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¿SEMINARIOS ENTRE EL VERDADERO Y REAL SACERDOCIO?
El catolicismo romano, los judíos y esferas protestantes tienen sus establecimientos permanentes llamados seminarios. El mundo académico y la iglesia de Cristo tiene sus seminarios efímeros. ¿Qué diferencia hay entre seminario permanente y seminario efímero?
Es un placer poner en el estrado de los grandes a hermanos administradores de la gracia de Dios (1 Pedro 4:10), quienes incansablemente de todo corazón procuran grandes mejoras para el genuino real sacerdocio neotestamentario, al proyectar eventos y llevarlos a cabo en fechas y áreas determinadas. Son estos siervos del bien, verdaderos guías que conducen almas a predios de aguas dulces y a verdes pastizales, donde el solidario abrazo de hermanos hace que almas puras sientan el electrizante poder del compañerismo y el amor.
No se puede poner en tela de juicio sus santas intenciones. No se debe subestimar el don de organización que por gracia de Dios en ellos es refulgente, al analizar otros sus obras. Pero sabido es el aforismos donde la actuación y la imperfección del ser humano coexisten que es: "El que algo hace en algo yerra". Reconocer el yerro es admitir no ser omniscio. La admisión de los yerros es marca de una santísima humildad; ya que la verdad, con la fuerza de su misma verdad, en todos los campos y en todas las direcciones, después de recorrer intrincados caminos y evadir atolladeros, admitamos o no, ella siempre sale a flote con la antorcha del triunfo en alto sin haber perdido el sabor del amor.
Las concentraciones organizadas las diseñan con finalidades diferentes y el motivo les sugiere el nombre de ellas. Entre las concentraciones están las llamadas campañas, confraternidades, conferencias, lectorías, simposios, foros, encuentros, seminarios, etc. De las reuniones aquí citadas, la llamada "SEMINARIO" por su significado histórico, es la única que no tiene coherencia con lo que en ella se practica.
Los eruditos en la Filología y la Semántica nos dicen que un seminario literal es la porción de un terreno sembrado de retoños o vástagos los que, cuidados por el horticultor llegan a ser plantas para después ser trasplantadas; o es lo que lacónicamente se conoce como: semillero, almáciga y sementera. Un ejemplo en este asunto es el diccionario etimológico de la ciudad y universidad de Oxford, Inglaterra, que cita este fragmento del año 1658 que a la letra dice: "Así que sacando del seminario árboles injertados, usted los trasplantará en los viveros". No obstante, en el enriquecimiento de los lenguajes, cosas literales a simple vista conocidos por el hombre, más de una vez se han usado en sentido figurado, toda vez que lo figurado irradie parentesco con lo concreto o literal. De esta manera algunos centros educativos para estudios especializados han sido llamados: "SEMINARIOS", yendo a la delantera instituciones religiosas, donde injertan en el alma de los colegiales, entre otras cosas, ramas dogmáticas para que las sutenten y las diseminen. De esas almácigas salen los clérigos del romanismo y los reverendos del protestantismo.
El término "seminario" como lo conocen los británicos y los estadounidenses, de quiene algunos de nuestros hermanos con talento administrativo han tomado ejemplo, primeramente llegó de la invención alemana, particularmente de la célebre universidad de Halle, donde en 1696 August Hermann fundó el "Seminario Praeceptorum" para la formación de maestros. Los norteamericanos suprimiendo la "y" griega de "seminary" de los alemanes (seminar), la adoptaron por los letrados que con títulos académicos volvían de Alemania, como lo fue el historiador Charles Kendall Adams, quien en el año de 1869, en Ann Arbor, Michigan, le dio inicio. ¡Alemania, tierra prometida de Adolfo Hitler, quien tan sólo recuerda crímenes de guerra y exterminio! Contrario a Miqueas quien dice que de Sion y de Jerusalén saldrían la ley y la Palabra de Jehová, tal como ya sucedió (Miqueas 4:2). Además, nuestro Español y Escritura Sagrada abundan en términos que se pueden emplear para nombrar sesiones de estudio.
Así avanza lo que literalmente fue un seminario sano, hacia una forma figurativa espuria hasta alcanzar la altura de tan solamente especialistas en una u otra materia, pero que los lexicólogos anglosajones le han encontrado campo para sus cátedras. De ese modo, un grupo selecto de académicos asociados para la exploración de orígenes y nuevas cosas, bajo la dirección de un supervisor fue llamado: "SEMINAR", llegando a ser un término aparentemente nuevo y de baja calidad entre las autoridades de la lengua hispana, ya que nuestros prestigiados diccionarios donde se conserva la pureza de nuestro lenguaje, "seminar" no ha encontrado espacio para que su traducción sea incluida. "Seminary, sí; seminar( ) no".
Todo aquel quien por la mano de Dios fue incorporado al reino del Príncipe de Paz (Colosenses 1:13) se deja guiar por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo exhorta a que aprendamos a no pensar más de lo que está escrito, y añade lo imperativo de su irrefutable voz diciendo: "Si alguno habla, hable conforme a la palabra de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da (1 Corintios 4:6; 1 de Pedro 4:11).
¿Cómo, pues, llegó ese vocablo a la liturgia de la santa iglesia hispanoparlante? Explico: En una vieja ciudad tejana donde habían injertado ese nombre para una actividad de carácter internacional, la respuesta fue: "Nos llegó de las iglesias de Cristo angloamericanas". Recientemente a un destacado administrador de una ciudad del lejano sur californiano, con una elegante sonrisa contestó: "Vimos que los bautistas los hacen con éxitos, y decidimos nosotros hacerlos también". Mucho más cerca en espacio y tiempo, en la periferia angelina (en Los Ángles yo vivía), un pionero de la cristiandad legítima, en conversación informal dijo: "Instituciones comerciales y profesionales hacen seminarios...;" y ahí el interlocutor hizo una pausa, pausa que en el abismo se pierde sin llegar al punto de por qué la admisión. Al responder en la ciudad tejana, insinúan anglomanía. De esa anglomanía nos hemos afectado todos. En el lejano sur californiano aceptan como buena la creatividad denominacionalista. En Los Ángeles nada malo vio en usar nombre que corporaciones seglares usan, para denominar actividades especiales del verdadero pueblo adquirido por Dios. Las prácticas de asociaciones seculares, los metodos del protestantismo y sistemas de las iglesias anglosajonas, no siempre son perfecto ejemplo para imitarles en todo. No olvidando, que cuando un error ha profundizado sus raíces no parece error y es difícil erradicarlo, pero no imposible. Es por eso que, cuando se practica algo que en la Biblia es desconocido (seminario) y que como cosa nueva se introduce en la iglesia, no se peca en examinar todas las partes de lo novísimo introducido para encontrarle coherencia o incoherencia con las cosas sagradas (Hechos 17:11; 1 Tesalonocenses 5:21).
Entre los seminarios de los académicos y los seminarios que la hermandad hace, existe una bien marcada diferencia. Los académicos profudizan en sus investigaciones, hacen ensayos e intercambian sus nuevos descubrimientos para el cultivo del saber general. Los que hace el discipulado de Jesucristo, lejos de ser para un grupo selecto, son de carácter popular, donde la ingenuidad infantil, la juvenil y la senil plasman un ambiente festivo, no queriendo conocer otra cosa, sino a Cristo, y a éste crucificado. En los seminarios de orígen alemán, técnicos u otros con estudios especializados, cada uno en particular hace sus propias investigaciones y ensayos. Entre los seminarios que entre nosotros tratan de diseminar, los concurrentes en vez de aplicar sus mentes al descubrimiento de nuevas cosas, plácidamente actúan como penitentes ante un altar, escuchan sermones y se deleitan en la participación conjunta de majares que por gracia de Dios se ponen en despliegue para los concurrentes.
Seminario no es palabra castiza para usarse como sinónimo de fiesta solemne, ni es sinónomo de fieles asociados para recibir un cursillo. Un curso o cursillo es una alternativa. Dirigir bien a todo el discipulado de Cristo, delante de Dios, es obligación del buen ministro, y abrigo la esperanza de que Dios como fuente de toda verdad ha de librarme de la doctrina del aforismo del mundo que dice: "Quien dice la verdad pierde la amistad". Les aprecio hermanos.
Mientra yo viva, viviré para servir. 601 Oxford Pk., Garland, TX 75043 EE.UU. Tel. 972-698-0246 ó 972-681-7395 (Al morir todo esto desaparecerá)
Armando Mejía G. megonar1@hotmail.com
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