a luz congregacioncitas. Aquellos creyentes estaban juntos y perseveraban cada día en el templo capacitado para grandes multitudes, si bien entiendo Hechos 2:44, 46. El templo era el centro de operaciones de los primeros cristianos como para servir de ejemplo a la iglesia de cada ciudad en el mundo. Cabe en este punto consultar con los téologos y exégetas de universidades, o con maestros de escuelas de predicación, o con conferencistas encumbrados, o con misioneros del mundo, o con ministros de iglesia, o con ordinarios miembros de la iglesia campesina. ¿Cuántas congregaciones tuvo la iglesia de Cristo en Jerusalén? (¡Ninguna!) Sin olvidar que existía una iglesia de Cristo en Antioquía, una en Corinto, una en Efeso, una en Filipos, una en Tesalónica, una en Esmirna, una en Pérgamo, una en Tiatira, una en Sardis, una en Filadelfia y una en Laodicea. ¿Estuviéron aquellas iglesias fragmentadas en congregaciones? No. No pudo darse aquel fenómeno, porque es inconcebible que lo más pequeño en la ciudad (la iglesia) produzca algo tan grande como lo es la congregación que la Biblia cristalinamente presenta (Éxodo 12:6; Hechos 15:30; Hebreos 12:23).

           Aquí en Jerusalén está una iglesia de tierna edad (Hechos 2:47), allí en el pórtico de Salomón en el templo, está una iglesia horrorizada sepultando a Ananías y a Safira (Hechos 5:11, 12), allá va una iglesia perseguida por el genocida Saulo de Tarso (Hechos 8:3), en la misma Jerusalén está la presencia de una iglesia que ora fervientemento por Pedro (Hechos 12:5). Para justificar la fragmentación de la iglesia en una ciudad, ¿en qué se apoyan, o con qué autoridad lo hacen?  Hoy miremos la interrelación de dos iglesias, una en Antioquía de Siria y la otra en Jerusalén (Hechos 11:22, 26; Hechos 15:3,4,22,30). Para no maltratarles la mente, corazón y conciencia, en mi insistencia voy a cambiar mi terminología: ¿Cuántas iglesias “locales” tuvo la iglesia en Jerusalén? ¡Cero! Local es otro vocablo que en el fraccionamiento de una iglesia de ciudad, sin enterarse han acomodado en este tiempo. La noble hermandad suelta su lengua hablando eufórica de eventos a nivel “congregacional” donde cada “iglesia local” a voluntad ha de participar con lo que pueda. Por local piensan en un número de casa, en el nombre de una arteria vial y en la zona de la ciudad. Una vez más en el intento restaurador formulo la interrogante: ¿Hubo iglesias locales en Jerusalén y Antioquía? ¿Qué diera y qué hiciera para obtener una respuesta?

           Les he dado luz, y no me han despreciado; les dí dulzura, y he recibido una acogida; les dije un sermón clemente, y lo han oído con satisfacción; les ataqué con espumas, y han sido humildes; con delicada fragancia de la verdad les froté y perfumados quedan. ¡Viva la unidad de una iglesia en cada ciudad! Lo que está claro no necesita lentes.


Armando Mejía G.
megonar1@hotmail.com
 



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