Armando
Mejía G.

Un nuevo amanecer

Proverbios 4:18

En la oración de la noche dijimos: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” y nos lanzamos al reposo, porque a la noche la hizo Dios para que hijos de mujer la duerman. Contentos y de buen humor deberíamos estar por la mañana por haber amanecido con vida. Mientras dormíamos nuestra Divina Excelencia mantuvo el latir del corazón, y después de un período en el descanso, nuestra Majestad en nuestra alcoba o dormitorio, nos vuelve la memoria para tener nosotros los inútiles, un minuto, una hora más, en UN NUEVO AMANECER que se extiende hasta el medio día.

Mi ilusión es que en el sermón sepan distinguir cada vínculo en la coyuntura oratórica y que les sirva de meditación en el diario vivir.


I. AL MISMO MINUTO DE DESPERTAR SOMOS RECIPIENTES.


La masa cerebral que apagada estaba, en un nuevo amanecer como que recibe otra vez el soplo de vida para regocijarnos en el vivir diario. Contempla uno a los seres que más ama, porque ésa es la consigna de la vida, amar a nuestra esposa, a nuestros hijos y a los padres de familia; hijos y padres, amar a nuestros semejantes. En un segundo del despertar recibe el cerebro la facultad de pensar. ¿Qué hago? Piensa. Las necesidades de nuestra existencia y los deberes que tenemos nos impulsan a levantarnos. Recibiendo el soplo de vida y el pensamiento, seguimos siendo recipientes.

La masa cerebral que apagada estaba, en un nuevo amanecer como que recibe otra vez el soplo de vida para regocijarnos en el vivir diario. Contempla uno a los seres que más ama, porque ésa es la consigna de la vida, amar a nuestra esposa, a nuestros hijos y a los padres de familia; hijos y padres, amar a nuestros semejantes. En un segundo del despertar recibe el cerebro la facultad de pensar. ¿Qué hago? Piensa. Las necesidades de nuestra existencia y los deberes que tenemos nos impulsan a levantarnos. Recibiendo el soplo de vida y el pensamiento, seguimos siendo recipientes.

Nuestros ojos reciben la facultad de ver (que triste ha de ser no-vidente). Contempla nuestra vista en el horizonte un celaje azul y puro u observa un celaje con nubarrones y tormentas. Aprecia los árboles que por el viento se mueven, las aves que libres y felices vuelan y ve el ganado en el pastizal que de hierba se alimenta. Con incontables cosas que uno ve, la vida se divierte y se rejuvenece para ir con optimismo hasta el reposo de la noche.

Reciben nuestros oídos en un amanecer, licencia de escuchar. Escuchar el estrépito de la vida en su entorno y en todas las direcciones. El viento que al soplar zumba, el chasquido de turbinas y bocinas vehiculares, el martillar y serruchar del obrero, el pregón de vendedores que anuncian: “Carne fresca” y el otro que lleva: “Nuez fresca”, o el timbrazo de uno que vende un ataúd y una tumba, las tertulias del vecindario y las alegrías de los niños al jugar. Da gusto escuchar tantas cosas. Gracias infinitas a Dios que ya amaneció.

El olfato, que desde que recibió el soplo de vida ha estado funcionando, también al despertar en el alba, es un recipiente. Éste recibe el perfume del bosque y las flores del jardín adyacente, percibe los olores de manjares y de néctares en la cocina y rechaza todo lo que le es nocivo como el smog y la presencia de algo asqueroso. Esa es funsión de la nariz que suspira al despertar.

Recibe la boca diferentes habilidades. Primeramente recibe el derecho de expresar libremente lo que a primera luz el corazón siente y piensa. Le siguen los líquidos que bebe y los alimentos que come, y para gloria exquisita, le sigue el poderse besar recíprocamente con el ser que ama. Con ella estornudamos y con ella bostezamos al entrar en el cansancio.

Le sigue el tacto. Al estar desabrigados el sentido común o tacto nos avisa. Entoces al despuntar el día el cuerpo comienza a recibir. Para comenzar recibe el cuerpo una limpieza, un baño. Después, las diferentes vestimentas desde los paños menores hasta el sobretodo que nos protege del fríó y el sombrero que nos hace sombra. Y que no se le olvide el reloj y las joyas que adornan la carne. Al parecer la vida es sólo recibr, recibir, recibir en el momento de un nuevo amanecer.

He incluido los cinco sentidos que reciben, por lo cual hemos de dar infinitas gracias a nuestro Dios. Con expresión natural el rey David dijo: “Yo me acosté y dormí, Y desperté porque Jehová me sustentaba”. ¿Quién duda de ésa afirmación? (Salmos 3:5). Esto me hace seguir a otro enlace.


II. LA SENDA DE LOS JUSTOS ES COMO LA LUZ DE LA AURORA
(Proverbios 4:18).


En la madrugada, los colores de la aurora en el lejano horizonte, y por qué no decir en el oriente, han inspirado a profetas de Israel y a poetas de distintas regiones del mundo. Si la geografía de la región es quebrada, de la aurora se notan en las montañas sus rayos dorados que para el cielo vertiginosamente se disparan como soplando y apagando la luz de los luceros. Si la geografía es de planicie en el más allá, se nota el resplandor como incendio que consume la tierra. Con la aurora llega el dulce y alegre cantar de los pájaros y el cacareo de las aves domésticas en el corral. Es la aurora como una mensajera, no es ella la luz, pero anuncia que después de ella viene una luz superior que lexicólogos determinaron llamarlo: Sol. El sol hace que los pelos absorbentes de las raíces tomen las sales de la tierra y las transporten a las frutas convertidas en dulces jarabes y mieles. Sazona la frutas, les da forma y color y las suaviza para darlas, darlas a la raza humana. Todo se mueve, todo se alegra cuando llega a coronarse la luz como reina de las estrellas.

Así es la senda de los justos. Con sus obras lleva almas a las mansiones de Dios y alumbra a todos los que están en la casa para alabar a nuestro Dios (Mateo 5:15,16). La senda de los justos ilumina al que anda en tinieblas y lo convierte en lumbrera de la mañana. En vez de llevar aves cantando, lleva almas alabando a mi Creador eterno. Pero, sin fallar en mi predicado: Hay que ser justos dulces en la vida para ser como la luz de la aurora. A pesar de ser justos, los justos delante del Creador también sufren, como la verdad popular lo declara “Los ricos también lloran”.


III. AMANECERES DEL JUSTO JOB (Job 3:9 y 7:4).


Fue Job un agricultor y ganadero de marca. La provocación que le llega es satánica. Ha de verse primeramente cómo Satanás influenció a los jovenes hijos de Job. Hizo que los jovenes se enredaran en las bebidas bacanales. “Aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito (Job 1:13). En esa vida carnavalesca los jovenes se encuentran cuando en manos de los sabeos pierden los bueyes y las asnas. Después Satanás se torna en fuego y quema las ovejas y pastores. Seguidamente los caldeos se llevan los camellos. Los hijos, por estar en el placer no cuidaban el patrimonio de su padre. Por último Satanás se transforma en un viento recio que vuelca la casa matando a sus hijos bebedores de vino. Allí es cuando Job exclama: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá”. Después de aquellos relevantes sucesos a Job le viene la sarna e infiere a un amanecer. Del día de su nacimiento él dice: “Oscuréscanse las etrellas de su alba; Espere la luz, y no venga; Ni vea los párpados de la mañana”. Job ha perdido a su familia, su ganado y su salud y no encuentra en sus amigos ningún consuelo y dice: “Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba (Job 7:4). A los rayos del alba que hacia los cielos se disparan, Job llama: “parpados de la mañana” (Job 3:9). El grito de Job fue hasta que en la bebida perdió a sus hijos y su salud y se desconsuela pensando en que ya no va a poder tener familia. ¡Ay, que triste es morir abandonado en la soledad!.

Las sombras de la noche se aproximan y en ellas el tentador acechará cuando nuestros hijos festejen rodeados de cigarrillos, copas, botellas y doncellas. Unos gritan, bailan desenfrenados y se oyen aplausos atronadores, mientras Dios compadeciendose por ellos llora. De pronto en el salvajismo se desata una riña a puño cerrado y el famoso público se ha convertido en manejador de boxeadores en el rin. Es una diversión cavernaria como cuando los gladiadores se enfrentaban a las fieras felinas para divertir a los de la Roma Imperial. A la media noche, fuera de los antros del vicio y en silencio se escuchan unos disparos. Le siguen el ¡ay, ay, ay! de dolor. Ha caído mortalmente un hombre padre de familia. Sopló el frío de la muerte y ha apagado una vida. El difunto deja a una madre que lo llora y deja a una joven esposa que por él suspira. Los hijos del occiso en la inocencia juegan sin entender lo que el diablo les ha quitado.

A la hora del reposo la madre y la esposa no duermen la noche pensando en el futuro y por eso Job exclamó: ¿Cuándo me levantaré? Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba.

Cuando un padre en el mundo tiene hijos descarriados da vueltas y vueltas en su lecho pensando: ¿Dónde estará mi hijo o mi hija que tanto amo? ¿Lo habrán llevado a la cárcel? ¿Lo habrán herido y lo han llevado al hospital? ¿Está muerto y lo han llevado a la mogue? ¡Que pena el tener hijos en el mundo de lujurias! Las preocupaciones desvelan y maltratan el alma. ¡Ten misericordia, oh, Señor de nosotros¡ Dejando la penuria, optimista hoy sigo a Cristo mi Señor.


IV.- MANIFESTACIONE DE PODER EN UN AMANECER.


La congregación de los peregrinos israelitas ha llegado a las fronteras de la tierra prometida a ellos ya hace muchos años. ¡Tanto esperar! Una vez la prometió a Abrahán (Génesis 12:7). Van a Egipto y en cuatro cientos años se hacen nación en aquella tierra ajena. Salen a la libertad, y en tierra de nadie moran errantes por 40 años. Llegan a la frontera, a Jericó para tomar la tierra que parece un Paraíso. Tierra de ganadería, de colmenares, higuerales y viñedos. Mas para conquistarla hay que seguir la instrucción del mensajero de Dios.

La ciudad está herméticamente cerrada. Nadie sale ni nadie entra por miedo de los israelitas. El mensajero de Dios dice: Rodeará el pueblo los muros de la ciudad. El pueblo dará vuelta alredor de ella una vez por día durante siete días. En profundo silencio irán alrededor, primero el arca y los saceerdotes. Después los hombres armados y a la retaguardia el pueblo. Pero a los siete días se levantaron al despuntar el alba (aquí está el amanecer), y dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces; solamente ese día dieron vuelta alrededor de ella siete veces . Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad (Josué 6:15,16). Y el pueblo gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó (Josué 6:20). De ése modo van los israelitas conquistando la tierra prometida.

Si nosotros en nuestra religiosidad hemos de conquistar la ciudad prometida, hemos de seguir al pie de la letra la instrucción del mensajero de Dios. En aquel tiempo profetizado como un varón con la espada desenvainada, y en este tiempo como un Jesús obrero invitando a los cansados y abatidos.


V.- JESÚS HIZO USO DE ALBAS, AURORAS Y AMANECERES.


Sabe el Maestro por Excelencia cuantos amaneceres han existido en la vida desde que el mundo fue creado. Él se adjucó ser la luz del mundo. En Apocalipsis él también dijo ser la estrella resplandeciente de la mañana (Apocalipsis 22:16). Pedro dice: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones (2 Pedro 1:19).

Pone en alto lo que es al él resucitar en un amanecer. En un amanecer se derrumbaban los poderes de Satanás de retener a los humanos bajo la fría y oscura tumba sin esperanza de resurrección. “Pasando el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Viendo a las mujeres dijo el ángel: “No temáis vosotras; porque yo sé que buscais a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí”. No está aquí me inspira a gritar abiertamente que Jesús no está en Jerusalén, no está en el templo jerosolimitano, no está en el pecebre, no está la cruz ni está en la tumba de José de Arimatea: “ved el lugar donde fue puesto el Señor” (Mateo 28:1-6). No hay nada.

Me impresiona aquel amanecer de resurrección el gran terremoto. Es un gran terremoto muy idéntico a su muerte. En su muerte el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros en aquel atardecer para que al amanecer del tercer día haya otro terremoto al resucitar. Los terremotos han sido parte de los prodigios de Dios. Tembló en Sinaí al recibir la ley Mosaica. Tiembla a la hora de su muerte, tiembla a la hora de su resurrección, hubo tremendo estruendo al nacer la iglesia y habrá horrible terremoto al finalizar este mundo. Para obtener las bendiciones prometidas yo les invito a ser fieles a Jesús que en un amanecer resucitó.


VI.- UN AMANECER DEL CRISTO SOLIDARIO
CON LAS NECESIDADES HUMANAS.


Me siento guiado por el pensamiento a guiarles al apego que el Señor tuvo a las necesidades físicas del ser humano. Los milagro se dieron cuando el reino de Israel estuvo unido y se predecía su derrumbe principiando con la división que tuvieron en aquel reino. Entonces a Elías se le dice: “Escóndete en el arrollo que está frente al Jordán”. De esa manera Elías hizo; pero tomen en cuenta que la clandestinidad duró quizá meses, quizá años. Luego el milagro: A Elías “los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde (1 Reyes 17:6). En otra escena, Elías huyendo de la endemoniada Jezabel, desconsolado quiere morise. Allí un ángel le prepara una torta cocida y una vasija de agua, come y recobra su energía (1 Reyes 19:5,6). Conocida es también la vez que Jesús alimentó a las multitudes en el evangelio de Juan 6:10-14.

Lo interesante del escenario que les narro es, que en éste episodio es después de resucitado y es al amanecer: “Cuando ya estaba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa y les dijo: ¿Tenéis algo de comer? Al descender ellos a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Y les dijo Jesús: Venid, comed. Vino pues Jesús, y tomó el pan y les dio, y así mismo del pescado (Juan 21:4-14) ¿Puéden concluir ustedes que el pan que comió Elía y el pan que comieron los discípulos fueron horneados por el mismo Dios quien se preocupa por las necesidades de sus obreros? Y no únicamente por sus obreros, sino que Isaías extiende la bendición a nuestros semejantes al decir: “Que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en tu casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano. Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto. Y si dieres pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu osccuridad será como el mediodía” (Isaías 58:7-10). Entonces nacerá tu luz como el alba. El alba que anunciando va, que el Sol viene. La lumbrera que anunciando va, que Jesucristo viene. Comiendo el pan de Elías y de los apóstoles, anunciáis la muerte de Cristo hasta que él venga (1 Corintios 11:26).

Con ardiente pasión les he demostrado cuántas cosas en los cinco sentidos recibimos en un amanecer. Vemos, oímos, respiramos, comemos y nos vestimos por la voluntad de nuestro Creador. Hice ver que la senda de los justos es una luz, y para el caso hay que ser justos frente y delante de nuestro Dios. Que los justos en prueba también tienen sus penurias al tener hijos que en la vida se desenfrenan y hacen que un justo pase largas noches en vela. Les decía que para la conquista de la ciudad prometida, la Nueva Jerusalén, hay que hacer exactamente como Dios ordena en las Sagradas Escrituras. Que Jesús fue un Cristo madrugador y que en albas nos trajo abundantes y eternas bendiciones. No queda más que decirles que la salvación de nuestras almas será en una mañana que no tiene tarde ni tiene noche.


Armando Mejía G.
megonar1@hotmail.com
 



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