Armando
Mejía G.

Poder

  Al hablar del “Pueblo de Dios” reducido en periódico hago referencia al que desde Pecos, Texas se distribuye entre un amplio sector de justos y piadosos latinoamericanos. PODER. Hay una fuerza inteligente que en el silencio de días y noches puede inyectar hierro, calcio y fósforo en los finos pelos absorbentes de las raíces para hacer flores, frutos y por ende vida animada e inteligente. De aquella Potencia inteligente aplicada a los pelos absorbentes del rizal viene la harina con sus delicias en las cosas de horno, los jugos del frutal, las mieles del colmenar y la azucar del cañaveral, para no lanzarme más en lo profundo de sus PODERES.  Ese atributo descrito, viéndolo bien afirma, que el Creador es vida, dulce y bueno; dulzura, bondad e inteligencia transferidas limitadamente al ser humano.
 
  PODER. Han tenido poder los reyes de la tierra, entre los cuales no ha existido otro en la historia de la humanidad como el imperialismo iniciado por Augusto César en la Roma de otrora. Las fuerzas imperiales solían salir por el mundo en guerras de conquista, saqueando con fuerza bruta o con astucia a los pueblos sometidos, para dar después fulgor con riquezas del pillaje al emperador, a la ciudad imperial o a su progenie racial. A esos PODERES se ligar el poder legislativo y el poder ejecutivo que injustamente sobreviven hasta en estos tiempos.

  PODER. En las sociedades de todos los tiempos y continentes es admitido que la mujer tiene poder. Ella con sus encantos femeniles cautiva (y si cautividad no es sometimiento díganme ustedes qué es), embruja, conquista y virtud tiene de dominar. Se eleva cuando le llaman reina y se vuelve vanidosa cuando le dicen que la adoran como a una diosa. ¿No es súbdito el que adora y grandísimo lo adorado?
¿Y quién no sabe que el licor tiene PODER? Al efecto de las copas los hombres más débiles se sienten fuertes y hablan vanidades con aires de grandeza, hacen muecas faciales y brincan como locas al son de ritmos infernales, hasta que él o ella quedad destruidos en el cansancio y en la miseria.
En esta línea está la verdad constatada. La verdad libera o condena y ella siempre triunfante marcha hacia el progreso, porque pensándolo bien, el hombre siempre está en lo contrario, a saber: Lo engañoso es lo contrario a lo verdadero, como lo enfermo es lo opuesto a lo enfermo, lo bello lo opuesto a lo feo, lo malo a lo bueno, lo oscuro a la luz y de ese modo puede invertirse la idea: De la verdad a lo contrario que es lo falso, de lo sano a lo enfermo, de lo bello a lo feo, de lo bueno a lo malo, de la luz a las tinieblas, “y los hombres amaron más las tinieblas porque sus obras eran malas.
Hubo un tiempo involuntariamente engañada creía que la tierra era plana y sin movimiento alguno. Vino a la vida un hombre de nombre Galileo Galilei y otros quienes constataron la verdad que la tierra es redonda y se mueve, y desde entonces se dejó lo engañoso y se adoptó lo verdadero. La Verdad tiene PODER.
Lee pues al Pueblo de Dios (El Cuarto Poder) reducido en periódico.


Armando Mejía G.
megonar1@hotmail.com
 



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